Las sombras y cuestionamientos que rodean al nuevo contralor Laverde
- Acta Diurna

- 21 ago
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La elección del nuevo Contralor General de la República para el periodo constitucional 2026-2030 ha dejado servida una de las discusiones más profundas sobre el control fiscal, las dinámicas del poder legislativo y las exigencias éticas en la alta gerencia pública de Colombia. Con un abrumador respaldo de 269 votos sobre un total de 279 congresistas presentes en el Congreso en pleno, Jorge Eliécer Laverde Vargas logró coronarse en la cima de uno de los órganos de control más poderosos e influyentes del país. Sin embargo, detrás de la contundencia de su triunfo se teje un complejo expediente de cuestionamientos que van desde serias dudas sobre su idoneidad técnica para el cargo hasta antiguas denuncias por presunto enriquecimiento ilícito, pasando por señalamientos de cercanía política con barones regionales salpicados por la corrupción y señalamientos de acoso en el entorno laboral.
Laverde no es una figura ajena a los pasillos del Capitolio Nacional. Durante más de diez años ejerció como secretario general de la Comisión Sexta del Senado de la República, un espacio estratégico desde donde tejió alianzas transversales con distintos sectores políticos, bancadas partidistas e interlocutores del Ejecutivo. No obstante, su transición de un rol eminentemente administrativo y legislativo a la cabeza de la vigilancia de los recursos públicos de la nación reabrió viejos debates sobre la forma en que se construye el mérito en los concursos públicos y los antecedentes que rodean a los elegidos. Tal como se expone en la cobertura periodística de El Colombiano, el expediente del nuevo contralor condensa una serie de controversias que prometen acompañar cada una de sus actuaciones a partir de finales de agosto de 2026, cuando tome posesión formal de su cargo.
El fenómeno de los libros exprés y el puntaje de experiencia
Uno de los aspectos que generó mayor perplejidad durante las fases previas a la votación en el Congreso fue la calificación que obtuvo el candidato en la evaluación estricta de su hoja de vida. En el ítem de experiencia específica en materia de control fiscal, Jorge Eliécer Laverde obtuvo una puntuación de cero puntos. Ello se debe a que la mayor parte de su trayectoria profesional había transcurrido en el ejercicio de la abogacía, en la política local del departamento de Caldas y en la secretaría técnica del Senado, escenarios donde no ejerció labores directas de auditoría, fiscalización o juzgamiento de responsabilidad fiscal.
Para nivelar el puntaje general en la convocatoria pública y ganar terreno frente a otros contendientes con amplia experiencia técnica en el sector fiscal, Laverde recurrió a una maniobra que llamó poderosamente la atención de analistas y medios de comunicación. Pocos días después de que se formalizara la apertura del concurso público para la Contraloría, se radicaron y registraron con número ISBN dos obras académicas de su autoría: ´IA aplicada al control fiscal en Colombia´ y ´El control fiscal desde el Congreso´. Lo singular del hecho fue que ambos libros fueron publicados y registrados ante la Dirección Nacional de Derecho de Autor exactamente el mismo día, el 5 de febrero de 2026. Esta publicación relámpago le permitió sumar puntos determinantes en el apartado de producción intelectual y publicaciones, catapultándolo a la lista de finalistas favoritos que finalmente llegó a la urna del Salón Elíptico, tal como lo expuso La Silla Vacía.
La sombra de 'Las Marionetas' y las raíces políticas en Caldas
El origen político de Jorge Eliécer Laverde se remonta al departamento de Caldas, donde dio sus primeros pasos públicos militando en el Partido Liberal y ocupando una curul como diputado en la Asamblea Departamental durante ocho años. Fue en ese ámbito regional donde consolidó redes de contacto que más tarde le facilitarían su salto a la Secretaría de la Comisión Sexta del Senado. Sin embargo, su nombre ha quedado inevitablemente asociado con el del fallecido exsenador liberal Mario Castaño, la cabeza del mayor entramado de corrupción regional de los últimos años en Colombia, conocido judicialmente como el caso de 'Las Marionetas'.
La relación entre ambos dirigentes ha sido objeto de constante escrutinio. En agosto de 2014, cuando Laverde asumía la secretaría de la Comisión Sexta, el propio Mario Castaño publicó un mensaje en la red social X en el que celebraba el nombramiento diciendo que, gracias a su gestión, el departamento comenzaba a recuperar liderazgo nacional, acompañando la publicación con una fotografía del momento del juramento de Laverde. A esto se suman versiones que señalan la existencia de vínculos de afinidad familiar entre la hija del hoy contralor y allegados al entorno del difunto excongresista. Aunque Laverde ha negado reiteradamente mantener o haber mantenido una amistad cercana con Castaño, aduciendo que sus coincidencias responden únicamente a la dinámica partidista y al origen regional compartido, sus detractores sostienen que el padrinazgo político de esa vertiente fue clave en la estructuración de su ascendencia en el Congreso.
Denuncias, adquisiciones familiares y decisiones disciplinarias
El ámbito económico y patrimonial de Laverde constituye otro de los capítulos más densos de su expediente público. En mayo de 2023 se radicó ante la Fiscalía General de la Nación una denuncia anónima por el presunto delito de enriquecimiento ilícito de servidor público. El documento sostenía que entre los años 2014 y 2016, periodo en el que se consolidaba su labor en el Senado, se registró un aumento notable en los bienes inmuebles atribuidos a su núcleo familiar.
