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Elecciones presidenciales: una conclusión obvia y una realidad profunda

Por: Dany Oviedo Marino



La publicación de la encuesta de Guarumo y Ecoanalítica este 24 de enero de 2026 deja una conclusión obvia y una realidad profunda. La conclusión obvia es el liderazgo consolidado de Iván Cepeda, quien parece haber capitalizado la unidad de la izquierda. Sin embargo, la realidad profunda —y la más preocupante para la salud democrática— es el vacío de representación que se observa en los careos de segunda vuelta.



Iván Cepeda ha logrado algo que pocos candidatos consiguen a estas alturas: un piso electoral robusto (33,6% en primera vuelta) que se traduce en victorias en todos los escenarios de balotaje. No obstante, sus números en segunda vuelta (estacionados cerca del 40%) sugieren un techo temprano.


Lo anterior deja claro que hasta ahora Cepeda no está ganando necesariamente por un desborde de entusiasmo del electorado hacia su figura, sino que es producto de la fragmentación y debilidad de sus oponentes. En un sistema de doble vuelta, ganar el relato de "el menos rechazado" es una estrategia válida, pero peligrosa para gobernar.


Por otro lado, el dato más disruptivo de este estudio no es un nombre, sino un porcentaje: el 43,7% y hasta el 56,1% de ciudadanos que no elegirían a ninguno de los candidatos en competencia. Este fenómeno, que podríamos llamar la "fuerza de la inexistencia", revela tres puntos críticos: primero, la evidente crisis de la derecha y el centro pues candidatos como De la Espriella, Valencia o Fajardo no están logrando recoger el sentimiento antisistema o de oposición de manera efectiva; segundo, una evidente fatiga de los electores debido a la polarización que vivimos; tercero, el riesgo de unos sufragios en los que el próximo presidente de Colombia podría ser elegido con una de las tasas de participación más bajas de la historia reciente, afectando su gobernabilidad desde el primer día.


También merece reconocer el papel de Abelardo de la Espriella. Aunque pierde contra Cepeda, es el único candidato que logra un crecimiento significativo frente a otros rivales de su sector, posicionándose como el "dueño" de una parte del electorado que prefiere posturas más radicales. Su desafío es el mismo que el de la derecha tradicional: ¿Cómo convencer al 55% que hoy les da la espalda?



En este escenario de liderazgo por descarte Iván Cepeda tiene la ventaja de la organización y la disciplina de su base, pero navega en un mar de indecisión que podría volverse en su contra si aparece una figura externa, si De la Espriella logra borrar al resto de la derecha o si el centro logra cohesionarse bajo una misma narrativa que hoy parece inexistente.

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