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El modelo económico en Colombia no es competitivo



Las reformas son necesarias para que el capitalismo mundial pueda ser más competitivo. La competitividad del capitalismo se basa sobre el avance de ciencia y la tecnología y la aplicación de esta última en las relaciones de producción.


El presidente Petro es un liberal progresista, pequeño burgués. Ese perfil del Jefe de Estado no habla mal de él. No tiene nada de malo ser lo que es, en su caso. Es un reformista porque esa es su naturaleza liberal progresista. La naciente burguesía de la Revolución Francesa también era progresista. En vísperas de ese evento, en Francia, el régimen feudal entronizado impedía el avance del capitalismo industrial (con los avances tecnológicos de ese momento que le dieron vida) porque estaba concebido para el lucro parasitario de los señores feudales mediante la renta de la tierra. Los potenciales capitalistas eran los campesinos, pero el señor feudal acaparaba la mayoría de las ganancias con solo extender la mano para cobrar la renta.



Dentro de la democracia liberal propender por reformas van en sintonía con el avance tecnológico de los medios de producción que rompen con el estrecho marco de las relaciones de producción. La globalización requiere cambios en la economía meramente rentista (petróleo, carbón y narcotráfico) y semi feudal de Colombia y Gustavo Petro va en el camino correcto, interpreta cabalmente el libreto del nuevo modelo económico que impulsa el capitalismo mundial. Se fortalece el capitalismo en términos globales con nuevos tipos de mercado. El avance requiere obligatoriamente reducir la brecha entre ricos y pobres, forjar unas nuevas relaciones de producción necesarias para los cambios competitivos globales. Aquí encaja simétricamente la aprobación del Banco Mundial a la reforma laboral y pensional impulsada por el presidente Gustavo Petro. Se entiende que es un paso adelante. Necesitaríamos ser brujos para saber si ese paso de ruptura nos llevaría a un tipo de sociedad socialista. Lo dudo.


Ahora bien, el presidente Petro gobernará con sus amigos de confianza y seguramente los pondrá en puestos claves, eso también es comprensible.


Este tipo de cambios no obedecen a la voluntad de Petro, sino al avance tecnológico de los medios de producción en un mundo globalizado que ya ocurre en otros países desarrollados y emergentes. Si comprendemos que el Estado es un aparato de dominación es fácil deducir que las reformas se hacen para que el capitalismo siga reinando, pero también que, indirectamente favorecen a los trabajadores porque se modernizan las relaciones de producción en donde todos ganan, unos más que otros.


Lo que no admite o toleran estos cambios por fuerza de la globalización es la corrupción galopante dentro de la institucionalidad estatal y dentro del gobierno nacional del que se espera lidere estos cambios, porque el proceso se truncaría.


El capitalismo global para seguir existiendo recurre a la competencia y el avance vertiginoso de la tecnología es su punta de lanza. Así por ejemplo, los mercados virtuales, corresponden a la Era del Internet. El último avance, la tecnología G-5, mejorará la conectividad y permitirá, por ejemplo realizar intervenciones quirúrgicas tele asistidas, desplegar nuevas flotas de vehículos autónomos y coordinar los trabajos agrícolas a través de sensores instalados en distintos puntos de un campo de cultivo.


Por otro lado está la inteligencia artificial derivada de los descubrimientos de las ciencias computacionales; mientras que la nanotecnología es útil en la producción de energía solar. Asimismo, el hidrógeno verde producido a partir de agua y energías renovables, siendo la energía solar y eólica la más amigable con el medio ambiente. No hay lugar a dudas, las empresas que utilicen hidrógeno verde, porque es más barato, en los procesos productivos serán más competitivas y sobrevivirán.


En un nuevo modelo de producción no caben los terratenientes, ni los banqueros usureros y despilfarradores del ahorro de los trabajadores, ni los que viven de las rentas producidas por el comercio ilegal de narcóticos, ni la corruptela de clanes políticos y sus cortesanos que no producen nada y por el contrario viven como parásitos del erario. A no ser que cambien sus mentes retrogradas y se adapten a un capitalismo mucho más moderno y competitivo. Si se adaptan para no quedar al margen, verán que desaparecerá la estupidez de diferencias ideológicas. Cejará la polarización insensata. Porque no hay razones para que exista ni una derecha estúpida ni una izquierda soberbia y por soberbia, estúpida también. Hasta ahora, los representantes de esos factores reales del poder retardatario se resisten a los cambios y utilizan los grandes medios de comunicación para oponerse estúpidamente y controlar a grandes mayorías de ciudadanos que viven en la oscuridad de la ignorancia.


En Colombia al monstruoso capitalismo le está brotando un nuevo molar y ese cambio

no deja de ser doloroso.


Modernizar la obsoleta maquinaria estatal significa, también,  crear las condiciones

seguras para la inversión extranjera.



Se acepta el enroque. El quítate tú para ponerme yo dentro del nuevo gobierno, pero

el enroque debe ser ambicioso y contar con los más capaces y los menos corruptos.

Solo así saldremos del oscurantismo medieval...Si estamos vivos, nos veremos en el

capitalismo del futuro. Ojalá haya futuro.


Colofón


Es necesario comprender a los actores beneficiarios del gobierno Petro. Por un lado

están los burócratas cercanos al poder, los que ya están adentro y los que intentan

entrar (por nombramiento o por elección popular) y por otro lado están las inmensas

mayorías de ciudadanos para quienes las reformas son urgentes. Para esas mayorías

ciudadanas el apoyo al presidente es casi que una obligación, por razones obvias.

Mientras que para algunos burócratas los cambios no son un fin para salir del atraso,

sino un medio para enriquecerse y esas conductas que buscan, únicamente, privilegios

serán siempre obstáculos perniciosos.

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