Recomendaciones del Banco Mundial para generar empleo
- Acta Diurna

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Jorge Vergara Carbó

El presidente del Banco Mundial AJAY BANGA, a raíz del encuentro em Davos en el cual poca importancia le dieron al tema del desafío que el mundo vivirá en los próximos 10 a 15 años, cuando 1200 millones de jóvenes entren al mercado laboral y solamente se puedan generar 400 millones de puestos de trabajo, y pide que se trate el tema del empleo en la Conferencia Mundial de Seguridad de Múnich y la cumbre del G7 y G20. Pensamos nosotros que también en esas dos últimas cumbres debería tocarse también el tema de la deuda en los países subdesarrollados que ha venido creciendo ostensiblemente, y especialmente en Colombia cuya deuda tanto interna como externa la estamos pagando a tasas por encima del 12%, utilizándola para cubrir déficit presupuestario y pagar bonos vencidos.
Para entender estos temas, anexamos resumidamente dos documentos que tiene que ver con el empleo y la deuda el primero referenciado al principio de este escrito y el segundo por el experto funcionario del Banco Mundial INDER GILL. Son recomendaciones que todos los gobiernos deberían tomar en cuenta para la fijación de sus políticas públicas.
Colombia, actualmente tiene un sobre endeudamiento especialmente interno, lo que le quita flexibilidad al sector financiero encareciendo el crédito al sector privado y una tasa de desempleo alta 8.9%, con una informalidad del 56%, por lo que es posible que las recomendaciones del Banco Mundial puedan contribuir a mejorar estos dos índices.
Cómo crear empleo para 1.200 millones de jóvenes
Por: Ajay Banga
El mundo se mueve en diferentes longitudes de onda. Algunas son crisis de alta frecuencia (guerras, nuevas tecnologías, episodios de pánico en el mercado) que se intensifican rápidamente y dominan nuestra atención. Otras son fuerzas de baja frecuencia que se mueven lenta pero implacablemente: los cambios demográficos, la globalización, la escasez de agua y alimentos.
En los próximos 10 a 15 años, 1200 millones de jóvenes de los países en desarrollo alcanzarán la edad laboral, una escala que el mundo no ha visto nunca. Sobre la base de las tendencias actuales, se espera que estas economías generen solo unos 400 millones de empleos durante ese mismo período, lo que deja una brecha de proporciones alarmantes.
Si invertimos tempranamente en las personas y las conectamos con empleos productivos, esta nueva generación tan numerosa podrá desarrollar vidas dignas y convertirse en la base para el crecimiento y la estabilidad. Si no lo hacemos, las consecuencias son previsibles: presión sobre las instituciones, migración irregular, conflictos y aumento de la inseguridad a medida que los jóvenes comiencen a buscar cualquier alternativa disponible.
El Grupo Banco Mundial sigue el primer camino en torno a una estrategia de empleo basada en tres pilares.
En primer lugar, crear infraestructura, tanto humana como física. Sin servicios confiables de electricidad, transporte, educación y atención médica, la inversión privada y el empleo no se materializan. Se comprende bien el papel que desempeña la infraestructura física, pero la inversión en las personas es igualmente crucial.
En segundo lugar, crear un entorno favorable para los negocios. Las normas claras y la regulación previsible reducen la incertidumbre y facilitan la puesta en marcha y el funcionamiento de los negocios. Cuando los emprendedores y las empresas tienen la confianza necesaria para invertir y expandirse, se generan empleos. pero la creación de empleo a gran escala depende del sector privado, en especial de las microempresas y las pymes, que generan la mayor parte de los puestos de trabajo.
En tercer lugar, ayudar a las empresas a crecer. Nos enfocamos en los sitios donde el potencial de empleo es mayor, en los cinco sectores que generan sistemáticamente puestos de trabajo a gran escala: infraestructura y energía, agroindustria, atención primaria de la salud, turismo y manufacturas con valor agregado.
