La ONU alerta sobre el devastador impacto ambiental de la IA
- Acta Diurna

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Cada vez que un usuario interactúa con un modelo de Inteligencia Artificial (IA) para redactar un correo, generar una imagen o crear un video corto, se activa una red global de infraestructura física con un apetito voraz de recursos naturales. Un exhaustivo informe publicado por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH) advierte que la rápida expansión de la IA está profundizando las desigualdades globales: mientras las naciones más desarrolladas monopolizan los beneficios económicos, los costes ambientales en agua, suelo, energía y residuos tecnológicos recaen de manera desproporcionada sobre el Sur Global.
"Tendemos a pensar en la IA como software o como algo que existe 'en la nube'. Pero la IA no es solo código", advierte Miriam Aczel, científica de la UNU-INWEH y coautora del estudio. La realidad es mucho más corpórea. Detrás de la tecnología opera una compleja red de centros de datos, cadenas de suministro, minería de minerales críticos y fábricas de chips avanzados que dejan una huella ecológica masiva y poco visible para el consumidor.
El costo oculto de un "clic": el video en el ojo del huracán
El estudio presenta la evaluación más completa hasta la fecha sobre la huella de la IA, expandiendo el análisis más allá del carbono para cuantificar el agua utilizada en la refrigeración y el territorio modificado para la generación de la electricidad que los sostiene. Los requerimientos energéticos varían sustancialmente según la tarea encomendada:
Texto vs. Imagen: Una consulta típica con generación de imagen consume cerca de 2,9 vatios-hora (Wh), unas 60 veces más electricidad que una respuesta corta de texto. Las búsquedas en buscadores asistidos por IA demandan hasta diez veces más energía que las búsquedas convencionales.
El factor video: La creación de contenidos multimedia en alta resolución dispara el consumo por encima de los 415 Wh por clip. «Un único video corto puede consumir tanta electricidad como cientos de imágenes», detalla Kaveh Madani, director de la UNU-INWEH y líder de la investigación.
Cortesía digital: Incluso el lenguaje influye. El informe revela que omitir fórmulas de cortesía hacia la máquina (como "por favor" o "gracias") acorta el procesamiento de las respuestas; un uso más conciso podría ahorrar entre 87 y 98 gigavatios-hora (GWh) anuales en todo el mundo.
Un consumo al nivel de potencias europeas
El crecimiento del sector es vertiginoso. De acuerdo con el documento, si los centros de datos globales se consolidaran como un solo país, su consumo estimado para 2025 (448 teravatios-hora o TWh) los posicionaría como el undécimo mayor consumidor eléctrico del planeta, equiparándose a una potencia como Francia. La IA representa ya el 20% de este consumo tecnológico total.
El impacto local ya genera fricciones regulatorias. En Irlanda, estos complejos consumen el 21% de la electricidad nacional —superando a todos los hogares urbanos combinados—, obligando al operador de red a congelar nuevas conexiones en Dublín hasta 2028. De continuar la tendencia, el consumo de la IA podría escalar a 945 TWh hacia 2030 (el 3% de la demanda mundial), lo que generaría emisiones de hasta 400 millones de toneladas de CO₂ equivalente, consumiría 9,3 billones de litros de agua y devoraría más de 14.000 km² de suelo.
Asimismo, la obsolescencia del hardware plantea otra crisis de manufactura: para 2030, el sector generará hasta 2,5 millones de toneladas de basura electrónica anuales, peso equivalente a unas 250 Torres Eiffel.
La paradoja de las renovables y la brecha del Sur Global
El informe de la ONU desmitifica la idea de que migrar los centros de datos hacia fuentes de energía renovable soluciona el problema de raíz. Una planta de servidores puede ser "baja en carbono" pero continuar demandando volúmenes colosales de agua para sus sistemas de refrigeración, desplazando el estrés hídrico hacia comunidades vulnerables o ejerciendo presión sobre el territorio de manera local.
Esto acentúa una asimetría geopolítica alarmante. El 90% de la infraestructura de computación especializada en IA se concentra en solo dos potencias: Estados Unidos y China. En contraste, más de 150 países carecen de capacidad soberana de cómputo.
«El Sur Global continúa suministrando minerales críticos —el 'combustible' de la cuarta revolución industrial— a los países ricos, que tienen la capacidad económica para desarrollar, instalar y operar la IA», sentencia Aczel. «El sur debe lidiar con la contaminación derivada de la extracción minera sin aprovechar plenamente los beneficios de la IA».
Urgencia regulatoria: "No podemos gestionar lo que no medimos"
Frente a este panorama, las Naciones Unidas hacen una llamada urgente a los gobiernos y corporaciones tecnológicas para que implementen con celeridad un sistema estandarizado de medición y reporte ambiental. La opacidad de los proveedores impide constatar si las mejoras en eficiencia que anuncian en sus campañas de marketing son reales o si simplemente trasladan el daño de una región a otra.
El informe concluye que el objetivo no pasa por frenar la evolución de la Inteligencia Artificial, dada su utilidad en disciplinas como la medicina o la educación, sino por sacarla de su zona de desregulación actual. La ONU insta a diseñar modelos adaptados y compactos para cada tarea específica, reubicar centros de datos en regiones geográficas con menor vulnerabilidad ambiental y concienciar a las organizaciones para que empleen siempre las opciones de procesamiento digital más ligeras y eficientes posibles.



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