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Genocidio sobre los palestinos: no "guerra de Israel contra Hamás"

Por: Luis C. Muñoz S.



Difícil empresa la de escribir desde la serenidad, cuando por obvias razones se está dominado por la furia. Desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, va un grito de inconformidad ante la injusticia, de intolerancia frente a la intolerable intolerancia, de protesta contra la desidia del planeta de cara a una invasión, a una tarea de expoliación, a una operación de exterminio y de limpieza étnica. Nada de ello tiene que ver, como ha dicho la prensa occidental, los medios prepagos, la TV al servi(l)cio del Imperio yanqui/sionista, con una ‘guerra de Israel contra Hamás’, ‘una evacuación masiva’ o ‘migración voluntaria’. No. Tiene que ver una violación, que ya repudia el mundo, a los DDHH, al DIH, a las determinaciones de la ONU y a los tribunales de justicia: de la CPI y La Haya: todo, ante la negativa de EE.UU e Israel a reconocer el genocidio; al silencio cómplice de los mass media; a la no reacción del planeta ante un asunto apenas económico, travestido de político/bélico…


No se trata de una mera opinión, la doxa, sino de otra documentada, la episteme, y respaldada por testimonios en directo, y no por vía remota, de fuentes de alta confiabilidad y de textos publicados en órganos de difusión que no tienen la tarea oscura de ocultar o invisibilizar los hechos, mucho menos en afán de negacionismo: antes bien, se trata de visibilizar lo que Rupert Murdoch, Jacob Rothschild y BlackRock, los dueños del 96% de la información que se distribuye en el planeta, con un 70% de ella sin confirmar, cuando no de simple posverdad, ocultan para seguir en su tendencioso prurito gatopardista: cambiar todo para que todo siga igual. De las fuentes a utilizar se extrapola, en lo posible, lo más próximo a los hechos o, si se prefiere, a la (tan esquiva) verdad, esa que cambia tanto de rostro según sea el malevo que la manipule e impida reconocerle su propio DNI. Son ellas, en lo básico, Rebelión, Global Research, Democracy Now! (que de democracia, poco), Red Voltaire, Gara, El Tiempo, etc.


Primero: ¿se trató, más bien, de una masacre de Israel y no de Hamás? A día de hoy, una investigación de la propia policía israelí, sobre el ataque de Hamás al festival de música Nova, frontera con Gaza, se suma a las afirmaciones en el sentido de que el ejército israelí mató a civiles: el relato inicial de 260 personas que Hamás liquidó, ha sido ya revaluado a medida que crecen las demandas de familias judías, no sionistas, que reclaman por sus seres queridos. Como las 42 que denunciaron al gobierno Netanyahu por omitir pruebas que ayuden a esclarecer lo dicho por el líder sionista. En noviembre de 2023 hubo una ceremonia/farsa para despedir a la niña Liel Hezroni, 12 años, del kibutz Be’eri, muerta durante la operación militar que lideró Hamás en la mezquita de Al-Aqsa. No hubo entierro tradicional pues su cuerpo nunca apareció, los sionistas no han investigado ni dicho a su familia cómo murió: los mismos dijeron al inicio que la resistencia palestina mató a 1.400 israelíes ese día.



Incluidos 112 en Be’eri. Pese a que Liel murió ‘el día más oscuro de Israel’, ningún burócrata sionista asistió a las (des)honras fúnebres para ofrecer condolencias a su familia. De todo ello se infiere, es probable que ‘Leil no haya sido asesinad[a] por Hamás, sino por el ejército israelí’. A mediados de noviembre de 2023, Mark Regev, vocero del gobierno sionista, en entrevista con MSNBC, admitió que fue un error la cifra inicial de 1.400 víctimas israelíes en la jornada de resistencia: una revisión del conteo la redujo a 1.200 y ahora un informe policial la ajusta en 364 personas: esto, según el diario oficial Haaretz, al que otra fuente policial reveló que un helicóptero de combate israelí al arribar no sólo atacó a los guerrilleros de Hamás, sino que también disparó contra los asistentes israelíes al Festival. No hay que ser grumete de mago ni aprendiz de brujo, para notar que se trata de un autoatentado no reconocido de forma oficial, pero sí descubierto tanto por medios disidentes del Sistema como por redes sociales.


