crossorigin="anonymous">
top of page

El riesgo de estallido social por el desmonte de derechos

hace 2 horas
3 min de lectura

Por: Germán Peña Córdoba



Desde tiempo inmemorables la consecución del agua no ha sido fácil y menos fácil si es agua potable. El agua, líquido vital para la vida, a futuro no estará garantizado y su eventual escasez será la fuente de todos los conflictos. Dicen que América Latina posee el 13% de los recursos planetarios. Tenemos grandes fuentes hídricas de manera superficial representadas por nuestros caudalosos ríos e igualmente poseemos inmensos yacimientos de aguas subterráneas que eventualmente se extinguirán si se adopta el fatídico fracking. El agua será el foco de todas las miradas, el punto de disputa dentro de todo lo que se nos vendrá encima en un relativo corto plazo.


Pero no quería decir esto; de manera involuntaria se me salió el progresismo que respiro bien profundo. Es algo inevitable. Lo que quiero expresar es el aforismo que tanto le escuché a mi abuela Petrona Oliveros de Peña y que lo he experimentado en carne propia:



¡Tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe!


Si lo anterior lo interpretamos de manera literal quedaría de la siguiente manera: en épocas pretéritas la gente iba muchas veces a la fuente con una vasija con la cual recogía agua; el cántaro o recipiente se desgastaba poco a poco por el uso continuo; de tal manera, que en cualquier momento la vasija colapsaba. Todo fatiga y cuando mucho se repite se convierte en rutina. Si quieres matar el amor conviértelo en rutina, en este caso se mata la vasija...


¡Esa es la metáfora!


Si lo interpretamos de manera amplia y nos sustraemos de lo formal o literal, y le inoculamos poesía, y fluidez y de paso deformamos la realidad y el lenguaje, podríamos decir que el abuso no suele ser eterno porque se corre el riesgo que el abusado se levante y rompa las cadenas que lo mantienen atado a él. El maltratado se libera y ejerce su derecho a sublevarse ante la injusticia. Ahí es cuando el cántaro que contiene el oprobio, la opresión y el derecho conculcado, va tanto al agua que se rompe y el rompimiento irá acompañado de una gran inconformidad y una masiva movilización.


No lo minimices ni lo subvalores; es lo que se está gestando y a punto de eclosionar, si este desgobierno no modifica sus posturas, que haciendo de la chicanería, la pompa, la superficialidad y la amenaza una forma de gobernar equivocada:


¡Tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe!


Hoy lo observamos en lo poco que ha transitado el desgobierno: la gente se está cansando. Si quien lo preside fuera un poco inteligente, lo comprendería en el acto y daría un giro de 180 grados. No se sorprenda, amigo lector, si no menciono su nombre: existe una inconformidad profunda sobre el rumbo actual del país.


Y para finalizar.


Una de las personas que más he admirado en mi vida se llama Carlos Gaviria Díaz. Carlos Gaviria fue magistrado de la primera Corte Constitucional, después de haber sido creada por la Constitución de 1991. Luego, se vinculó a la política por el partido Polo Democrático, se lanzó a la Presidencia de la República y obtuvo la más significativa votación de la izquierda en su momento. Uno de los grandes avances que estableció la Constitución del 91 fue la acción de tutela. No se valora lo que evita la tutela en cuanto a la resolución de conflictos, que pueden desencadenar en violencia. A raíz de las demandas masivas de tutelas por violación de derechos, un periodista de esos acomodados, que abundan, le preguntó al doctor Carlos Gaviria:


—¿Dr. Gaviria, no cree usted que en Colombia existe mucha "tutelitis"?


Gaviria contestó:


—Señor periodista, existe mucha tutelitis porque en Colombia existe mucha "abusitis".



¡Contundente Carlos Gaviria Díaz!


Mucho "abusitis" estamos viendo en cuanto a desmonte de derechos, amenazas de represión y cancelación de la libertad de expresión.


Tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe.


ADENDA: Persisten las discusiones jurídicas e institucionales sobre los decretos laborales y del salario mínimo, donde la ciudadanía espera fallos claros sin maniobras políticas para ganar indulgencia con camándula ajena. ¡Pura viveza!

Comentarios


bottom of page