Para 2050, más del 85 % de la población mundial vivirá en países en desarrollo. Eso representa no solo la mayor expansión de la fuerza laboral mundial de toda la historia, sino también el mayor incremento en la cantidad de futuros consumidores, productores y mercados. Ya sea por motivos de desarrollo, altruismo, rentabilidad o seguridad, es importante dedicar energía y recursos a esta labor, y ese esfuerzo tiene recompensa.
Los países en desarrollo se benefician porque los empleos generan ingresos, estabilidad y dignidad. Fortalecen la demanda interna y dan a los jóvenes una razón para invertir en su futuro dentro de sus países en vez de buscar en otra parte.
Los países desarrollados también ganan. A medida que las economías en desarrollo crecen, se convierten en socios comerciales más fuertes, participantes más resilientes en las cadenas de suministro y vecinos más estables. El crecimiento de esos mercados amplía la demanda mundial y reduce las presiones que impulsan la migración irregular y la inseguridad, resultados que conllevan costos económicos y políticos reales mucho más allá de las fronteras.
Y para el sector privado (tanto las instituciones financieras como los operadores), esto representa una de las mayores oportunidades de las próximas décadas. El rápido crecimiento demográfico significa una demanda sostenida de energía, sistemas alimentarios, atención médica, infraestructura, viviendas y manufacturas.
Si hacemos las cosas bien, las fuerzas de baja frecuencia que dan forma al mundo —en este caso, la demografía— se convertirán en motores del crecimiento y la estabilidad en lugar de fuentes de volatilidad y riesgo. Si nos equivocamos, seguiremos corriendo detrás de las crisis, reaccionando ante resultados que ya estaban a la vista desde años, incluso décadas antes.
La elección no radica en si estas fuerzas configurarán el futuro. De eso no hay duda. La elección está en si actuamos pronto y las moldeamos como oportunidades, o si esperamos hasta que lleguen convertidas en inestabilidad.
Poner a los países endeudados en una senda disponible
Por: INDER GILL
En 2024, los inversionistas en bonos volvieron a “abrir el grifo”. Después de retirarse de las economías en desarrollo apenas el año anterior, volvieron a invertir y proporcionaron USD 80 000 millones más en nuevos desembolsos de lo que se pagó por concepto de deuda. Ese flujo de fondos permitió a algunos países experimentar menos presión financiera. Varios completaron emisiones de bonos por miles de millones de dólares, ya sea para financiar déficits presupuestarios o pagar bonos que vencían. Pero este no era precisamente un endeudamiento de bajo costo: las tasas de interés llegaban al 10 %, aproximadamente el doble que antes de 2020.
En cambio, la mayoría de los países en desarrollo recurrieron a los acreedores internos. Entre los 86 países para los que se dispone de datos sobre deuda interna, en más de la mitad la deuda pública interna creció más rápido que la deuda pública externa. Este tipo de endeudamiento suele tener un costo para el sector privado: los bancos comerciales locales acumulan bonos gubernamentales cuando deberían otorgar préstamos al sector privado. La deuda interna también tiene vencimientos más cortos, lo que crea un riesgo mayor cuando los préstamos vencen y deben refinanciarse a una tasa de interés posiblemente más alta.
La mala gestión de la deuda de los países en desarrollo frena el desarrollo económico y obliga a demasiadas naciones a caer en una trampa diabólica: pedir préstamos a un alto costo a los titulares de bonos extranjeros o asfixiar al sector privado interno absorbiendo los activos de los bancos comerciales nacionales. El Banco Mundial ha sido una importante ayuda vital para los países más vulnerables: en 2024, proporcionó USD 18 300 millones adicionales en financiamiento de bajo costo a los países elegibles para obtener asistencia de la AIF que lo que recibió de estos en concepto de reembolsos de capital. Esa cantidad fue un máximo histórico, pero las leyes de la gravedad no se pueden desafiar para siempre.



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