Por fin alguien hizo justicia y se llama Gustavo Petro
- Acta Diurna

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Por: Nerio Luis Mejía

El Congreso de la República de Colombia es, tal vez, una de las instituciones con mayor nivel de desaprobación entre los colombianos, y una vergüenza a nivel mundial. En ese recinto, donde se incuban muchos de los males de nuestro país, funciona una suerte de cofradía dedicada a negocios oscuros, protegida por el hecho de que son los mismos congresistas quienes elaboran las leyes y se autodenominan “padres de la patria”.
Ese espacio, considerado intocable, dejó de serlo el lunes 19 de enero de 2026, cuando a través del decreto 0030 de 2026 firmado por Gustavo Petro se derogó la norma creada en 2013 por el entonces presidente Juan Manuel Santos Calderón, la cual concedía una prima a los congresistas que, para el año 2025, ascendía a 16 millones de pesos. Por fin alguien había hecho justicia tras 12 años en los que un grupo de políticos desangraba las arcas de la nación en nombre de la patria.
Con esta acción, Gustavo Petro pasará a la historia por haber eliminado un privilegio inmerecido. Mientras tanto, los mismos congresistas que se beneficiaban de esa prima se quejan porque el gobierno actual aumentó en un 23% el salario mínimo, dejándolo en dos millones de pesos. Para ellos, esa cifra es “excesiva” para el trabajador de a pie que labora 10 o 12 horas diarias, pero consideran que treinta y seis millones de pesos son insuficientes para mantener sus privilegios. Una contradicción que desnuda su desconexión con la realidad del país.
No sé hasta cuándo seguiremos dormidos los colombianos, sin despertar de este pesadillo en el que nos ha sumergido por más de dos siglos una dirigencia política que, en nombre del pueblo, acumula privilegios imposibles de alcanzar para cualquier trabajador honesto.
Con la firma de este decreto, Petro demostró que sí es posible enfrentar a los intocables. Sin embargo, falta mucho por hacer. Los congresistas siguen ganando sumas desproporcionadas si las comparamos con el salario y las condiciones laborales del ciudadano común. Aun así, el país celebra que esta prima no vuelva a aparecer en nuestra historia: era una vergüenza mundial que, en un país de ingresos medios y con la mayor desigualdad del planeta, existieran quienes ganaban más de treinta veces lo que recibe un trabajador que mueve la economía nacional.
La decisión de Petro no solo avergonzó a quienes cobraban esa abultada suma, sino que también se convierte en un referente para futuros mandatarios. Ojalá que, en nombre de la austeridad, se sigan eliminando privilegios y se aumente la inversión social, creando más oportunidades para las mujeres cabeza de hogar, nuestros campesinos y los jóvenes que son el futuro del país.
Gracias a esta medida podemos decir que, al fin, se hizo justicia. Aunque aún falta mucho para que la celebración sea completa, este es un paso histórico hacia la dignidad y la equidad que tanto necesita Colombia.







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