Puente de Mendihuaca es irreparable y desata millonarias pérdidas
- Acta Diurna
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La Troncal del Caribe, la arteria vital que conecta los departamentos de Magdalena y La Guajira, ha quedado oficialmente partida en dos. Tras las inspecciones técnicas realizadas este viernes, el diagnóstico de los ingenieros del Invías fue lapidario: el puente de Mendihuaca es irreparable. No habrá remiendos ni refuerzos; la estructura será demolida para empezar desde cero, dejando a la región sumida en una crisis logística y económica sin precedentes recientes.
El director del Instituto Nacional de Vías (Invías), Juan Guillermo Jiménez, confirmó que la solución temporal —un puente militar metálico— tardará un mínimo de 45 días en estar operativo, plazo que podría extenderse a dos meses.
Aunque la estructura ya está reservada en el fuerte militar de Tolemaida, su puesta en marcha no es inmediata. "El traslado en camabajas es complejo, pero lo crítico es la cimentación. Si el terreno exige pilotes u obras civiles previas para soportar el puente provisional, el tiempo se nos puede alargar", advirtió Jiménez.
El costo del aislamiento: $130 millones al día
Mientras los técnicos ajustan cronogramas, la economía regional se desmorona. Se estima que cada 24 horas de cierre se evaporan más de $130 millones de pesos. El impacto se divide en tres frentes críticos: el turismo, el transporte de carga y pasajeros y las exportaciones.
En destinos como Palomino, la temporada se desplomó. Ya se reportan más de 900 reservas canceladas. "Es peor que la pandemia; la gente no viene porque el viaje es un martirio", asegura María Camila Rueda, hotelera de la zona.
Los cerca de 600 vehículos de carga pesada que circulaban a diario ahora deben tomar rutas alternas. Un trayecto que antes tomaba 90 minutos ahora requiere ocho horas, duplicando costos de combustible y fletes.
El sector bananero es el más afectado, con 20 contenedores (400 toneladas) que luchan diariamente por salir hacia los puertos en medio del caos logístico.
"Un viaje de hora y media se volvió de ocho horas. Muchos estamos trabajando a pérdida", lamenta Luis Fernando Orozco, transportador de la ruta Santa Marta–Riohacha.
El rostro humano de la emergencia
En el sector de Mendihuaca, la angustia no se mide en millones, sino en platos de comida. Ana Jiménez, vendedora de arepas y madre cabeza de hogar, resume el sentir de cientos de familias que vivían del flujo de los 3.500 vehículos livianos que pasaban por allí: "El panorama es de alarma. Es un mes sin ingresos. Desde la pandemia no estábamos tan angustiados".
Por ahora, Magdalena y La Guajira seguirán separadas por una "herida abierta" en la carretera. Para las comunidades, resistir dos meses de aislamiento es un reto que amenaza con quebrar definitivamente los negocios que el río, al llevarse el puente, dejó al borde del abismo.



