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El amor es una contradicción

Por: Nerio Luis Mejía



Ese sentimiento que nace de lo más profundo del alma

es, tal vez, la mayor fuerza que mueve al mundo.

Por amor se promete y se cumple,

superando obstáculos que están más allá

de la razón y de la fuerza humana.

Por amor se resiste,

se acepta o se niega lo contrario a él.

Sin embargo, cuando esa misma fuerza cambia de dirección,

ocurre todo lo contrario: una completa distopía.

Donde hubo fuerza y esperanza,

una vez que desaparece el amor, solo queda fragilidad y decepción;

se pierde el interés por continuar en el camino de la vida,

al cual, después de todo, llegamos solos.

El amor es la mayor fuerza destructiva

cuando cambia el curso del idilio.

He visto hombres con grandes sueños,

algunos que se aventuran a dominar el mar profundo

y a conquistar los cielos;

guerreros que han salido airosos de las más brutales batallas...

pero su debilidad siempre reside en el amor.

La soledad, la culpa, la tristeza y la desilusión

tienen sus orígenes en amores no correspondidos

o en aquellos que se marchitaron.

Es difícil imaginar cómo un ser humano

crea una dependencia de otro solo por una interconexión remota,

muchas veces hacia alguien desconocido,

pero alimentado por un sentimiento indescriptible

que no solo se manifiesta: se vive con tal intensidad

que termina dependiendo de otro triste mortal,

alguien que, con tan solo aceptar sus pretensiones, lo hace feliz.

Qué difícil —o imposible— sería imaginarnos el mundo

sin la presencia del amor.

Nadie le escribiría a las tardes grises,

ninguno le compondría un solo verso a las noches de luna llena,

ni al cantar de los pájaros,

mucho menos al revolotear de las mariposas.

Sería un universo inexistente, habitado por la oscuridad

en el más absoluto silencio, donde no habitaría ni el caos;

porque para entender la vida y nuestro paso por ella,

es necesario el amor.

No solo el que despiertan en nosotros los hombres y las mujeres:

existe el amor a la familia, a los paisajes, a la naturaleza en su conjunto.

Pero el más fuerte de todos es el que despierta el deseo de acariciar otra piel;

el que, a través de los besos, logra polinizar el alma

que habita solo en las rosas del amor;

el que hace de los recuerdos un verdadero viaje en el tiempo

donde no existe otro ser que aquel que complementa nuestra vida.

No es casualidad que esa corta palabra

sea la causa de millones de páginas guardadas en bibliotecas,

de la existencia de infinitas canciones

y de miles de historias sobre quienes se han convertido en mártires

de este, el sentimiento más intenso.

Una verdadera contradicción entre amar y sufrir,

aquello que compartimos en común todos los seres humanos.

Por ello, ya no sé si escribir:

«¡Viva el amor!»,

o rogar:

«¡Cesen los sufrimientos causados por él!».

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