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De la chicha a la cocaína

Por: Manuel Gómez M.



Todas las cruzadas fracasan, esa es su única victoria: la posibilidad de proponer una nueva prohibición que redima la condición humana. La lista de prohibiciones inútiles en la historia, incluyen: cannabis, chicha, tabaco, café, alcohol, religión, cocaína, y un largo etcétera. Sin embargo, esa misma lista revela lo ineficaz de intentar erradicar de un individuo una conducta considerada perjudicial por un grupo de la sociedad.


El tabaco, de consumo frecuente en América, no gozó en un comienzo de una mirada indulgente en Rusia. El zar Miguel Fedorovitch ordenaba atormentar a todo fumador hasta que confesara el nombre de su proveedor, y que se cortara la nariz de ambos.



Por esas fechas (siglo XVII) el sultán Murad IV “gustaba de sorprender a los hombres fumando, incluso en el campo de batalla, y castigarlos con decapitación, desmembramiento o mutilación de pies y manos”. En Colombia, en muchas zonas rurales, los actores armados han puesto a los fumadores de marihuana varias veces en su mira.


Pese a todo, ahí siguen las sustancias, los fármacos, porque mientras haya demanda siempre habrá un Homero Simpson, un Barón de la Cerveza, dispuesto a adecuar un garaje, un sótano, o un terruño para la fabricación de algún néctar delicioso.


Hasta Estado Unidos, país pionero en la lucha contra los drogas (entre ellas el alcohol), se dio cuenta de lo ineficaz de la prohibición sobre el cannabis y, desde entonces, se ha dedicado a hacer dinero, pues varios Estados han permitido la venta regulada cumpliendo requisitos (como ser mayor de edad); contrariamente a Colombia, donde la policía persigue infructuosamente a los jíbaros, una profesión que crece día tras día debido al auge de las mafias.



Otros países más pragmáticos (como Uruguay) que priorizan la economía por encima de ideologías caducas (de derechas e izquierdas), que saben que es preferible generar empleos, crear impuestos, incentivar empresas y - de paso - debilitar a las mafias, le apuestan a lo más obvio. Bien decía Descartes en el Discurso del método: que el sentido común es lo menos común que hay.


El célebre intelectual español, Antonio Escohotado, se lamentaba de que Colombia, país que tuvo un bum mundial con la bonanza marimbera en la década de los años setenta, se hubiera privado de la cosecha internacional de la planta. Es la ineptitud y la falta de sintonía con los debates internacionales lo que ha rezagado al país a una guerra fratricida que beneficia a unos cuantos.


Todo el mundo – literalmente – ha hecho dinero con las cepas de la Sierra Nevada y del Cauca: desde escaladores del parque Yosemite que encontraron una avioneta repleta de flores en una cima, hasta universidades y empresarios extranjeros que saben del valor de las cepas colombianas. El debate debe girar en torno a los ingresos que puede percibir el Estado y la sociedad, igual a como ocurre con el tabaco, el alcohol y hasta el café. Francamente da tristeza que un país que posee su propia variedad de hoja de coca (erythroxylum novogranatense), cepas maravillosas de marihuana y un inmenso tesoro psicoactivo, no saque provecho.



No olvidemos que Richard Evans Schultes, investigador botánico de Harvard, quien fue el primero en mapear la cuenca hidrográfica del Amazonas colombiano: el que mencionó al gobierno la existencia de maravillas naturales como la serranía de Chiribiquete y los raudales de Jijirijimo; el mismo que recibió la cruz de Boyacá por parte de Belisario Betancur y que jugó ajedrez con el General Rojas Pinilla y que aparece (muy mal retratado) en “El abrazo de la serpiente”… Realmente arribó a Colombia para estudiar la hoja de coca, la ayahuasca, la temible Brugmansia y otras preciosidades.


Sentados en la mina y mirando pal páramo. Así no vamos a llegar a ningún Pereira.


El conocimiento sobre las drogas es, a la par, el conocimiento de nuestra historia: de los territorios y de los diversos pueblos de esta gran nación. Pero, además, es la posibilidad de insertar la economía colombiana en el mercado internacional, de encontrar nuevos productos y experiencias que permitan al país sobresalir en un campo donde ha sido pionero y es reconocido por académicos y empresarios. Todo el mundo lo sabe y es hora de recoger la anhelada cosecha.

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