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No hay pruebas que vinculen a Petro con organizaciones criminales: NYT



En un momento de creciente fricción diplomática entre Bogotá y Washington, un análisis publicado por The New York Times sostiene que no existen pruebas verificables que vinculen al presidente Gustavo Petro con organizaciones criminales. Esta afirmación surge como un contrapunto necesario frente a las acusaciones que han ganado tracción en escenarios mediáticos y políticos internacionales durante las últimas semanas.



Según el influyente diario estadounidense, aunque el actual Gobierno colombiano enfrenta críticas severas por su gestión, estas no se traducen en evidencias judiciales ni en investigaciones formales que respalden los señalamientos de complicidad delictiva, enfatizando que no hay indicios de que el mandatario lidere o participe en estructuras criminales.


El diario advierte sobre el peligro de desdibujar la frontera entre la retórica política y los hechos comprobables, sugiriendo que la controversia internacional responde más a profundas divergencias ideológicas sobre la lucha contra el narcotráfico que a hallazgos de carácter penal.


Este escenario se ve agravado por el lenguaje confrontacional del presidente estadounidense, Donald Trump, cuyas declaraciones y el incremento de operaciones militares antidrogas en el Caribe y el Pacífico han alimentado una narrativa de sospecha que, según el análisis del NYT, carece de sustento probatorio. El medio subraya que la discrepancia sobre políticas públicas no debe confundirse con la existencia de vínculos ilícitos, una distinción que parece haberse perdido en el fragor del debate global.


Para contextualizar la situación, el artículo recuerda que la persistencia del narcotráfico en Colombia está ligada a factores históricos, geográficos y sociales arraigados en décadas de conflicto armado. No obstante, destaca que la seguridad y la lucha contra las mafias han mostrado avances, incluso bajo la administración de Petro, quien llegó al poder con la promesa de reformar el modelo prohibicionista. Su enfoque, que prioriza el desarrollo rural y la persecución de los grandes capos sobre la criminalización de los pequeños cultivadores, incluye ambiciosos planes de sustitución de cultivos y la regulación del cannabis; metas que, hasta la fecha, se han ido cumpliendo dentro de los marcos establecidos.



Finalmente, el análisis resalta una paradoja central: a pesar de las marcadas diferencias discursivas entre ambos gobiernos, la cooperación técnica en materia de seguridad se mantiene sólida. De hecho, las incautaciones de cocaína han alcanzado niveles récord, un dato que evidencia tanto la magnitud del problema como la continuidad del trabajo conjunto entre las agencias de ambos países.


The New York Times concluye que, mientras la demanda global de estupefacientes permanezca inalterada, el fenómeno persistirá más allá de cualquier enfoque de gobierno, reafirmando que las acusaciones contra el presidente Petro deben interpretarse como herramientas de una disputa política internacional y no como realidades jurídicas.

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