El Atlántico traza su hoja de ruta al 2050 con $61 billones de inversión

El Atlántico ha comenzado a trazar de manera formal el mapa de su porvenir con la mirada puesta firmemente en el horizonte del año 2050. Tras un riguroso proceso que se ha prolongado a lo largo de un año entero de esfuerzo colectivo, la administración departamental ha dado a conocer los pormenores de lo que constituye el primer Plan de Ordenamiento Departamental en la historia de esta sección del país. Esta ambiciosa hoja de ruta no es el resultado exclusivo de una decisión de despacho, sino el fruto maduro de la concertación entre la Gobernación, las distintas alcaldías municipales, las comunidades locales, los gremios de la producción y la academia, articulados todos a través del Laboratorio de Innovación Territorial del Atlántico, conocido en el ámbito regional como el LITA.
Durante la presentación oficial de los resultados, llevada a cabo en un encuentro con los medios de comunicación en Barranquilla, la secretaria de Planeación del departamento, Cecilia Arango, subrayó la trascendencia de este instrumento de planificación de largo aliento. La funcionaria explicó con detenimiento que el propósito central de esta estrategia radica en fortalecer de manera sustancial las capacidades del territorio frente a los complejos retos que plantean el cambio climático y la dinámica demográfica de las próximas décadas. Se trata, en esencia, de blindar los recursos naturales del departamento y de lograr una conexión eficiente y armónica entre los veintitrés municipios que lo conforman, garantizando de este modo un desarrollo que sea al mismo tiempo equilibrado y sostenible para todos sus habitantes.
La secretaria enfatizó que este plan de ordenamiento representa una herramienta verdaderamente fundamental para encauzar el crecimiento del territorio y anticiparse a los desafíos futuros, señalando con claridad cuáles son las obras y las acciones prioritarias que se deben impulsar sin pausa. Uno de los aspectos más destacados de su intervención giró en torno a la imperiosa necesidad de intervenir, recuperar y reestructunar aquellos componentes del territorio que hoy en día se encuentran bajo graves niveles de vulnerabilidad. En este sentido, el documento pone el dedo en la llaga sobre los pasivos ambientales que amenazan la estabilidad regional, haciendo hincapié en problemáticas tan lacerantes como la erosión costera que devora las playas, la acelerada deforestación y las recurrentes crisis de sequía que azotan a diversas zonas.
El panorama descrito por la administración revela que existen municipios en el departamento que padecen una preocupante triple condición de vulnerabilidad ambiental, lo que obstaculiza de forma drástica cualquier intento de desarrollo ordenado. Ante esta realidad, el plan contempla medidas urgentes orientadas a rescatar el bosque seco tropical, un ecosistema que ha sufrido un profundo deterioro a consecuencia de la expansión urbanística desordenada, y para el cual se han diseñado esquemas rigurosos de compensación y restauración ecológica. Dado que la jerarquía jurídica de este plan se sitúa por encima de los planes ordinarios de desarrollo tanto a nivel departamental como municipal, la Gobernación ha estructurado un mecanismo técnico y legal destinado a asegurar que las propuestas no se queden en el papel.
La estrategia diseñada por la Secretaría de Planeación contempla que cada uno de los futuros planes de desarrollo incorpore de manera obligatoria los proyectos cardinales que contempla esta visión al 2050, convirtiendo esta inclusión casi en una garantía tangible de su ejecución y construcción material. Como parte de esta dinámica de gestión, se ha anunciado igualmente la participación activa de la administración departamental en el próximo Encuentro Regional Caribe convocado por el Gobierno Nacional, un espacio estratégico que se aprovechará para buscar la integración prioritaria de estas iniciativas dentro del Plan Nacional de Desarrollo que regirá el periodo comprendido entre 2026 y 2030.
Para hacer realidad esta visión de futuro, el Plan de Ordenamiento Departamental ha estructurado un paquete robusto compuesto por setenta y seis proyectos prioritarios, los cuales están respaldados por una inversión indicativa que asciende a la impresionante cifra de 61,2 billones de pesos. Este torrente de recursos económicos se encuentra distribuido de manera estratégica en tres grandes propósitos fundamentales para el porvenir del territorio. El primero de ellos, denominado Cuidar lo que nos sostiene, concentra veintiséis proyectos y una inversión de 6,5 billones de pesos enfocados prioritariamente en la gestión integral del preciado recurso hídrico, las obras de saneamiento básico, los sistemas de reúso del agua y la reconexión de los fragmentos de bosques secos que aún sobreviven.
El segundo gran propósito, bautizado como Sostenernos entre todos, agrupa veintiún proyectos con una asignación presupuestal de 41,1 billones de pesos, los cuales están destinados a robustecer la infraestructura de transporte regional, optimizar las vías para elevar la competitividad del sector agrícola y modernizar distritos de riego tan vitales como el del Embalse del Guájaro. Finalmente, el tercer gran propósito, concebido bajo el lema de Preparar la casa para lo que llega, contempla treinta y tres proyectos con una inversión de 13,6 billones de pesos, orientados a incentivar la generación de energías limpias, consolidar el desarrollo portuario, impulsar el sistema férreo de carga y dinamizar la ciencia, la tecnología y la innovación en el conjunto de las subregiones del departamento. En este momento, todo este andamio normativo y de planificación se encuentra surtiendo su trámite de estudio en el seno de la Asamblea Departamental, corporación que tendrá en sus manos la responsabilidad histórica de adoptarlo formalmente mediante ordenanza para que el Atlántico camine con paso firme hacia su cita con el año 2050.




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