El antídoto para combatir la corrupción en Colombia

Por: Halam Ambuila M.



En los últimos meses ha sido noticia de primera plana en medios de comunicación colombianos el proceso de elección presidencial, que se desarrollará el domingo 29 de mayo, en el que la ciudadanía tendrá la posibilidad de elegir 1 de los 8 aspirantes a ocupar la Casa de Nariño, o en su defecto el voto en blanco si está en desacuerdo con todos los candidatos. Según el artículo 40 de la Carta Magna "todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político", en pocas palabras, a elegir y ser elegido.


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Uno de los factores que ha permitido la corrupción en el territorio ha sido la abstención o baja participación del electorado en los sufragios tanto locales como nacionales, para el caso de la última jornada electoral del 13 de marzo (legislativo y consulta presidencial), según cifras oficiales, solo el 45,87 % de la población habilitada para votar, acudió a las urnas a ejercer su derecho constitucional aquel día, ello significa que más del 50% del censo electoral no quiso participar del sufragio anterior, una vez más dejando abierta la ventana para que un porcentaje de congresistas electos o reelegidos cometan actos en contravía de la ley y en perjuicio de los habitantes de la nación.


Aún es sorprendente que los principales ausentes en las votaciones sean los jóvenes, pues la sociedad cataloga a este grupo poblacional como los salvadores de la patria, los que tienen en sus manos un bolígrafo y un papel para elegir bien, y por ende, transformar la historia del país que ha sido duramente golpeado por la violencia y la politiquería desde los tiempos de la conquista a manos de los europeos, y hoy en día se viva una situación similar a la de hace 200 años o más. Es válido añadir la siguiente frase de un ilustrado líder asesinado vilmente como lo fue Jaime Garzón a este escrito: “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlo. ¡Nadie!”.


Es por ello que la invitación, más que a usar esa herramienta propia de los estados democráticos, es de informarse previamente acerca de los candidatos que pretenden tomar el timón de un barco difícilmente navegable y virado en dirección incorrecta a lo largo de los años, para acudir al cubículo de cartón, marcar una X en la foto del aspirante favorito(a), luego doblar y depositar el producto del uso de su herramienta en una caja, y posteriormente irse a casa a esperar los resultados de los comicios (siempre y cuando la entidad responsable de lo electoral no esté confabulada para favorecer a un(a) candidato(a) específico).


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Salga a votar, deje a un lado la pereza, los trabajadores legalmente podrán sacar tiempo para cumplirle a las futuras generaciones, cambie su lugar de votación si se encuentra residiendo en una ciudad diferente a la de origen, pero haga lo posible para llegar a la cita con su entorno, su país.