Confianza de comerciantes cayó en julio
- Acta Diurna

- hace 19 horas
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El pulso de la actividad económica en Colombia durante el mes de julio reflejó una clara divergencia en el estado de ánimo de los dos motores productivos más relevantes del país: el comercio al por menor y la industria manufacturera. De acuerdo con las cifras publicadas por la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo (Fedesarrollo) en su Encuesta de Opinión Empresarial, mientras los establecimientos comerciales vieron deteriorar su margen de optimismo aquejados por un estancamiento en la salida de sus mercancías, el aparato industrial experimentó un notable impulso apuntalado por la llegada de nuevos pedidos y expectativas de producción mucho más favorables para el cierre del año.
Durante el periodo evaluado, el Índice de Confianza Comercial (ICCO) descendió hasta un 27,5%, lo que representa un retroceso de 1,1 puntos porcentuales frente a los datos registrados en el mes de junio. Pese a que el indicador conserva una modesta ganancia de 0,3 puntos porcentuales si se le mide contra el mismo mes del año anterior, la trayectoria de corto plazo enciende alertas moderadas sobre la velocidad con la que se está moviendo el consumo final en las tiendas y grandes superficies del territorio nacional.
Las razones detrás de este freno fueron explicadas puntualmente por la directora ejecutiva de Fedesarrollo, Marcela Meléndez. La dirigente gremial señaló que el debilitamiento en la lectura de julio obedece fundamentalmente a tres dinámicas cruzadas. La primera de ellas es un incremento indeseado en el nivel de existencias acumuladas en los depósitos de los comercios. Cuando la rotación del inventario se alarga más de lo previsto, las empresas deben asumir costos financieros adicionales para sostener el almacenamiento, al tiempo que reducen la liquidez disponible para reponer stock.
El segundo componente que restó fuerza al indicador fue la pérdida de terreno en la evaluación que hacen los propios comerciantes sobre la situación económica actual de sus establecimientos. La percepción de un tráfico de compradores menos dinámico y de márgenes apretados repercute inmediatamente en una visión más tibia del negocio. Como tercer factor, la encuesta detectó un repliegue en las expectativas que contemplan los empresarios para la economía durante el próximo semestre, lo que sugiere que el sector mantendrá una postura de cautela frente a la contratación de personal o la apertura de nuevos puntos de venta a corto plazo.
En una dirección totalmente opuesta, el sector manufacturero entregó noticias alentadoras para la producción nacional. El Índice de Confianza Industrial (ICI) dio un salto cuantitativo de 6,2 puntos porcentuales con respecto al mes de junio, ubicándose en el 6,1%. Si bien en el cotejo interanual todavía persiste una leve brecha de 0,6 puntos porcentuales por debajo de los niveles de julio del año pasado, el cambio de ritmo en el margen mensual resulta contundente.
Este aire fresco para las fábricas colombianas se cimentó en un escenario operativo sustancialmente más despejado. Las empresas manufactureras reportaron una mejora considerable en sus expectativas de producción para el próximo trimestre, planificando un ritmo de manufactura más acelerado. A diferencia del comercio, la industria logró librarse de parte del excedente de mercancía terminada en bodega, reduciendo los niveles de existencias a cotas operativamente sanas. Esta combinación se vio reforzada por una recuperación tangible en el volumen de pedidos captados, un elemento clave para incrementar la utilización de la capacidad instalada y devolver el dinamismo a las plantas de producción.
Exportadores: mayor demanda de pedidos pero menor rentabilidad
El informe de Fedesarrollo incluyó además el balance trimestral sobre el comportamiento del segmento exportador, el cual revela un panorama de claroscuros bastante acentuado. Desde el ángulo del volumen de negocio, los resultados resultaron gratificantes: la percepción de los empresarios sobre los pedidos colocados desde el exterior registró un avance de 13,3 puntos porcentuales. En la misma línea, las proyecciones a tres meses sobre el valor total de lo vendido en el extranjero expresado en dólares crecieron 9,8 puntos porcentuales.
Sin embargo, este mayor dinamismo en la demanda externa no logró traducirse en una mejora de los ingresos netos para las empresas colombianas. La rentabilidad de la actividad exportadora sufrió una drástica contracción de 10,1 puntos porcentuales en comparación con el trimestre anterior. Al indagar sobre las causas estructurales de este descalce, los exportadores señalaron de manera abrumadora a la inestabilidad de la tasa de cambio peso-dólar como el factor más perjudicial para sus operaciones financieros. Las bruscas fluctuaciones en la divisa dificultan el cálculo de costos y comprimen los márgenes finales al momento de repatriar los ingresos. En contraste, el instrumento del Plan Vallejo fue destacado por los empresarios como la herramienta institucional más benéfica y efectiva para contrarrestar los costos operativos del comercio exterior.
El cuadro macroeconómico que deja la medición de julio refleja a una economía colombiana atravesando un proceso de reacomodo asimétrico. Las familias y los puntos de venta minoristas actúan con moderación ante la presión de inventarios altos y expectativas moderadas, mientras el tejido industrial aprovecha el momento para limpiar bodegas, levantar pedidos y proyectar un último tramo del año con mayores volúmenes de producción, condicionado siempre a la evolución de un entorno cambiario volátil.



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