El alcalde como responsable de la seguridad en el Distrito
- Acta Diurna

- 13 abr
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Por: Rodolfo Pontón

Barranquilla vuelve a situar en el centro del debate público uno de sus mayores desafíos: la seguridad ciudadana. En medio de este panorama, la tasa de seguridad y convivencia se presenta como un instrumento clave, pero también como un foco de cuestionamientos.
Si bien la administración y recaudo de esta tasa corresponde a la Gobernación del Atlántico, no se puede desconocer una realidad fundamental: el principal responsable de la seguridad en el distrito es el alcalde. Es sobre su gestión donde recaen los resultados, las decisiones estratégicas y, sobre todo, la percepción de tranquilidad —o miedo— que viven los ciudadanos en las calles.
Durante años, Barranquilla ha recibido importantes recursos provenientes de esta tasa, cobrados mensualmente a través de los servicios públicos. Sin embargo, la pregunta sigue siendo inevitable: ¿se están traduciendo estos recursos en una mejora real de la seguridad?
La historia reciente demuestra que la inseguridad no es un fenómeno nuevo. Desde administraciones como la de Alex Char, se impulsó una narrativa de modernización y progreso que posicionó a la ciudad como ejemplo de transformación urbana. No obstante, en paralelo, la delincuencia ha evolucionado, adaptándose a nuevas condiciones sociales y económicas.
Hoy, el alcalde no solo enfrenta el reto de administrar recursos, sino de contener un fenómeno estructural: el crecimiento de economías ilegales, el aumento de la extorsión y la persistencia del robo como forma de subsistencia para algunos sectores.
En este contexto, la tasa de seguridad deja de ser un simple cobro para convertirse en un compromiso. Un compromiso que exige resultados visibles, estrategias claras y, sobre todo, transparencia en el uso de los recursos.
La ciudadanía ya no se conforma con discursos. Exige respuestas. Porque, al final, más allá de decretos, recaudos y cifras, la responsabilidad política y administrativa de garantizar la seguridad recae directamente sobre quien gobierna la ciudad. Y en Barranquilla, esa responsabilidad tiene un nombre: el alcalde Alejandro Char



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