Trump y Netanyahu convierten Medio Oriente en un polvorín
- Nerio Luis Mejía

- 3 mar
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Por: Nerio Luis Mejía

Las guerras se saben cuándo empiezan, pero es casi imposible predecir cómo y cuándo terminan. La situación en Medio Oriente es un ejemplo claro: lo que comenzó con el bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado sábado 28 de febrero de 2026, se ha convertido en un polvorín cuyo desenlace nadie puede anticipar, iniciado bajo las órdenes de Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
Estados Unidos e Israel han impuesto una lógica de fuerza que recuerda a la “ley de la selva”. Han dejado de lado los principios del derecho internacional, reemplazándolos por asesinatos selectivos de dirigentes que consideran contrarios a sus políticas arrogantes e intervencionistas. Con más de mil objetivos bombardeados en Irán, según declaraciones de Trump, no han logrado ventajas sustanciales: las fuerzas persas continúan atacando con una intensidad inédita, golpeando bases estadounidenses en varios países de la región, refinerías petroleras y lanzando misiles contra territorio israelí. La escalada es tal que Alemania, Francia y el Reino Unido ya hablan de involucrarse en defensa de sus “intereses”.
La muerte del líder espiritual iraní, el ayatolá Ali Jamenei, desató la furia de la Guardia Revolucionaria Islámica, que juró vengar su caída con una ofensiva de misiles que ha alcanzado instalaciones militares estadounidenses, envueltas ahora en columnas de humo. A ello se suma el nerviosismo por el posible cierre del estrecho de Ormuz, lo que sin duda incrementará el precio del combustible y afectará a todo el planeta.
Es inadmisible que las decisiones de Trump y Netanyahu conviertan al Medio Oriente en un polvorín con consecuencias impredecibles, arrastrando a otras naciones hacia una guerra interminable y con cifras de muertes incalculables. La sed de petróleo que desvela a Trump y la ambición de Netanyahu por consolidar una hegemonía regional, enterrando el genocidio palestino, tienen al mundo entre el miedo y la incertidumbre.
El argumento de impedir que Irán posea una bomba nuclear ha sido desmentido por expertos. Es el mismo libreto usado en Irak para apropiarse de su petróleo. Irán, junto a Venezuela y Arabia Saudita, posee algunas de las mayores reservas probadas de crudo en el mundo. Esa riqueza energética se ha convertido en su desgracia: Estados Unidos agredió a Venezuela el 3 de enero de 2026 y capturó a Nicolás Maduro en una operación ilegal en suelo suramericano; ahora ataca a Irán no para derrocar una dictadura ni llevar democracia, sino para apoderarse del oro negro.
Ojalá, aunque sea por un instante, soplen vientos de paz y el derecho internacional logre imponerse para calmar el polvorín que iniciaron Trump y Netanyahu, un conflicto que ya se extiende por toda la región.



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