Dios sí juega a los dados



En 1926, Albert Einstein, lanzó su famosa frase: “Dios no juega a los dados”. Pero, Erwin Schrödinger se atrevió a poner en duda tal aseveración. La paradoja del físico austriaco Erwin Schrödinger, conocida como: “El gato de Schrödinger”, fue un experimento mental y evidentemente Erwin no lo hizo con su mascota. Pero Schrödinger llegó como “aguafiestas” a poner en tela de juicio la mecánica cuántica que hasta entonces, 1935 se enseñaba como un dogma irrefutable.


De acuerdo a su experimento, un gato podía estar muerto y vivo al mismo tiempo, posteriormente, el premio nobel Serge Haroche utilizando rayos láser pudo medir partículas muy pequeñas y descubrir que el gato no estaba muerto y vivo al mismo tiempo sino vivo o muerto. El experimento de Haroche logra cambiar, en términos coloquiales, la letra (Y) por la letra (O).


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Albert Einstein, nunca estuvo de acuerdo y mando “pal carajo” a Erwin Schrödinger y su “pedazo” e gato, lanzando su famosa frase: “Dios no juega a los dados”. Pero en una discusión, hace 100 años, el físico danés Niels Bohr, ”parte la piñata” antes de tiempo y contradice a Einstein diciendo que ¿quién es él (Einstein) para decir que Dios no juega a los dados?, y “pone” nuevamente a Dios a jugar a los dados. ¡Pobrecito mi Dios!...como en la canción de Diomedes: “De aquí pa’ lla, de allá pa’ ca” ¡Vuelve y juega!, diría un humorista costeño.


Pasó el tiempo, todo en calma, había un silencio sepulcral, hasta que llegó el “metiche” Stephen Hawking, físico teórico a “meter la cuchara” e “inquietar” a Einstein en su sepultura, diciendo que: “Todos los datos muestran que Dios es un jugador inveterado y que lanza los dados en cada ocasión posible”.


El gato de Schrödinger y el quid de la cuestión


En 1935 el físico austríaco Erwin Schrödinger explicó uno de esos extraños comportamientos elaborando lo que hoy es la metáfora más famosa de la física cuántica: la del gato en la caja.


Su experimento mental consistió en encerrar a un gato con un átomo radioactivo, el cual tiene 50% de probabilidades de desintegrarse y emitir un veneno que lo matará. Pasado un tiempo, según las leyes de la física cuántica, el gato está vivo y muerto al mismo tiempo, una ambigüedad impensable en nuestra vida cotidiana donde los seres están o vivos o muertos.


Una mente científica brillante como la de Einstein no podía concebir que, a escala de átomos y partículas subatómicas, el mundo fuera raro e impredecible. Einstein aseguraba que si se conocen todas las variables de un sistema y sin que haya influencias externas, se puede conocer el comportamiento de cualquier partícula. Eso, trátese de un átomo o de todo un planeta.


Esto, sin embargo, no ocurre cuando las partículas son muy pequeñas, según dice la física cuántica con la que Einstein no estaba muy de acuerdo.


¡Vuelve y juega!...¿Azar o no azar? ¿Determinismo o indeterminismo?


Serge Haroche, Premio Nobel de Física, 2012, explica que: “Einstein no hablaba de Dios en un sentido religioso, sino que, para él, Dios era una metáfora de la naturaleza. Lo que quería decir es que las leyes de la naturaleza no podían tener una aleatoriedad intrínseca”.


Según Haroche: “Hasta ahora no existe un solo experimento que contradiga el hecho de que la física cuántica incluye la aleatoriedad. En la física cuántica no hay forma en que puedas predecir con certeza qué va a suceder. Pero eso no quiere decir que no podamos estar seguros de algunas cosas: sabemos que si tomamos determinadas medidas, vamos a obtener siempre el mismo resultado.


Cuando Dios lanza los dados no se puede devolver la jugada


No se podría predecir que números quedarán en las dos caras anversas de los dados. Tratándose de Dios, la multiplicidad de posibilidades es lógica, si pensáramos que son más de dos dados. Pero una vez los dados muestran el o los números azarosos, al igual que en un casino de apuestas, no se puede devolver la jugada, pero además se terminaría el juego y no habría más jugadas. Digamos que es un juego de un solo lance. Cada cual se queda con su doble seis, doble cero, etc. Tiene lógica si pensáramos que Dios está muy ocupado para andar jugando todo el tiempo a los dados.


Ahora bien, Dios puede ser dueño de todo, pero está solo y se aburre jugando él solo, aunque no pierde el “mal” hábito de estar probando suerte con el azar cada vez que puede.


