Los vices: ¿cálculo estratégico o repliegue ideológico?
- Acta Diurna

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El mapa político colombiano ha sufrido un sismo de alta intensidad tras los resultados legislativos del 8 de marzo. Con el ascenso de Paloma Valencia como la gran baronesa electoral de la derecha —cosechando una cifra que altera cualquier libreto previo—, los dos punteros en las encuestas, Iván Cepeda y Abelardo De la Espriella, han tenido que mover sus piezas con una celeridad inusual. Con apenas horas de diferencia, ambos anunciaron sus fórmulas vicepresidenciales, revelando no solo sus estrategias de cara a la primera vuelta del 31 de mayo, sino también sus temores y las grietas que intentan sellar.
En la política moderna, la elección del vicepresidente ha dejado de ser un mero protocolo para convertirse en una herramienta de marketing político de precisión. No se busca un sucesor, se busca un complemento: alguien que hable donde el candidato calla, que sume donde el candidato resta o que calme donde el candidato asusta. Históricamente, esta figura ha oscilado entre el protagonismo ejecutor de un Germán Vargas Lleras y la ruptura traumática, como la renuncia de Humberto de la Calle durante el Proceso 8.000. Hoy, Cepeda y De la Espriella apuestan por caminos diametralmente opuestos: la identidad radical frente a la tecnocracia moderada.
De la Espriella se decide por José Manuel Restrepo
La designación del exministro José Manuel Restrepo como fórmula de Abelardo De la Espriella es, quizás, el movimiento más pragmático de la temporada. "El Tigre", conocido por una retórica flamígera, personalista y de una derecha sin complejos, ha entendido que para ganar la Presidencia no basta con el rugido; se necesita el rigor.
La victoria de Paloma Valencia con más de 3.2 millones de votos envió un mensaje de urgencia a la campaña de "Firmes por la Patria". Según fuentes cercanas, la decisión de invitar a Restrepo se aceleró la misma noche del domingo. El objetivo es cristalino: quitarle el aura de "imprevisible" a De la Espriella y ofrecer una balsa de aceite al establecimiento económico y a los sectores de centro-derecha que temen un gobierno meramente pasional.
Restrepo no es un aparecido. Su hoja de vida como exministro de Hacienda y Comercio, sumada a su prestigio como rector de universidades de élite (EIA, CESA, Rosario), le otorga a la campaña una pátina de seriedad institucional. Al presentarlo, De la Espriella fue enfático en que Restrepo no será una figura decorativa, sino el arquitecto de la "reconstrucción económica" y el puente con la comunidad internacional. Es una jugada audaz: Restrepo había apoyado públicamente a Valencia, por lo que su salto a las filas del litigante busca desmantelar la hegemonía del Centro Democrático desde adentro, ofreciendo una mezcla de "mano dura" jurídica con "mano experta" económica.
Cepeda y Quilcué: consolidación de bases
En el espectro opuesto, Iván Cepeda, el estandarte del Pacto Histórico, ha optado por una estrategia de consolidación de bases en lugar de expansión hacia el centro. Al elegir a la lideresa indígena y senadora Aida Quilcué, Cepeda envía un mensaje de coherencia ideológica total, pero también de riesgo electoral.
A diferencia de la jugada de De la Espriella, que busca "ablandar" su imagen, Cepeda parece estar blindando su flanco izquierdo. Quilcué representa la resistencia social, los pueblos originarios y la lucha de tierras, elementos medulares del "petrismo" purista. Sin embargo, el análisis obligado es comparativo: ¿es Quilcué la nueva Francia Márquez? Aunque ambas comparten el origen en la exclusión, el fenómeno de Márquez en 2022 fue impulsado por un caudal de votos propio y una frescura que rompió esquemas. Quilcué, aunque respetada y "recia" —como la describió la propia Paloma Valencia—, es percibida por algunos sectores como una elección que le habla a los ya convencidos.
Dentro del mismo Pacto Histórico, voces como la del líder juvenil Manuel Zamudio sugieren que la vicepresidencia era la oportunidad de oro para atraer al centro moderado que hoy se siente huérfano. Al elegir a Quilcué, Cepeda apuesta por la movilización orgánica del Cauca y las minorías étnicas, quizás como una contraofensiva simbólica ante las propuestas de Valencia sobre la división territorial del suroeste. Es una dupla de "identidad pura", que no pide permiso a la Casa de Nariño y que se prepara para una batalla de trincheras ideológicas.
El dilema de Paloma: ¿Valencia-Oviedo es posible?