La foto de edificios destruidos al norte de la Franja de Gaza vistos desde Sderot, Israel, permite captar la ausencia de seres humanos: el macabro/perverso objetivo de Netanyahu: borrar de la Tierra a los palestinos; y la expulsión total de los gazatíes que pregona el ministro de Seguridad Nacional, el sionista Itamar Ben Gvir, así su deportación sea contraria al DIH y cuente con la hipócrita declaración de EE.UU, Francia y España en el sentido de que ‘sus declaraciones son irresponsables’. Asunto que respalda el titular de Finanzas, Bezalel Smotrich, líder del Sionismo Religioso, para quien el 70% de la opinión pública israelí apoya ‘la emigración voluntaria de los árabes de Gaza’ hacia Turquía, Yemen, Egipto e Irán: según él los partidarios de tal ‘solución humanitaria’ captan que un país como Israel no puede permitir que a sólo 4 km ‘de nuestras localidades haya un foco de odio y terror, donde dos millones de personas se despiertan cada mañana con el deseo de destruir el Estado de Israel’.


Segundo: ¿se trata de ‘una guerra de Israel contra Hamás’, como desde el inicio sostiene la prensa hegemónica o de una ‘evacuación masiva’ o de ‘migración voluntaria’ (como dice Smotrich)? Para nada. Se trata de otra Al Nakba o exterminio deliberado, el que ocurre desde 1948 cuando se originó el Estado de Israel, pero se obvió el Estado de Palestina, país que figura en los mapas desde el siglo XVIII, pero al que hoy el negacionismo lo borra de ellos. En efecto, durante una visita privada a París (marzo, 2023), Smotrich negó de plano la existencia de un pueblo palestino: “No hay palestinos porque no hay pueblo palestino”, dijo. Pues bien, mediante una vuelta de tuerca, como en el cine, cabría decirle a Smotrich, Biden y Netanyahu, que así como para el primero de ellos ‘no hay pueblo palestino’, tampoco hay FF.AA palestinas, ni policía, ni tanques, ni aviones ni que en calidad de ocupado, no de ocupante, mucho menos su partido Hamás, también órgano subversivo, guerrea contra Israel.


Pues lo único que hace es evitar la agresión del Estado imperial, sionista. No es cierto que una cosa cruel, aplastar a un pueblo, pueda ser útil pues más allá de inmoral es antiética y contraria/ajena a toda democracia, a todo derecho humano, a toda ley internacional. Los fundadores del sionismo, L. Pinsker y Th. Herzl, creían que el único modo de acabar con el antisemitismo era que todos los judíos del mundo se concentraran en un mismo Estado. Para Pinsker ‘la judeofobia es una psicosis, hereditaria e inevitable’. Herzl, por su parte, periodista austro-húngaro y líder del sionismo, quería ‘normalizar’ al pueblo judío/europeo y que fuera como se concebían los demás en la época: con burgueses, obreros, campesinos. El sionismo erró desde el inicio: no procuró crear un Estado donde había mayorías judías, Rusia y Polonia, para luego reclamar tierras apelando a la autodeterminación popular; se propuso crear un Estado en un espacio desprovisto de judíos y que no estaba deshabitado como muchos creían.


Tercero: ¿se trata de una nueva Al Nakba (Catástrofe) u otro genocidio? En la de 1948 Israel expulsó a 700 mil palestinos. Es probable, por eso no en vano se habla de ‘los misterios del 7 de octubre como detonante de la masacre de Gaza’. Los 75 años de la Convención sobre el Genocidio (ONU, 1948) se corresponden con el genocidio que ahora cierra la Operación Espadas de Hierro: ataque de alta tecnología contra población civil inerme, que se vende como ‘respuesta espontánea a los eventos supuestamente sorpresa del 7 de ocyubre. Para nada: ellos surgieron de un plan muy elaborado que, seguro, implicó el cruce de muchas líneas de demarcación con múltiples intereses, sujetos y entidades súper influyentes. Cada día surgen más testimonios, denuncias y pruebas de que detrás de la actual campaña militar, montada sobre la reforma judicial que Netanyahu pretende imponer al pueblo israelí para librarse de la cárcel por corrupción y por crímenes de lesa humanidad, hay una elaborada conspiración.


La que tiene que ver con incremento de la guerra, compra/venta de armas, negocio de órganos a partir de miles de niños masacrados: por ahora cifrados en menos de 10.000, cuando se sabe que de los 2.300.000 gazatíes, el 35% es población infantil. El 7 de octubre de 2023 al mundo se le dijo que dicha Operación fue para responder a los ‘animales humanos’ de Hamás por lograr una fuga sorpresa de la cárcel, seguida de lo que se tildó como ‘matanza salvaje y vengativa de israelíes’. El cuento chino creció con la idea de que los rambos de Hamás rompieron los muros ultravigilados del recinto de Gaza controlado por Israel; y que tras rebasar los sofisticados dispositivos, por un milagro ‘dejados abiertos y sin vigilancia’ por la Ocupación, emprendieron acciones cuya naturaleza es hoy ‘objeto de mucha controversia’. Para Israel y la mayoría de sus peleles en los mass media, tales rambos acuchillaron, violaron y mataron a cientos de israelíes, no sin antes decapitar a 40 bebés: hoy se sabe que esto nunca pasó.


