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¿Qué representa para Valledupar el Festival vallenato?

Por: Nerio Luis Mejía



La edición número 59 del Festival de la Leyenda Vallenata dejó tras de sí un caudal de emociones y debates. Visitantes nacionales e internacionales celebraron la alegría de haber participado en una de las fiestas más icónicas de Colombia, mientras otros cuestionaron los resultados de la coronación. Sin embargo, más allá de las controversias, lo cierto es que Valledupar se viste de gala cada año para recibir este magno evento que la proyecta al mundo.



Valledupar es, quizá, la ciudad más referenciada por su folclor en el planeta. En cualquier rincón del mundo, su nombre evoca de inmediato la música vallenata. Por eso, el festival no es solo una celebración: es la identidad misma de la capital del Cesar, un espejo donde se refleja su historia y su cultura.


El Festival Vallenato, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2015, trasciende lo musical. Es crónica oral, poesía campesina y memoria colectiva. En sus versos se narran amores, se denuncian injusticias y se preserva la tradición de juglares que hicieron del acordeón un símbolo nacional.


Durante los días de competencia, Valledupar se convierte en epicentro cultural y económico. Hoteles, restaurantes y calles se llenan de visitantes que llegan a escuchar los cuatro aires del vallenato —paseo, merengue, puya y son—, mientras la ciudad vibra con un dinamismo que trasciende lo artístico. El festival es también motor de turismo y espacio de encuentro político y social, donde confluyen todas las voces y estratos.


La ausencia física de quienes no pueden asistir se compensa con la transmisión digital, que permite seguir cada acorde desde la distancia. Como lo expresó Rafael Manjarrez en Ausencia Sentimental, canción que se ha convertido en un verdadero himno para los amantes del folclore, el festival deja una herida que solo sana con música.



El acordeón, instrumento llegado de tierras europeas y adoptado por el Caribe colombiano, se sostiene en el pecho porque allí palpita junto al corazón. Cada intérprete entrega años de preparación en un certamen que ya no pertenece solo a Valledupar, sino al mundo entero.


Así, cada abril, Valledupar se convierte en moda: en lo que se toca, se escucha y hasta en el aire que huele a vallenato. El festival es más que una fiesta: es el alma de una ciudad que canta su historia y se reafirma como capital cultural de Colombia.

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