En el terreno de la creación divina, Dios entrega dones al azar y las probabilidades son múltiples. A unos los dota con unas habilidades, a otros con otras. El principal don es la inteligencia sentiente y la capacidad para interpretar la verdad. A partir de allí, los animales humanos crean sus propias posibilidades, juegan a los dados colectivamente; asumen su rol o roles y o los intercambian. Vuelven a jugar a los dados cuantas veces sea necesario. La creación divina y la creación humana no coinciden en el número de lanzamientos de los dados.


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No obstante, como Dios entrega al azar múltiples dones, es posible que unos tengan mayor capacidad para aproximarse a la verdad, digo aproximarse porque el ensayo y el error hacen parte de la vida azarosa del hombre. Pero los errores no significan ausencia de verdades. El error no excluye a la verdad.


Varios animales humanos pueden hacer múltiples interpretaciones acerca de la verdad, pero no significa que todas sean verdaderas, el ensayo y el error son principios en el origen azaroso, aleatorio, de la vida y están presente en toda la tragicomedia azarosa de la historia humana.


Stephen Hawking, expresa al respecto del origen aleatorio de la vida: “Supongo que en la tierra, por obra de unas combinaciones aleatorias de átomos, surgió espontáneamente una forma de vida muy primitiva. Probablemente esta primera forma de vida era una molécula grande, pero es posible que no se tratase de ADN, puesto que es muy reducida la probabilidad de constitución de toda una molécula de ADN por combinaciones aleatorias.


La primitiva forma de vida se reproduciría. El principio cuántico de indeterminación y los movimientos térmicos aleatorios de los átomos indican que tuvo que existir un cierto número de errores en la reproducción; la mayoría serían fatales para la supervivencia del organismo o para su capacidad de reproducción y no se transmitirían a generaciones futuras sino que se extinguirían; por puro azar, unos cuantos resultarían beneficiosos, seria mayor la probabilidad de supervivencia y reproducción de los organismos con esos errores. Así, tenderían a remplazar a los organismos originales e imperfectos. El desarrollo de la estructura en doble hélice del ADN puede haber sido uno de esos perfeccionamientos de las primeras etapas. Probablemente se trató de un progreso tal que reemplazó por completo a cualquier forma previa de vida, fuera cual fuese. A medida que progresaba la evolución conduciría al desarrollo del sistema nervioso central. Los seres que reconocieran acertadamente las consecuencias de los datos recogidos por sus órganos de los sentidos que adoptasen las acciones adecuadas, tendrían mas probabilidades de sobrevivir y reproducirse. La raza humana avanzó por este camino hasta otra etapa (…) una ligera variación de nuestro ADN nos permitió desarrollar el lenguaje (…) El efecto fue una aceleración espectacular de la evolución. Necesitó más de tres mil millones de años para llegar a la raza humana (…) ”(Agujeros negros y pequeños universos, Stephen Hawking).


El libre albedrío


Según Hawking: “El cerebro humano se halla también sometido al principio de indeterminación. Así, pues, existe en la conducta humana un elemento de aleatoriedad asociado con la mecánica cuántica, mas, las energías que intervienen en el cerebro son bajas y, por tanto, la indeterminación de la mecánica cuántica ejerce solo un efecto pequeño. La auténtica razón de que no podamos predecir la conducta humana es que en realidad resulta demasiado difícil”.


“Aunque conocemos las ecuaciones fundamentales que gobiernan el cerebro, somos completamente incapaces de emplearlas para predecir la conducta humana”.


“Esta situación se plantea en ciencia siempre que abordamos un sistema macroscópico, porque el número de partículas resulta demasiado grande para que exista alguna probabilidad de resolver las ecuaciones fundamentales. Lo que hacemos en realidad es emplear teorías operativas. Se trata de aproximaciones en las que un número muy grande de partículas son remplazadas por unas cuantas. Un ejemplo es la mecánica de los fluidos. Un líquido como el agua esta constituido por billones de billones de moléculas, a su vez formadas por electrones, protones y neutrones, sin embargo, es una buena aproximación tratar el liquido como un medio continuo, caracterizado simplemente por su velocidad, densidad y temperatura”.


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“Quiero señalar que los conceptos del libre albedrío y de la responsabilidad moral sobre nuestras acciones constituyen realmente una teoría operativa en el sentido de la mecánica de los fluidos. No es posible basar la conducta propia en la idea de que todo se halla determinado, porque ignoramos que es lo que se ha determinado. Por el contrario, hay que adoptar la teoría operativa de que poseemos libre albedrío y somos responsables de nuestras acciones. Esta teoría no sirve de mucho a la hora de predecir la conducta humana, pero la adoptamos porque no hay probabilidad de resolver las ecuaciones surgidas de las leyes fundamentales. Existe también una razón darwiniana para creer en el libre albedrío. Una sociedad en la que los individuos se sientan responsables de sus acciones posee una probabilidad mayor de actuar unida y sobrevivir para difundir sus valores”. (Hawking Stephen, Agujeros negros y pequeños universos).