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Kaja Kallas recomienda empezar a beber para soportar el mundo actual

Por: Mario Andrés Arturo Gómez



Cuando el filósofo Anaxágoras agonizaba en el exilio, sus amigos le preguntaron si deseaba que trasladaran su cuerpo a su patria después de muerto; entonces el pensador respondió: “no es necesario; de todos los lugares salen caminos hacia los infiernos”.


Cuando a uno le preguntan sobre la actualidad política, no solo de Colombia sino a nivel global, se siente tentado a parafrasear a Anaxágoras, pues basta con leer un periódico, ver un noticiero o analizar las entrevistas a los prohombres de Estado para saber que, desde cualquier parte, el desenlace será el mismo. La política se vació por completo de contenido y todo se reduce a un antagonismo visceral sin sustento.



La semana pasada, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, les dijo a un grupo de políticos que, si bien ella era abstemia, el contexto geopolítico “propiciaba un buen momento para empezar a beber”. Tiene toda la razón la dirigente, pues la abstracción de la realidad que ofrece el vino es una alternativa plausible en estos momentos tan convulsos. Churchill desayunaba con un sándwich y dos vasos de whisky; pero cuando no tenía tiempo, solo se tomaba el whisky. No es una exhortación al desmadre, sino una radiografía para dimensionar la gravedad de lo que sucede. Tampoco es catastrofismo: es la consecuencia del apasionamiento que nos invade al acudir a las urnas.


Trump añora apoderarse de Groenlandia; Delcy Rodríguez condecora al director de la CIA; Milei canta a grito herido con el Chaqueño Palavecino; el ayatolá Jamenei amenaza con un ataque nuclear si es depuesto. Los líderes del tercer mundo no tienen alternativa distinta que sentarse en el umbral a ver pasar el féretro que lleva dentro el derecho internacional. Razón tenía Aristóteles cuando profesaba su admiración por Anaxágoras y decía que, cuando este hablaba, parecía la única persona sobria entre una multitud de ebrios.

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