¿Un nuevo departamento?



El próximo lunes 8 se presenta oficialmente, y empieza a cursar, en el Congreso de la República un proyecto de ley con el fin de constituir un nuevo departamento –sería el número 33– en nuestro país, Se trata de una incitativa para conformar un ente territorial del orden departamental que llevaría por nombre: “Caribe Sur Colombia”,


Este esfuerzo de algunos dirigentes cívicos y políticos de los territorios que lo conformarían vuelve a revivir una vieja aspiración que esta vez ha surgido nuevamente en nuestra región –o parte de ella, por lo menos ahora– cuyo fundamento real es el siempre presente sentimiento de descontento, frustración e inconformidad por la falta de atención y pronta solución a los problemas primordiales de salud, educación, saneamiento básico, servicios públicos, recursos, etc., y que se conjugan en un solo anhelo: La autonomía


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En efecto, la intención es unir bajo este nombre una gran zona agrícola que comprende parte de los departamentos de Bolívar (con los municipios de Simití, Rio viejo, Santa Rosa, Morales, San Pablo, Canta Gallo, Regidor, Norosí y Arenal), Cesar (donde entrarían Aguachica – que sería la capital del nuevo departamento – Río de Oro, Pailitas, Tamalameque, La Gloria, Gamarra, San Martín, San Alberto, González y Pelaya) y Norte de Santander (que ingresaría con las poblaciones de La Esperanza y el Carmen, que limitan con Venezuela.)


Es otra vez la búsqueda y el afán de poder tomar sus propias decisiones en materia política y administrativa en relación con los recursos, competencias y funciones que se encuentran limitados por unos centros de poder que persiguen sus propios intereses, muchas veces distintos a los de los habitantes de estas poblaciones.


Este proyecto nos recuerda la intención de hace una década cuando un grupo de alcaldes, líderes y habitantes del sur de los departamentos de Cesar, Bolívar y Magdalena se unieron para proponer la creación de un nuevo ente territorial en la región caribe que se denominaría el “Departamento de la Depresión Momposina” y que tendría una capital que se rotaria entre el Banco (Magdalena) y Mompox (Bolívar). Al final la iniciativa se perdió en los laberintos del Congreso.


La razón de ambas iniciativas es muy similar: lo producido con los recursos naturales con que cuentan estas áreas se invierte en otros sectores y de manera centralizada por los gobiernos departamentales dejando a estas poblaciones en las peores condiciones de atraso, abandono estatal, dificultades geográficas, colonialismo y feudalismo político.


Curiosamente estos son los mismos argumentos que nosotros, como Región Caribe, expresamos (y que respaldamos en el 2010 con una consulta que sumó más de 2,5 millones de votos) ante la falta de autonomía política y administrativa para resolver nuestros propios problemas y que muchas veces son ignorados o mal solucionados por parte de las decisiones que se toman en el nivel central del gobierno nacional.


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Es decir, el mismo centralismo asfixiante que condenamos desde nuestra región es el mismo que practicamos hacia las poblaciones de la periferia y los sures de nuestros propios departamentos.


Tortuoso y muy difícil ha sido el camino que han tenido que recorrer hasta ahora las iniciativas de regionalización –pero que ya han conseguido alguna concreción en varias zonas del país– pues se enfrentan y estrellan contra el poderoso centralismo que, bajo el pretexto de que lo que se persigue es mayor burocracia y gastos innecesarios, no permite perder el control de los recursos del presupuesto nacional y departamental bajo ningún concepto, pues es el soporte para la perpetuación en el poder de los grupos políticos regionales de siempre.


@vherreram