El insulto de Abelardo De la Espriella a la ética y al periodismo
- Acta Diurna
- hace 20 horas
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Por: Juan Carlos Pérez Polo

La carrera hacia la Casa de Nariño en 2026 ha tomado un giro sombrío, no por la profundidad de los planes de gobierno, sino por la bajeza de las formas. Lo ocurrido recientemente en los sets de Noticias Caracol y en diversos micrófonos radiales no es solo un "momento tenso" de campaña; es la radiografía de un candidato, Abelardo De la Espriella, que confunde el liderazgo con la intimidación y la solvencia jurídica con la soberbia personal.
El ataque frontal contra la periodista María Lucía ‘Malú’ Fernández, a quien el abogado calificó de "ignorante" y "venenosa" tras ser cuestionado sobre la relación entre el derecho y la ética en su eventual gobierno, revela una preocupante incapacidad para el escrutinio público. Cuando un aspirante a la presidencia responde con adjetivos descalificadores ante preguntas fundamentales sobre la moralidad del poder, lo que realmente está gritando es su desprecio por los contrapesos democráticos.
"La respuesta de De la Espriella ante la crítica no es el argumento, sino el ataque personal. Una estrategia que busca silenciar al mensajero para no tener que explicar el mensaje."
No se trata de un hecho aislado. La condescendencia mostrada en otros espacios, como su interacción con periodistas de Blu Radio o sus comentarios desobligantes hacia figuras de su propio espectro político como Paloma Valencia —a quien cuestionó por su supuesta falta de control sobre su partido—, dibuja un patrón de comportamiento misógino y autoritario.
Néstor Morales, en un inusual gesto de firmeza, tuvo que salir al paso de lo que muchos consideran una "estrategia de tierra arrasada" donde el respeto a la prensa es el primer daño colateral.
¿Se puede gobernar sin ética? Esa fue la chispa que incendió la entrevista. Para De la Espriella, la pregunta pareció una ofensa personal digna de un litigio de honor, cuando para el ciudadano es una duda legítima. Su postura de "outsider no contaminado" se desmorona cuando utiliza las herramientas más rancias de la vieja política: el matoneo mediático y la descalificación del otro por su género o su oficio.
Colombia no necesita un presidente que vea en cada pregunta un ataque y en cada periodista un enemigo. El liderazgo requiere piel gruesa y, sobre todo, la altura necesaria para debatir ideas sin necesidad de pisotear la dignidad de quien interroga. El "estilo De la Espriella" podrá generar clics y titulares, pero le debe al país una respuesta que no sea un insulto.