Soliloquio digital: ¿innovación o desesperación de Paloma Valencia?
- Acta Diurna

- hace 21 horas
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La carrera hacia la Casa de Nariño en 2026 ha tomado un giro surrealista. Lo que se anunció con bombos y platillos como el "Gran debate de visiones de país" terminó convirtiéndose en un ejercicio de ventriloquia tecnológica. Ante la falta de debate, la senadora Paloma Valencia decidió crear uno poblado con fantasmas digitales.
Utilizando herramientas de Inteligencia Artificial (IA), Valencia recreó las voces y, presuntamente, las posturas de sus contendientes para "debatir" con ellos en un auditorio que esperaba un contraste de ideas real. El resultado ha encendido las redes sociales y los círculos de análisis político, dividiendo la opinión entre quienes ven un "golpe de genio" y quienes perciben un "espectáculo ridículo".
El evento comenzó con una puesta en escena impecable. Sin embargo, la tensión se transformó en desconcierto cuando las pantallas proyectaron avatares de Cepeda y De la Espriella. La senadora lanzaba preguntas y la IA, alimentada con discursos previos y programas de gobierno, respondía.
Desde el sector de Iván Cepeda, las críticas no tardaron. Calificaron el acto como una "caricaturización ética" y una violación a los derechos de imagen, argumentando que una máquina no puede simular la voluntad política de un ser humano. Por su parte, el equipo de De la Espriella desestimó el ejercicio como una "pataleta digital" ante la falta de quórum real.
¿Jugada astuta o jugada estúpida?
Para determinar la naturaleza de esta maniobra, es necesario analizarla desde dos prismas:
La jugada astuta (control de la narrativa):
Dominio de la agenda: Valencia logró que todo el país hablara de ella. En una campaña saturada de candidatos, la visibilidad es oro.
Exhibición de "cobardía" ajena: al mantener las sillas vacías y reemplazarlas con tecnología, envió un mensaje potente a su base: "Yo estoy aquí para dar la cara, ellos no". La IA sirvió como un espejo que resaltó la ausencia física de sus rivales.
Vanguardia tecnológica: Se posicionó como una candidata moderna que entiende las herramientas del siglo XXI, conectando con un electorado joven y familiarizado con la IA.
La jugada estúpida (riesgo del ridículo):
Cámara de eco: Debatir con una versión programada de tus enemigos es, por definición, ganar siempre. Para el elector indeciso, esto no es un debate, es un monólogo con efectos especiales que carece de la fricción necesaria para validar una propuesta.
Cuestionamiento ético: el uso de deepfakes o simulaciones de voz sin consentimiento es un terreno pantanoso. Esta jugada podría traerle problemas legales y una percepción de "juego sucio" que empañe su imagen de seriedad.
Alienación del votante orgánico: Para muchos, el acto resultó "incómodo" o "artificial". En política, la autenticidad es un valor supremo; al reemplazar humanos con algoritmos, Valencia corre el riesgo de parecer desconectada de la realidad tangible de los colombianos.
Un salto al vacío con paracaídas digital
Si el fin era fidelizar a su base más radical y mostrarse como una "guerrera solitaria", la jugada es astuta. Ha logrado pintar a sus oponentes como ausentes y a ella misma como la única dispuesta al contraste.
Sin embargo, si el objetivo era convencer al centro y proyectar estatura presidencial, la jugada bordea lo estúpido. Un presidente no debate con máquinas; convence a personas. Al final del día, Paloma Valencia no debatió con Cepeda ni con De la Espriella; debatió con un espejo programado para darle la razón, y en política, el que solo escucha su propia voz corre el riesgo de terminar hablando solo.



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