crossorigin="anonymous"> Por qué La Guajira se volvió una tierra sin dios, sin ley y sin gobierno
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Por qué La Guajira se volvió una tierra sin dios, sin ley y sin gobierno

Por: LuĆ­s Alonso Colmenares RodrĆ­guez



Cada dƭa que amanece en La Guajira la gente se pregunta si volverƔn a vivir la misma pesadilla. En solo 23 dƭas de 2026, se han registrado 33 homicidios bajo la modalidad de sicariato. Son treinta y tres familias destrozadas. Son treinta y tres gritos de auxilio que cayeron en oƭdos sordos. Son treinta y tres razones por las que La Guajira se ha convertido en una tierra sin dios, sin ley y, sobre todo, sin gobierno. Pero es mƔs escalofriante la indiferencia de quienes gobiernan en el departamento.


La respuesta oficial ante esta violencia desbordada ha sido tan preocupante como la situación misma. SegĆŗn el cinismo del secretario de Gobierno departamental, prodigio de la administración pĆŗblica, Misael VelĆ”squez Granadillo, los hechos ā€œno se deben al incremento de violencia social generalizadaā€, porque ā€œen una alta proporción las vĆ­ctimas registran antecedentes judicialesā€. Y que ā€œEstamos ante un reacomodo criminal tĆ­pico cuando el Estado intensifica acciones de control a estructuras y cabecillas que afecta la renta ilegalā€. Ā”Por favor!



ĀæDe verdad creen que eso justifica algo? ĀæAcaso la vida de una persona con antecedentes vale menos que la de cualquier otro ciudadano? Decir que los muertos ā€œtenĆ­an antecedentesā€ no disminuye el horror ni el temor de la gente; es una explicación absurda que roza la indolencia.


La Constitución PolĆ­tica no hace distinciones cuando ordena proteger la vida, honra y bienes de todos los ciudadanos. Pretender minimizar la ola de crĆ­menes porque supuestamente ā€œse estĆ”n matando entre delincuentesā€ es, en el fondo, claudicar en el deber de garantizar la seguridad ciudadana. Si de verdad fuera solo un ā€œreacomodoā€ entre criminales, Āædónde estĆ”n las capturas de los cabecillas de estos grupos delincuenciales? Es falta de autoridad y liderazgo. Es ineptitud.


La cruda realidad es que ni la Gobernación ni muchas alcaldías estÔn a la altura de esta emergencia para proteger a la gente. EstÔn mÔs interesados en cuidar su imagen con la vanidad de las redes sociales grabando videos para Facebook e Instagram, y en la politiquería de promover a sus candidatos. No entienden que la tranquilidad no se recupera con discursos vacíos ni con mensajes en Twitter, sino con acciones concretas.


Hay un temor evidente del gobernador y los alcaldes para tomar decisiones drĆ”sticas no vaya a ser que ā€œpierdan votosā€. Pero esa cobardĆ­a polĆ­tica les va a salir cara: el pueblo, cansado de tanta inseguridad y abandono, les pasarĆ” factura, por la ineptitud de quienes ocupan los cargos de poder en La Guajira. La Ćŗnica campaƱa que deberĆ­a importarles en este momento es la campaƱa por devolverle la tranquilidad al departamento.


La inseguridad en La Guajira no solo se mide en homicidios. También se siente en el caos de las vías. Cualquier motivo provoca un bloqueo de carretera: hoy es un accidente de trÔnsito, mañana serÔ la falta de agua o de luz, pasado mañana cualquier otra razón.



La Guajira estÔ cansada de ser noticia solo por tragedias: los niños que mueren de hambre en la Alta Guajira, las interminables filas de migrantes, los escÔndalos de corrupción política... y ahora esta ola de violencia sin control. Todo suma a la histórica lista de penurias, pero la de vivir con el alma en vilo por la delincuencia es la gota que reboza la copa. No es posible resignarse a vivir atrapados entre balaceras y bloqueos, mientras los encargados de velar por la seguridad miran para otro lado.


Como guajiro, le exijo al gobierno departamental y a los alcaldes que se pongan los pantalones de una vez por todas. Que dejen la campaña y gobiernen; que dejen el TikTok y enfrenten a los criminales. Que se articulen con la Fuerza Pública en operativos reales, eficaces, sostenidos en el tiempo.


La tranquilidad no se logra diciendo que los muertos ā€œeran delincuentesā€ o que esto es un ā€œreacomodo de fuerzasā€. La paz en La Guajira no llegarĆ” por arte de magia ni con discursos condescendientes. LlegarĆ” cuando haya voluntad polĆ­tica de enfrentar el problema: capturando a los jefes criminales, desmantelando sus redes, previniendo el delito en los barrios y respondiendo con autoridad ante cada amenaza. Y como dijo el filósofo de La Junta: "Se las dejo ahĆ­...ā€.

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