El periodismo, la caricatura política y la censura en Colombia
- Acta Diurna

- 27 jul
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SERIE ESPECIAL: HISTORIA DE COLOMBIA

Existe una máxima no escrita en nuestra historia: cuando el dolor de la realidad colombiana se vuelve insoportable, el país se refugia en la risa. La sátira política, el periodismo incisivo y la caricatura no han sido meros pasatiempos en Colombia; han sido el termómetro de nuestra democracia y, a menudo, el último bastión de la verdad frente al abuso de poder.
Como herederos de la tradición de la imprenta y la palabra libre, este cuarto artículo de contexto es un homenaje y una advertencia. Contar la historia de nuestros cronistas y dibujantes es también contar la historia de las mordazas, los cierres de imprentas y las balas con las que el poder ha intentado —sin éxito— apagar la ironía nacional.
Los pioneros del ácido y la tinta (Siglo XIX)
La República nació con un periódico bajo el brazo. Antes de que cayera la última gota de sangre en Boyacá, las ideas ya se batían en duelo tipográfico.
Antonio Nariño y el periodismo de combate: Considerado el padre del periodismo político en el país, fundó La Bagatela en 1811. A punta de pura sátira y crítica feroz, Nariño demostró el poder de la prensa al tumbar el gobierno del presidente Jorge Tadeo Lozano en plena Patria Boba.
José María Espinosa: El prócer y pintor que no solo combatió en las filas patriotas, sino que dejó las primeras caricaturas fisonómicas del siglo XIX, retratando con humor los rostros de la naciente élite republicana.
Alberto Urdaneta y el Papel Periódico Ilustrado (1881): Un hito técnico y artístico que abrió las puertas al grabado y la ilustración formal, permitiendo que la crítica visual tuviera un rostro sofisticado.
Alfredo Greñas, el azote de la Regeneración: A finales del siglo XIX, Greñas usó su periódico El Zancudo para ridiculizar el gobierno centralista y católico de Rafael Núñez. Sus caricaturas eran tan temidas que el gobierno terminó por encarcelarlo y desterrarlo del país.
La edad de oro del humor trágico y la caricatura clásica
El siglo XX trajo consigo la masificación de los diarios y, con ella, la consolidación de la caricatura como editorial político inapelable.
Ricardo Rendón, el genio trágico: Considerado el caricaturista más influyente de la historia nacional. Con un trazo limpio, geométrico y letal, Rendón desmanteló la retórica de la "Hegemonía Conservadora" en las décadas de 1910 y 1920. Sus dibujos en El Espectador y El Tiempo sobre la Masacre de las Bananeras o la corrupción estatal eran tan devastadores que los políticos los temían más que a un discurso de la oposición. Su suicidio en 1931 dejó un vacío nunca llenado.
Adolfo Samper (Merino): Creador de Mojicón (la primera historieta colombiana) y un caricaturista político que navegó las turbulentas aguas de los años 30 y 40 con un humor costumbrista y agudo.
Klim (Lucas Caballero Calderón): Desde las páginas de opinión, Klim elevó la columna periodística satírica a la categoría de obra de arte. Nadie escapaba a su prosa elegante y destructiva, que desnudaba la hipocresía de las élites liberales y conservadoras por igual.
Pepón (Héctor Moncayo): Con su trazo barroco y lleno de detalles, capturó las contradicciones del Frente Nacional y la tecnocracia de la segunda mitad del siglo XX.
El garrote de la censura oficial: Ejemplos históricos
El poder en Colombia rara vez ha encajado bien el humor o la disidencia. La censura ha mutado de leyes dictatoriales a decretos presidenciales de excepción.
La Ley de los Caballos (1888): Bajo el gobierno de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, se emitió el Decreto 151, bautizado popularmente como la "Ley de los Caballos". Esta norma otorgaba al Ejecutivo el poder de clausurar de forma preventiva y sin juicio cualquier periódico que, a su juicio, "subvirtiera el orden público" o criticara la Iglesia. La oposición escrita fue virtualmente borrada del mapa.
