Carta a Indalecio Dangond… ¡con categoría!
- Nerio Luis Mejía

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Por: Nerio Luis Mejía

La llegada de Abelardo De la Espriella a la Casa de Nariño aterrizó con cálidos y rimbombantes anuncios en el Caribe colombiano. El ilustre cordobés nombró en su gabinete a varias personalidades de altísima "representatividad" de esta postergada región del país. Entre ellas destaca la designación del administrador de empresas Indalecio Dangond Baquero, un hombre nacido en estas tierras calurosas de quien se espera que —entre los estribillos y saludos en las canciones de su sobrino Silvestre— le traiga por fin la alegría y el verdadero desarrollo al golpeado sector rural.
Por eso, los campesinos del Caribe olvidado hemos sentido el imperioso deseo de enviarle una carta al nuevo representante de la cartera de Agricultura. Como en el campo carecemos de la educación tan distinguida y refinada que ostenta este nuevo gobierno, hemos querido redactar nuestra misiva con la solemnidad que el caso merece. Empecemos, pues, encabezando la carta de la siguiente manera:
Apreciado Doctor Indalecio Dangond:
¡Echa, doctor! ¡Reciba de sus coterraneos el más efusivo e imponente saludo con categoría! Como diría su sobrino Silvestre en pleno concierto: «¡Pa’ que respeten, compadre!».
Desde esta tierra bendita de turpiales, cinsontes, canarios y mariamulatas —donde tampoco podemos dejar de mencionar a los yolofos o pájaros negros, tan característicos del Caribe porque asaltan nuestros cultivos con la misma soltura con que otros asaltan el presupuesto—, le queremos felicitar de corazón por su dignísimo cargo.
Apreciado Doctor Dangond, confiamos en que sus visitas a nuestro territorio (que también es el suyo) sean mucho más frecuentes que los extensos veranos que nos azotan; esos veranos infames que hacen de su tierra, La Guajira, un territorio con un calor infernal durante casi todo el año. Pero bueno, de usted y del nuevo gobierno esperamos que por fin se cumpla la sacrosanta promesa de convertirnos en la «patria revelación». Rogamos a Dios que la santísima promesa de ver al Caribe brotando «leche y miel» no se quede solo en otra profecía bíblica de esas que se perpetúan en la espera, pero que jamás llegan.
Quienes firmamos esta carta no somos grandes palmicultores, ni mucho menos visionarios que sueñan con convertirse en magnates de los biocombustibles. Nosotros somos gente más humilde: solo queremos que la yuca y el maíz revivan nuestras esperanzas y no nos condenen a las pérdidas históricas que tanto han castigado al campesinado. Con usted al frente del Ministerio, soñamos con que los burros entren al fin en un merecido descanso y que las vacas vuelvan a parir terneros por doquier. Ya sabe usted, Doctor Dangond, lo necesaria que es la leche para que nuestros niños no sigan muriendo de desnutrición en su propio departamento natal. ¡Ay, mi Guajira del alma!
Desde el sur del Cesar esperamos que usted y sus ilustres colegas de gabinete nos traigan ese esquivo desarrollo que, sin lugar a dudas, vendrá cargado de prosperidad. Esa prosperidad tan bonita que hoy solo vemos pasar de largo: así como corren las aguas del río Magdalena, como pasan las tractomulas llenas de contenedores por la Ruta del Sol dejándonos únicamente el olor a llanta quemada, o como el tren que alguna vez llevó pasajeros sobre sus rieles y que hoy está al servicio exclusivo del carbón.
Es por ello, Doctor Indalecio, que las emociones contenidas en esta carta son semejantes a las que se sienten en el Parque de la Leyenda Vallenata cuando su sobrino rompe la tarima y manda a sonar los acordeones: «¡Sabor, compadre! ¡Con la mano arriba todo el silvestrismo!». Asimismo esperamos de usted una respuesta que nos refresque el alma, tan esperada como los vientos del nordeste en nuestra amada Guajira.
Nos despedimos deseándole los mayores éxitos en su gestión. Que la ilusión de la «patria milagro» se haga realidad en manos de un ministro costeño con amplia experiencia comercial, capaz de hacer reverdecer nuestras tierras golpeadas y lograr que la yuca, el maíz, la ahuyama y el frijol coticen muy pronto en las principales bolsas de Nueva York, codo a codo con Wall Street. Estamos completamente seguros de que, con su distinguida alcurnia y su gestión, lo vamos a lograr.
Atentamente,
El campesinado colombiano
Aquellos que todavía sueñan con despertarse bajo la luz prometida de la esperanza, en esta Colombia de noches tan oscuras como nuestro propio destino.
¡Ahí se la dejo, Doctor Indalecio!



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