Así, no se trata de conflicto, guerra, evacuación, sino de invasión, exterminio, limpieza étnica y no por causas religiosas, sino por negocios y tenencia de tierras: la constructora Comsa, de raíces catalanas y expandida por el mundo, y su raro Código Ético, suscrito en junio de 2023 y una Comisión Ética aprobados por su Consejo de Administración, el 27 de septiembre de 2023 licitó y ganó un concurso al que convocó la autoridad sionista para gestionar, equipar y construir la línea azul de tren ligero cuya ruta fijada por ellas va de Jerusalén ocupada a colonia Gilo en zona ídem palestina. Comsa, igual que otras firmas hispanas, CAF, Edreams, GMV, OSSA y Typsa, es un agente activo que facilita y se lucra con la ocupación/colonización de Palestina: dice que sus gestiones se ajustan al ‘respeto a los DD.HH y a las libertades públicas, de acuerdo con las leyes y prácticas internacionalmente aceptadas’. Ante tales desafueros e impunidad, complicidad global y al tiempo desidia, ¿cabe extrañar los actos de los palestinos ocupados?


Cuarto: ¿es lo mismo antisemitismo que antisionismo? ¿Todo antisionista es antisemita? El antisionismo es lo que por antonomasia se opone al sionismo; el antisemitismo se entiende usualmente como odio al judío, es decir, contra todos aquellos de origen semita: el problema es que también los palestinos vienen de Sem, tienen origen semita. De ahí se infiere que, por razones de etnia o grupo biológico, no hay bronca entre palestinos y judíos y aquéllos antes que éstos figuran en el mapa físico y geopolítico desde 1772: Israel apenas desde 1948, como muestra un texto de la BBC y los cambios del territorio palestino en las últimas décadas. El mal llamado conflicto palestino/israelí ha derivado en un choque cada día más fuerte entre el Imperio USA y la resistencia de China, Rusia e Irán, con la cada vez más grande lista de países que se unirán en 2024 a los BRICS, para de paso desligarse del monopolio y la cadena del dólar como moneda única para transferencias económicas, que ya hace rato no opera.



Sin duda, en una sociedad global tan débil frente a los golpes bursátiles de Wall Street y al efecto dominó de los colapsos recurrentes del capitalismo, los verdaderos conspiradores (no los ‘conspiretas’, a los que desvirtúa el Sistema por gritar verdades), entre los que figuran George Soros, Bill Gates y la dinastía Rothschild, ésta encabezada por Jakob, dueño de la prensa y la banca europeas, brincan como ratas más que como liebres a la hora de saquear países, cambiar de regímenes, permitir o tumbar presidentes. El 2 de noviembre de 1917, el canciller británico Arthur J. Balfour en carta al barón Lionel Rothschild, entonces ex diputado inglés y banquero judío, redirigida al movimiento sionista de Herzl, la Declaración Balfour decía que el gobierno de su Majestad contempla el establecimiento en Palestina, igual que en Argentina (plan oscuro e inmediato de Milei con su DNU), de un hogar nacional para el pueblo judío y usará sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de dicho objetivo.


Sionistas muy poderosos financian y siguen manejando la expansión sionista, más que de Israel. A. J. Hall: “La principal técnica de la camarilla bancaria sionista para hacer dinero radica en financiar a ambos bandos de la guerra, una vieja práctica que representa los orígenes de los omnipresentes fondos de cobertura de hoy”. Así, agrega, ‘hay ruedas dentro de ruedas’ junto con ironías sin calculo para despoblar a Israel de los nativos palestinos. Quienes ocupan la cima de autoridad por el lado israelí no reciben órdenes de nadie: Netanyahu, Ben Gvir o Smotrich: “[Ellos] no están sujetos a las operaciones de sus instituciones títeres, como la muy desacreditada ONU [ni] los sistemas relacionados de tribunales internacionales [se dijo] en una era en la que el poder tiene la razón. El dinero es a menudo la vara de medir del poder… para el ejercicio del poder coercitivo”. Los organismos que deben hacer cumplir la ley los componen en su mayoría ‘servidores corruptos de riqueza y poder mal habidos’, concluye.