Mientras los punteros ya definieron sus cartas, el país contiene el aliento ante el enigma de Paloma Valencia. Con el reloj corriendo hacia el viernes 13 de marzo, la senadora se debate entre la pureza uribista y la apertura necesaria para gobernar. El nombre de Juan Daniel Oviedo sigue sobre la mesa, representando el "puente de plata" hacia un electorado urbano, joven y técnico que ella, por sí sola, no termina de conquistar.
Las diferencias son profundas: Gaza, la JEP y el Acuerdo de Paz son muros que dividen a la senadora y al exdirector del DANE. No obstante, la política colombiana es el arte de lo imposible. Valencia ha sido clara: no exige carnés de militancia, exige resultados. Si logra concretar la unión con Oviedo, la derecha llegaría a mayo con una potencia de fuego que obligaría a Cepeda y a De la Espriella a recalcular sus proyecciones de segunda vuelta.
El Cauca y el Suroccidente: el campo de batalla simbólico
Esta región será el epicentro de la confrontación más visceral entre las propuestas de Iván Cepeda y Paloma Valencia.
Con la senadora Aida Quilcué, Cepeda busca blindar el voto del CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca) y de las comunidades afro del Pacífico. Para el Pacto Histórico, el Cauca es un fortín que no pueden permitirse perder. Quilcué no solo suma votos; suma capacidad de movilización. En un escenario de paridad, la fuerza de las guardias indígenas y los movimientos sociales en la Panamericana puede ser el motor que impulse la participación en el suroccidente.
Paloma Valencia tiene una relación de amor y odio con su tierra natal. Su propuesta histórica de dividir el departamento (un Cauca indígena y otro mestizo/productivo) sigue siendo un arma de doble filo. Si bien Quilcué moviliza a la base étnica, Valencia moviliza a los gremios, a los terratenientes y a una clase media urbana cansada de los bloqueos. La presencia de Quilcué en la acera de enfrente radicaliza el voto en el Cauca: no habrá puntos medios, será una medición de fuerzas entre la visión ancestral y la visión de la propiedad privada.
Antioquia y el Eje Cafetero: la validación de De la Espriella
Si el Cauca es la disputa por la tierra, Antioquia es la disputa por el modelo económico. Aquí es donde la figura de José Manuel Restrepo cobra un valor estratégico incalculable para De la Espriella.
El puente con el empresariado: Antioquia es un territorio que tradicionalmente desconfía de la "estridencia" si no viene acompañada de "gerencia". De la Espriella, con su perfil de litigante caribeño, podía ser visto como un cuerpo extraño para el rigor paisa. Sin embargo, al llevar a Restrepo —exrector de la Universidad EIA (Escuela de Ingeniería de Antioquia)—, el candidato de Salvación Nacional toca la puerta del GEA (Grupo Empresarial Antioqueño) y de la academia local.
Frenar el avance de Valencia: Paloma Valencia es fuerte en Antioquia por su ADN uribista, pero Restrepo le compite en el terreno de la confianza técnica. En Medellín y el Eje Cafetero, el votante de derecha que teme que De la Espriella sea "demasiado radical" encuentra en Restrepo una razón para no migrar hacia el Centro Democrático. Es una jugada de contención para evitar que Valencia se quede con el 80% del voto de opinión en la región.
Bogotá y las Zonas Urbanas: el reto de la "opinión"
Bogotá sigue siendo la "joya de la corona" y donde ambos candidatos parecen tener sus flancos más débiles tras estos anuncios.
El vacío del centro: La elección de Quilcué por parte de Cepeda deja un espacio enorme en la clase media bogotana que busca moderación. Si bien Quilcué es una figura íntegra, su perfil está muy ligado al activismo rural, lo que podría alienar al votante urbano que prioriza temas como la seguridad ciudadana o la movilidad.
La tecnocracia como anzuelo: De la Espriella apuesta a que la imagen de "buen muchacho" y académico serio de Restrepo atraiga al bogotano que votó por Juan Daniel Oviedo en las locales. Es un intento de capturar el voto de las localidades del norte y occidente de la capital, que ven con buenos ojos una gestión económica ortodoxa pero temen el autoritarismo.
Dos visiones de país en dos firmas
La carrera está lanzada. Por un lado, una fórmula que busca la estabilidad técnica para compensar el carisma disruptivo (De la Espriella-Restrepo); por el otro, una que apuesta por la profundidad social para sostener un proyecto de transformación (Cepeda-Quilcué). El viernes se cerrará el ciclo de inscripciones y Colombia sabrá, finalmente, quiénes son los rostros que escoltarán a los aspirantes en la búsqueda del solio de Bolívar. La pregunta que queda en el aire es si estas fórmulas lograrán transferir votos reales o si, como tantas veces en nuestra historia, terminarán siendo sombras en el Palacio de Nariño.



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