El apagón de Rojas Pinilla (1953-1957): La dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla aplicó una de las censuras de prensa más brutales del siglo XX. Creó la Oficina de Información y Prensa (ODIPE), encargada de revisar cada página antes de entrar a la rotativa.
En 1955, el gobierno clausuró El Tiempo. Para sobrevivir, el diario tuvo que circular bajo el nombre de Intermedio.
Poco después, El Espectador fue cerrado tras asfixias financieras fiscales y censuras directas, reapareciendo bajo el nombre de El Independiente.
Incluso el diario conservador El Siglo sufrió la persecución del régimen militar.
La censura de las balas: El narcoterrorismo y el magnicidio de la risa
A finales del siglo XX, la censura en Colombia dejó de ser un asunto de decretos burocráticos y pasó a ser dictada por el plomo de las mafias, el paramilitarismo y las guerrillas.
Guillermo Cano Isaza (1986): El director de El Espectador encarnó el periodismo valiente que denunció el ascenso de Pablo Escobar cuando muchos callaban. Su asesinato a manos de sicarios del cartel de Medellín fue el ataque más directo al corazón de la prensa libre, complementado en 1989 con un carro bomba que destruyó las instalaciones del periódico.
Jaime Garzón (1999) y el magnicidio de la risa: Garzón revolucionó la sátira política en televisión a través de personajes como Heriberto de la Calle, Dioselina Tibaná o Godofredo Cínico Caspa. Logró lo que nadie más pudo: hacer que el país se riera de sus propios verdugos en sus caras. Su asesinato el 13 de agosto de 1999 por orden de jefes paramilitares en complicidad con agentes del Estado fue la censura definitiva al humor político televisivo. Su muerte silenció una forma de pedagogía nacional que aún extrañamos.
El lienzo contemporáneo: Voces vivas y nuevos cercos
Hoy en día, la tradición de la tinta ácida sigue viva a través de una generación diversa de artistas gráficos y periodistas que resisten en periódicos y entornos digitales:
Héctor Osuna: Con décadas de trayectoria, sus caricaturas fisionómicas son el retrato histórico de los hilos del poder en Colombia.
Vladdo (Vladimir Flórez): Creador de Aleida y un referente de la sátira política que, con un estilo minimalista, disecciona el acontecer nacional.
Matador (Julio César González): Sus trazos irreverentes y populares generan intensos debates nacionales diarios en las redes sociales.
Chócolo (Harold Trujillo), Nadim, Mico y Bacteria (Carlos Mario Gallego): Maestros del humor gráfico contemporáneo que incomodan al establecimiento desde diversos espectros editoriales.
Elena Ospina y Pili (Pilar Berrio): Voces femeninas fundamentales que han roto el monopolio masculino de la caricatura en el país, aportando miradas críticas y agudas sobre la sociedad actual.
Consuelo Lago: Creadora de la icónica Nieves, un personaje que durante décadas ha reflexionado con ternura e ironía sobre el sentir de la nación.
Los retos del presente: El acoso judicial y económico
La censura moderna ya no siempre usa fusiles o decretos de cierre; ahora utiliza el acoso judicial. Demandas millonarias por injuria y calumnia interpuestas por políticos, el retiro de pauta publicitaria estatal como castigo a líneas editoriales incómodas, y las amenazas en regiones apartadas documentadas año tras año por la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), configuran el mapa de riesgo actual.
La historia de Colombia nos demuestra que los gobiernos pasan, las dictaduras caen y los imperios criminales se desmantelan, pero la palabra libre y el trazo irreverente siempre sobreviven para contar el final de la historia. Por eso reafirmamos nuestro compromiso con el legado de Nariño, Rendón, Cano y Garzón ¡Que ruede la rotativa!



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