El profesor Hall tiene razón cuando refiere el descrédito de la ONU, máxime por la carta de renuncia de Craig Mokhiber, director en NY de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los DD.HH, por su última comunicación oficial, en tiempos de gran angustia para el mundo y muchos colegas. Otra vez un genocidio se desarrolla ante sus ojos y la entidad a la que sirven parece impotente para detenerlo. Como quien investigó los DD.HH en Palestina desde 1980, vivió en Gaza como asesor de la ONU en la década de 1990 y cumplió varias misiones de lo mismo en EE.UU antes y después, ‘esta situación me afecta personalmente’. En dichas oficinas trabajó durante los genocidios contra tutsis, musulmanes bosnios, yazidíes y rohinyás y a medida que se asentaba el polvo sobre los horrores causados a miles de civiles indefensos, se hizo muy evidente que fallaron en su deber de cumplir con la orden de prevenir atrocidades masivas, proteger a los vulnerables y hacer que los perpetradores rindan cuentas.


Hall concluye: “Lo mismo ha ocurrido con las sucesivas oleadas de asesinatos y persecución de palestinos a lo largo de la existencia de [la ONU]. Alta Comisionada, estamos fracasando una vez más”. Mokhiber también asevera que Israel efectúa ‘una potente propaganda’ para figurar como sucedáneo del pueblo judío y pasar así toda crítica como antisemitismo: lo que no pasa con las críticas a Arabia Saudí o Birmania, que no son vistas como islamofobia o antibudismo.. Podría decirse que se habla mucho de DD.HH, pero poco de deberes humanos, a la cabeza de los cuales está lo que no se hace: respetar los DD.HH. Parece obvio, pero los únicos países que los respetan son los que no viven con el prurito de invadir, expoliar o demoler a los otros por evidentes razones de convivencia, empatía, tolerancia. Claro, no sin descartar aquí a algunos hombres que apenas mejoran al mundo cuando lo dejan: H. Kissinger, fue uno. ¿Se detendrán ahora en su empeño genocida Joe Biden y Ben Netanyahu?


Quinto: ¿puede hacerse algo aún para reversar los yerros históricos de la ONU? ¿En una época en la que la razón de Estado, del Imperio gringo/sionista, y el dinero son la medida del Poder, podrán frenarse sus desafueros? ¿Aun dominado por la indignación es posible escribir desde la calma? Para responder a estas inquietudes, tal vez sirva recurrir a los diez puntos que dejó Mokhiber, al renunciar a su puesto.


1. Acción legítima: la ONU debe abandonar el paradigma fallido/falaz de Oslo, su solución de dos Estados, su Cuarteto impotente y cómplice, y la subversión del derecho internacional al diktat de sus supuestos méritos políticos: “Nuestras posiciones deben basarse de forma inequívoca en los DD.HH y en el derecho internacional”.


2. Una visión clara: dejar de fingir que se trata apenas de un conflicto territorial [y lo es] o religioso entre dos partes en pugna y admitir la realidad de la situación: que un Estado con poder ilimitado coloniza, persigue y despoja a una población por su etnia.


3. Establecer un Estado único, democrático y laico en toda la Palestina histórica, con igualdad de derechos humanos para cristianos, musulmanes y judíos y, así, desmantelar el proyecto colonialista, profundamente racista para dar fin al apartheid en todo el territorio.


4. Lucha contra el apartheid: hay que reorientar todo esfuerzo y recursos de la ONU a luchar contra él, como se hizo con Sudáfrica en las décadas de 1970, 80 e inicios de la del 90.


5. Retorno e indemnización: debe reafirmarse e insistir en el derecho al retorno y a la plena indemnización para todos los palestinos y sus familias que viven hoy en los territorios ocupados, el Líbano, Jordania, Siria y la diáspora en todo el mundo.


6. Verdad y justicia: exigir un proceso de justicia transicional, que aproveche al máximo las décadas de investigaciones e informes acumulados por la ONU, a fin de documentar la verdad y garantizar que todos los criminales rindan cuentas, compensar a todas las víctimas y reparar todas las injusticias documentadas.


7. Insistir en el despliegue de una fuerza de protección ONU con recursos suficientes y un mandato firme para proteger a los civiles desde el río hasta el mar.


8. Abogar por la retirada y destrucción de los arsenales masivos de armas nucleares, químicas y biológicas de Israel, para evitar que el conflicto lleve a la destrucción total de la región.


9. Reconocer que EE.UU y otras potencias de Occidente no son mediadores creíbles sino partes en el conflicto, que son cómplices de Israel en violar los derechos palestinos y hay que enfrentarlos como tales.


