El alto precio de informar en Colombia
- Acta Diurna

- 13 may.
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Por: Nerio Luis Mejía

Un reclamo al Estado colombiano, especialmente a la justicia, por el pobre interés en esclarecer las amenazas y asesinatos de periodistas. La muerte de Mateo Pérez Rueda no debe convertirse en una cifra más que engorde las estadísticas de la violencia en Colombia, mientras sus asesinos terminan gozando de privilegios, como ha ocurrido a lo largo de nuestra historia por culpa de fracasados procesos de paz que han convertido el aparato judicial en la mayor cortina de impunidad.
En medio de una sociedad convulsionada y unas instituciones en crisis que intentan zafarse de la corrupción y la violencia, aparecen mujeres y hombres valientes: los periodistas. Ellos desafían el miedo y abren una ventana para que se escape la verdad, esa verdad que los actores armados y la corrupción pretenden mantener secuestrada. Una vez liberada, millones de colombianos que creen en el cambio se atreven a opinar, sembrando pánico entre los criminales que responden con violencia al oficio de informar. El periodismo no es solo un oficio: es la voz que invita, el oído que escucha y el medio que transmite la esperanza de quienes sueñan con construir un mejor país.
Este ejercicio es la manifestación de la sociedad y su derecho a informarse. Por ello, quienes pretenden intimidar a los periodistas fracasan en su intención de silenciar a quienes están dispuestos a sacrificar sus vidas, no solo por una profesión, sino por la convicción en lo que hacen. El buen periodismo no debe estar al servicio de grupos empresariales, partidos políticos ni mucho menos de criminales que han sido su mayor amenaza. Tampoco puede prestarse como plataforma de ataque contra quienes tocan los intereses de sus patrocinadores. El papel del periodista va mucho más allá de informar: la sociedad deposita en él la confianza en la noticia, esa que se construye bajo criterios de veracidad y responsabilidad, y que nos permite dibujar nuestro propio concepto alrededor de la información.
La muerte de un periodista no solo duele: produce repudio y deja un vacío inmenso que difícilmente se llena con más comunicadores egresados cada año. Cada periodista es único en su estilo, crea su propio sello, ese que ni la muerte misma podrá borrar. Ante el asesinato del joven periodista Mateo Pérez Rueda debemos preguntarnos: ¿en qué país vivimos y hacia dónde vamos? No podemos tolerar ni aceptar el crimen de nuestros periodistas como si fuera una nota informativa más. Con su muerte se pretende silenciar una verdad necesaria para la sociedad y temida por los criminales. En Colombia debemos proteger a quienes se atreven a divulgar lo que algunos quieren mantener en secreto. Las letras y las voces que incomodan exigen una respuesta del Estado y de la sociedad en la garantía al derecho de vivir.
El periodista informa, genera debates y opiniones. Por eso es tan importante su trabajo: investigar, redactar, editar requiere el compromiso de un equipo técnico y humano que da lo mejor de sí, exponiendo sus vidas al desnudo. Están expuestos a los ataques cuando tocan los nervios sensibles de quienes amedrentan a la nación, sin poder defenderse. Ese es el precio que se paga no solo por el oficio, sino por el sacrificio de valientes como Mateo, que persiguen la noticia hasta en la más tenebrosa selva, para que otros recibamos la información desde la comodidad. Lo que debería terminar en abrazos, muchas veces nos arrebata la vida a balazos, ante una violencia que no tolera ser desenmascarada.
El periodismo en Colombia no es solo oficio: es resistencia, es memoria y es vida puesta al servicio de la verdad. Cada periodista que cae nos recuerda que la palabra puede ser más peligrosa que las balas, porque desnuda lo que el poder quiere ocultar. Y aunque la violencia intente apagar las voces, siempre habrá quien escriba con la tinta de la dignidad. Porque mientras haya un periodista dispuesto a narrar, la verdad seguirá respirando, y la esperanza no será silenciada.



Estos comentarios son muy buenos por servirnos para aprender más y discernir diferentes citaciones que suele estarnos pasando en el trayecto de la vida.