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Guía completa para entender la función de los testigos electorales



En el complejo engranaje de una jornada de votación, donde millones de papeles se mueven entre urnas y tachaduras, existe una figura que no entrega tarjetones ni cuenta votos, pero que es vital para que usted pueda dormir tranquilo: el testigo electoral.


A menudo confundidos con los jurados, los testigos son, en esencia, los "veedores naturales" del proceso. Mientras que el jurado administra la mesa por obligación legal, el testigo está allí por voluntad de un partido o movimiento político. Su misión es simple pero poderosa: observar, vigilar y, si es necesario, reclamar.



El equilibrio de la desconfianza constructiva


La presencia de un testigo tiene un efecto preventivo inmediato. El sistema electoral colombiano se basa en un modelo de controles cruzados. No se trata de asumir que habrá un fraude, sino de garantizar que el protocolo se cumpla a rajatabla. Al saber que hay ojos externos vigilando cada movimiento, desde la apertura de la urna hasta el sellado de los sobres, se refuerza la cadena de confianza.


El testigo actúa como un puente. Representa los intereses de una campaña específica, pero su campo de juego está delimitado por la ley. Es, en términos prácticos, un ciudadano empoderado que cuida que el voto de su colectividad —y el de todos— se respete.


¿Quién puede ser testigo electoral?


Contrario a lo que se cree, no es un cargo para expertos en leyes. Cualquier ciudadano habilitado para votar puede ser testigo, siempre y cuando no sea jurado de votación en la misma jornada ni tenga inhabilidades legales.


Sin embargo, uno no se inscribe directamente ante la Registraduría. El camino es el voluntariado: el ciudadano se acerca al partido de su preferencia y este, tras verificar su perfil, lo inscribe en la Plataforma Única del Consejo Nacional Electoral (CNE). Este paso es crucial porque, sin la acreditación oficial y el respectivo código QR en el celular o impreso, nadie puede ejercer esta función. El plazo para este trámite suele vencer días antes de la elección (para este ciclo, el límite es el 1 de marzo).


Lo que se puede y no se puede hacer un testigo electoral


El día de las elecciones, el testigo electoral tiene una hoja de ruta muy clara. Su jornada comienza antes de que entre el primer votante, vigilando que la urna esté vacía y que el kit electoral esté completo. Durante el día, su labor es de observación silenciosa.


Lo que sí le está permitido:


  • Observar el conteo de votos tras el cierre de las urnas.

  • Verificar que los datos se pasen correctamente al formulario E-14 (el acta de escrutinio de mesa).

  • Tomar fotos del E-14 una vez finalizado el conteo para que su partido tenga una prueba en tiempo real.

  • Presentar reclamaciones formales ante los jurados si nota errores en la suma o inconsistencias en los nombres.


Las líneas rojas que no puede cruzar:


El testigo es un observador, no un operador. No puede tocar los votos bajo ninguna circunstancia, no puede manipular el material electoral, no puede hacer campaña o usar prendas que inciten al voto, y mucho menos interferir en las decisiones de los jurados o presionar a los votantes. Su poder reside en su voz y en su derecho a dejar constancia escrita, no en sus manos.



El peso de la historia y el salto digital


La importancia de esta figura no es teórica; es histórica. En las legislativas de 2022, fueron las denuncias de los testigos sobre errores en los formularios E-14 las que permitieron recuperar miles de votos y modificar la repartición de curules tras los escrutinios. En un sistema manual como el colombiano, el error humano es frecuente, y el testigo es el primer filtro para detectarlo.


Para facilitar esta tarea, la tecnología ha entrado en juego. La nueva plataforma del CNE no solo agiliza la acreditación con códigos QR, eliminando el papeleo innecesario, sino que permite un seguimiento en tiempo real de quiénes están en las mesas. Además, herramientas como la app Cuentas Claras ahora trabajan en paralelo para vigilar que el dinero que financia a esos mismos testigos y a sus campañas sea transparente.


En conclusión


Ser testigo electoral es, quizás, la forma más activa de participación ciudadana después del voto mismo. No hay salario oficial —aunque los partidos suelen cubrir transporte o refrigerios—, pero hay una recompensa mayor: la certeza de que el resultado final de la urna es el reflejo exacto de la voluntad popular.

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