10. Abrir las puertas de ONU, y de la Secretaría General, a defensores de DD.HH palestinos, israelíes, judíos, musulmanes y cristianos que se solidarizan con Palestina y sus derechos, y así poner fin al flujo sin control de grupos de presión israelíes a las oficinas de líderes de la ONU que abogan por seguir la guerra, la persecución, el apartheid y la impunidad, mientras denigran a defensores de la ONU por su postura de principios sobre los derechos palestinos.


Nada extraño que la propuesta de Mokhiber, en otra vuelta de tuerca, irónica, caiga en el vacío, toda vez que la ONU opera por inercia en perjuicio y no a favor de la mayoría de los 193 países miembros del ente ‘multilateral’. Máxime si se sabe que, de 15 países miembros del Consejo de Seguridad, apenas cinco (no Cuarteto impotente y cómplice: Mokhiber) tienen poder de veto y asiento permanente (los otros son no permanentes). Si uno solo de ellos vota en contra, el organismo no puede tomar ninguna decisión: esos cinco grandes o P5 son: EE.UU, China, Francia, UK y Fed. Rusa. Los dos que más han abusado del veto son EE.UU y Rusia: esta vetó, no sin razones, la imposición de sanciones al Gobierno de Siria en el contexto no de ‘la guerra en ese país’, como se dice, sino por la invasión de EE.UU. País que, vía Trump, negó el traslado de su embajada en Israel a Jerusalén en 2017, pese a que en 2016 Obama no vetara la condena de los asentamientos israelíes en suelo palestino



En conclusión, no hay guerra de Israel contra Hamás, ni conflicto alguno, evacuación masiva o migración voluntaria; tampoco se trata de disturbios religiosos o de choques entre los pueblos de Israel y Palestina; no, se trata por contraste de invasión a un país que no se ha querido reconocer como tal, en detrimento de su población nativa; de violación a las más elementales normas del DIH, a la Convención de Ginebra, a los Acuerdos de París; en fin, de limpieza étnica, genocidio, silencio cómplice de los medios masivos, sin olvidar la desidia del mundo a reaccionar de forma eficaz, y no con marchas ni banderas, frente a un ataque de alevosía, violencia sin nombre, xenofobia e intolerable intolerancia. Se trata, en últimas, de un asunto sobre todo económico y por posesión de tierras, travestido de político/bélico y religioso. Hay que resistirse al negacionismo histórico y procurar visibilizar lo que la prensa hegemónica calla, de forma interesada, en favor del gatopardismo imperial gringo/sionista…


Quince días después del presunto ‘ataque de Hamás contra Israel’, ya fue desmentido: no fue más que un ardid montado por el propio ejército israelí, que obedece al diktat clandestino pero legal de Netanyahu y sus cómplices: el mayor, Biden. Hoy surge una imagen más clara: según el medio oficial hebreo Haaretz, en lugar de la masacre de civiles a gran escala que reivindica, casi la mitad de víctimas israelíes del 7 de octubre de 2023 era, en realidad, de combatientes, soldados o policías: ‘fuego amigo’, que llaman. En paralelo, dos semanas de generalidades, por cuenta de la prensa Occidental, vía Murdoch, Rothschild, BlackRock, en el sentido de que Hamás ‘violó, descuartizó y mató’ a más de 1.400 ‘civiles israelíes’ en su presunto ataque militar, dieron pie a una vulgar e injustificada venganza sionista sobre Gaza y, más allá, sobre la población civil palestina: ante todo sobre gran parte de 1.100.000 niños y la mayoría de los 36 hospitales de la Franja. Así, no es sino el atroz genocidio de palestinos.


La forma en que Occidente, vía prensa y gobiernos, condenó el ataque de Hamás hizo surgir la idea del derecho sionista a la ‘autodefensa’. Perogrullo: ‘¿De qué se defiende Israel si no sólo ataca, sino ocupa, expolia y expulsa?’ De ahí la cuña militar para satanizar a Palestina que hizo de 2.3 millones de gazatíes y millón y pico de niños presa ideal del morbo mediático, objeto central del fascismo, fin de secuestros y masacres en Cisjordania, también ocupada por Israel. En alarde de Poder, Y. Gallant, MinGuerra israelí, dijo: ‘Estamos imponiendo un bloqueo completo de Gaza. Sin electricidad, comida, agua, combustible. Cortamos todo’. Y llamó a los gazatíes animales humanos. La crisis hizo de Gaza ‘el lugar más peligroso del planeta para un niño o una niña’, dijo C. Russell, Dir. Ejecutiva de UNICEF. G. Kanafani: “La causa palestina no es una causa sólo de los palestinos, sino de toda/o revolucionaria/o, doquiera que esté, como una causa de las masas explotadas y oprimidas de nuestra era”.

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