Según investigaciones periodísticas como las difundidas por el portal CasaMacondo, la denuncia detallaba la adquisición de al menos cinco propiedades a nombre del abogado caldense, cuatro de ellas situadas en la ciudad de Manizales y una más en el municipio de Manzanares. Adicionalmente, el escrito ponía la lupa sobre bienes adquiridos por su esposa, Olga Lucía Ríos Gaitán, y por su hija, María Camila Laverde Ríos. Entre los activos mencionados llamaba la atención un predio ubicado en La Dorada, Caldas, registrado a nombre de la hija en el año 2020, cuando apenas había alcanzado los 18 años de edad, así como un apartamento en la ciudad de Bogotá adquirido en 2022 a nombre conjunto de los tres integrantes de la familia.
Dentro de los señalamientos más específicos de la denuncia se destacaba la transacción de una propiedad en el condominio Los Almendros, también en La Dorada, la cual posteriormente pasó a manos de Jhon Freddy Saldaña Leopardo, un hombre señalado en el documento por sus supuestas afinidades políticas con Laverde y sus presuntos nexos con la red de influencias de Mario Castaño.
Frente a esta maraña de cuestionamientos, la defensa técnica del nuevo contralor, liderada por el abogado Ricardo Gaviria, ha salido al paso asegurando que todas las actuaciones económicas de su prohijado son plenamente justificables y legales. La defensa subrayó que en noviembre de 2024 la Procuraduría General de la Nación tomó la decisión de archivar la investigación disciplinaria que adelantaba por estos mismos hechos. Según el equipo legal, el Ministerio Público no se limitó a un trámite formal, sino que realizó cruces de información con las Oficinas de Registro de Instrumentos Públicos, analizó certificados de tradición y libertad y evaluó minuciosamente la capacidad económica del funcionario. El argumento de la Procuraduría para decretar el archivo radicó en que los ingresos acumulados por Laverde a lo largo de sus ocho años como diputado departamental, sumados a sus salarios posteriores y a sus actividades privadas anteriores, resultaban plenamente proporcionales y suficientes para respaldar las compras efectuadas. Por el lado de la Fiscalía General de la Nación, la denuncia penal no ha registrado avances sustanciales ni formulación de imputación alguna.
Conflictos de interés en el Ejecutivo y señalamientos en el entorno laboral
Las controversias alrededor de la figura de Jorge Eliécer Laverde no se agotan en el terreno del patrimonio ni en las alianzas políticas. Mientras se desempeñaba como secretario general de la Comisión Sexta del Senado —célula legislativa encargada constitucionalmente de tramitar los temas de transporte, obra pública, educación, comunicaciones y tecnologías de la información—, su esposa, Olga Lucía Ríos Gaitán, fue nombrada como asesora dentro del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) durante la administración de Karen Abudinen. Este hecho provocó fuertes críticas de analistas políticos, quienes advirtieron la existencia de una clara puerta giratoria y un potencial conflicto de interés, dado que el funcionario que administraba la comisión parlamentaria encargada de vigilar y legislar sobre el sector TIC tenía a su cónyuge vinculada laboralmente al despacho ministerial sujeto a dicho control.
Por otra parte, la calidad del ambiente laboral y el comportamiento ético del hoy contralor en el ejercicio de sus funciones parlamentarias también se vieron manchados por un grave señalamiento en 2023. En aquel momento, la senadora María José Pizarro hizo pública una denuncia anónima presentada por una mujer que había prestado sus servicios como contratista en la Comisión Sexta. De acuerdo con el testimonio relatado, Laverde habría incurrido en conductas de acoso sexual que incluían acercamientos físicos no consentidos, comentarios inapropiados sobre el aspecto personal de la mujer y un episodio específico de tocamientos indebidos. La denunciante afirmó que tras estos sucesos decidió no volver a las instalaciones de la comisión, sufriendo posteriormente represalias operativas como retrasos e inconvenientes para obtener la certificación y el pago de sus honorarios contractuales.
En su momento, Laverde rechazó de manera tajante las afirmaciones de la excontratista, catalogándolas como una estratagema difamatoria y una denuncia falsa orientada a enlodar su buen nombre. En sus declaraciones públicas sostuvo que dentro de las dinámicas administrativas de la secretaría nunca tuvo a su cargo directo a personal contratista obligado a permanecer hasta altas horas de la noche, desestimando la veracidad de los hechos narrados ante la opinión pública.
El desafío de tomar las riendas del control fiscal del país
Con la toma de posesión fijada para finales de agosto de 2026, Jorge Eliécer Laverde se alista para asumir la dirección de un organismo cuya misión fundamental es la vigilancia sobre la correcta inversión de miles de billones de pesos del presupuesto nacional. La Contraloría General de la República no solo maneja investigaciones de responsabilidad fiscal de enorme calado contra gobernantes, contratistas y altos dignatarios, sino que representa la primera línea de defensa frente a la dilapidación de los recursos públicos.
El panorama que encuentra Laverde al asumir el cargo está marcado por un alto grado de escepticismo ciudadano y por el reto imperioso de demostrar una total independencia frente a los sectores políticos que lo eligieron de forma masiva en el Congreso. Las objeciones referidas a su falta de trayectoria directa en auditoría fiscal, sumadas a la sombra de los procesos archivados y las denuncias públicas, impondrán una presión mediática e institucional sin precedentes sobre su gestión. En los próximos cuatro años, cada decisión del nuevo Contralor General, cada fallo de responsabilidad fiscal y cada auditoría a los grandes proyectos de infraestructura del país serán evaluados bajo la lupa de una opinión pública que exige transparencia absoluta y el fin de las cuotas políticas en los organismos de control.



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