Planificación vs extinción
- Nerio Luis Mejía

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Por: Nerio Luis Mejía

Muchos de quienes leen estas líneas provienen de aquellas familias numerosas de antaño. Nuestros abuelos y padres se unieron en matrimonio sin certezas sobre el futuro, sin títulos académicos ni patrimonio económico asegurado, pero con la firme convicción de asumir la responsabilidad de sacar adelante el fruto de sus amores. Con sacrificio y trabajo duro lograron convertirse en artífices de la sociedad que hoy llamamos país.
Era común nacer en hogares con cinco, diez o más hijos. Sin planificación previa, pero con valentía, nos dejaron herencias que aún sostienen nuestra identidad. Hoy, en contraste, vemos a nuestros hijos —profesionales, respaldados por padres que les aseguran techo, alimento y transporte— planificar tanto su porvenir que ponen en riesgo la continuidad de la familia y, con ello, de la vida misma. Gradualmente nos estamos extinguiendo.
Según la más reciente estadística del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en 2025 el número de nacimientos se redujo en un 4,5% respecto al año anterior, lo que equivale a una disminución de más de veinte mil nuevos nacimientos. Una situación preocupante, pues no se trata de un fenómeno exclusivo de Colombia: la reducción es global.
Las explicaciones son múltiples: incertidumbre económica, guerras, enfermedades, entre otras. Sin embargo, lo paradójico es que, mientras creemos estar mejor preparados para enfrentar el futuro, la respuesta es contraria a lo esperado. El desarrollo científico y tecnológico ha mejorado la salud, la producción de alimentos y la prestación de servicios, pero el decrecimiento poblacional parece irreversible.
No hace falta consultar grandes firmas de estadística para percibirlo. Hace algunos años era común ver mujeres embarazadas en las calles, el transporte público, las tiendas y las zonas rurales. Hoy son pocas las que transitan en estado de gestación. En Colombia, la mayoría de embarazos se concentran en barrios populares, mientras que en sectores de mayores ingresos rara vez se ven mujeres esperando un hijo. Tal vez esto obedezca a que quienes reciben mayor formación académica y económica son más temerosos al momento de constituir una familia. En otras palabras, la excesiva planificación nos está acercando a la extinción.
Quizás la paradoja más grande de nuestro tiempo sea que, mientras más planificamos el futuro, menos futuro estamos dejando. La vida no se sostiene únicamente en cálculos y proyecciones; se sostiene en la valentía de quienes deciden apostar por ella. Si seguimos temiendo tanto al mañana, corremos el riesgo de que el mañana simplemente no exista.
La planificación es necesaria, pero cuando se convierte en excusa para aplazar la vida, se transforma en un camino hacia la extinción. La sociedad que heredamos nació de la osadía de quienes, sin nada asegurado, eligieron traer hijos al mundo. Hoy, si no recuperamos esa confianza elemental en la vida, el silencio de las cunas vacías será el eco más triste de nuestra modernidad.



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