"De Fajardo a Abelardo": todos comentan la rima, nadie lee la trama
- Acta Diurna

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Por: Dany Oviedo Marino

En el ajedrez político colombiano pocos movimientos resultan ser tan estratégicos y quirúrgicos como el que se ha gestado en enero en la hacienda El Ubérrimo. Mientras los analistas de superficie -que de estrategia no comprenden- se distraen con el liderazgo de Iván Cepeda en las encuestas, con el histrionismo mediático de Abelardo de la Espriella, o el potencial de Fajardo para una tercería de centro, Álvaro Uribe ha ejecutado una jugada maestra: la inserción de Paloma Valencia en la denominada "Gran Consulta".
A primera vista, el 2,3% que la encuesta del CNC y Cambio le otorga a la senadora Valencia podría parecer marginal frente al 15,5% de De la Espriella. Sin embargo, esa es una lectura lineal que ignora la naturaleza de la política en Colombia. La Gran Consulta se presenta hoy como un archipiélago de candidatos sin tierra firme: figuras como Vicky Dávila, Juan Manuel Galán o Juan Daniel Oviedo alcanzan a sumar entre todos un 13%, pero individualmente tienen cifras en las que ninguno supera el margen de error del estudio; por lo que resulta evidente que, si bien tienen mucho ego, carecen de una base de votación cautiva y orgánica que les brinde una oportunidad de ganar esa consulta. Son, en esencia, nombres con mucha opinión pero con muy pocos votantes reales.
Aquí es donde la estrategia del Centro Democrático (más bien de Uribe) brilla por su realismo político. Paloma Valencia no compite sola; participará con la garantía de tener detrás al único partido de la consulta que posee unos electores reales, de una lealtad feroz y con capacidad real de movilizarse lo que le asegurará una votación cautiva y en masa el 8 de marzo. Además, hay que tener en cuenta el trabajo obligado que deberán hacer los candidatos al Congreso, por su propio pellejo y para poder mostrar tributo al gran jefe del partido. Mientras que los demás precandidatos se canibalizan entre ellos buscando el favor del votante volátil de centro-derecha, el uribismo pondrá a funcionar una maquinaria que los avasallará.
El resultado es previsible: Valencia ganará de manera aplastante la consulta. No por ser la más popular en las encuestas, ni por tener las mejores propuestas, sino por ser la candidata del único partido con estructura y votos que participa en esa consulta: el Centro Democrático.
Pero esta jugada va más lejos. Legalmente, al aceptar participar en la Gran Consulta, candidatos como Dávila, Galán, Oviedo o Peñalosa quedarán políticamente encadenados a la ganadora como simples peones de trabajo. La disciplina del Centro Democrático convertirá a estos precandidatos perdedores en soldados de una causa liderada por Valencia, so pena de muerte política en esta contienda si deciden incumplir la ley y el pacto que han acordado.
El análisis estratégico muestra entonces que Iván Cepeda no las tiene todas consigo y que la izquierda tendrá que esforzarse mucho para ganar. En un escenario de segunda vuelta, la derecha podría consolidar el 13% de la Gran Consulta bajo el mando de Paloma Valencia sumado al 15,5% de Abelardo de la Espriella —quien representa una postura inclusive más visceral que la de Valencia, pero que es necesaria porque sus seguidores son los más acérrimos uribistas—. Así, esta alianza natural arrancaría una campaña unificada con una base sólida del 28,5%, empatando técnicamente con el 28,2% de Cepeda.
El lector ya habrá deducido que cualquier búsqueda de una opción de centro en estos momentos es perder el tiempo. Fajardo terminará gratuitamente en la derecha como es su costumbre y López tal vez llegue a la campaña de Cepeda (todos los demás son de un bando o del otro). El debate se volverá a decidir, como en las anteriores elecciones, entre derecha e izquierda.
La clave del triunfo residiría entonces en el 29,1% de indecisos que reporta la encuesta del CNC. Un choque electoral entre la izquierda de Cepeda y una coalición de derecha unificada en segunda vuelta (Valencia + De la Espriella) obligaría al electorado a elegir entre la continuidad del modelo actual o virar a una propuesta más radical. Con De la Espriella y Valencia (que fácilmente podría ser la candidata a vicepresidenta) liderando la derecha, el techo de Cepeda —que difícilmente supera el 45% en los careos— se convierte en su principal problema para ganar las elecciones. Por algo ya el candidato del Pacto ha empezado a decir en sus discursos públicos que el objetivo es ganar en primera vuelta.
Como puede verse, el expresidente muestra nuevamente su capacidad política y electoral: transformará un grupo de precandidatos perdedores y sin partidos en eficientes obreros de su causa política dentro de una plataforma que podría frenar en segunda vuelta el ímpetu que ha tomado la campaña de Cepeda y que inclusive podría imponerse en las urnas. Llegará junio y lo sabremos.
PD. Uribe lo dijo antes de empezar a mover las fichas y parece que nadie se ha dado cuenta: "De Fajardo a Abelardo". Todos comentaron la rima, pero nadie vislumbra la trama.







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