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Barranquilla ante el dilema de la Paz Urbana



A medida que se acerca el final del Gobierno Petro el proceso de diálogo con las bandas ‘Los Costeños’ y ‘Los Pepes’ entra en una fase crítica. ¿Estamos ante el desmantelamiento real del crimen en el Atlántico o frente a una tregua estratégica?


El anuncio de mantener suspendidos los traslados de los cabecillas de las estructuras criminales más temidas de Barranquilla ha encendido el debate público. No se trata de una simple medida administrativa, sino del eje central de una apuesta de "Paz Total" que busca pacificar las calles del Atlántico. Sin embargo, el camino está marcado por un complejo laberinto jurídico y tres escenarios que definirán el futuro de Barranquilla y el departamento.



El muro jurídico: sometimiento, no negociación


A diferencia de procesos con guerrillas como el ELN, el diálogo con ‘Los Costeños’ y ‘Los Pepes’ carece de estatus político. Jurídicamente, estas organizaciones son clasificadas como Estructuras Armadas Organizadas de Crimen de Alto Impacto (EAOCAI), lo que cambia radicalmente las reglas del juego.


Justicia Ordinaria, no JEP: Los integrantes no accederán a la Justicia Transicional. Deberán responder ante la Fiscalía General.


La encrucijada de la ley: Sin una Ley de Sujeción aprobada por el Congreso, el proceso se encuentra en un "limbo". Dicha ley es la que permitiría penas reducidas (de 6 a 10 años) a cambio de verdad, entrega de bienes y el desmantelamiento de rutas de narcotráfico.


El factor extradición: Sigue siendo el punto de mayor fricción. Aunque el Gobierno puede suspender órdenes de extradición temporalmente para facilitar el diálogo, legalmente no puede anularlas sin cambios profundos en la cooperación internacional, lo que genera desconfianza en los cabecillas.


Tres escenarios posibles


El análisis de los mediadores y la realidad territorial permiten proyectar tres escenarios para el cierre del actual periodo presidencial:


1. Consolidación y "Zonas de Paz" (Escenario Optimista)


Si la hoja de ruta concertada entre el Gobierno y las autoridades locales se cumple, Barranquilla podría ver una reducción drástica de homicidios. El hito clave sería la creación de "Zonas de Paz" en barrios críticos como La Paz, donde la intervención social del padre Cyrillus Swinne logre arrebatarle los jóvenes al crimen. En este escenario, el proceso pasaría de la exploración a un sometimiento formal y exitoso.


2. La "Paz Armada" (Escenario Inercial)


Es el riesgo de mantener el statu quo. Las bandas utilizan la mesa de diálogo para evitar traslados de cárcel y ganar legitimidad, pero mantienen intactas sus rentas de microtráfico y extorsión. Así el proceso se debilitaría, generando una opinión pública agotada y unas autoridades locales (Alcaldía y Gobernación) en abierta confrontación con la estrategia nacional por la falta de resultados tangibles en seguridad.



3. Ruptura y Escalada (Escenario Pesimista)


El colapso del proceso llegaría por el incumplimiento de las bandas o una acción violenta de alto impacto. Una masacre o un atentado obligaría al Gobierno a reactivar los traslados y suspender a los facilitadores. El resultado para 2026 sería una reactivación del conflicto con índices de criminalidad disparados, dejando la "paz urbana" como un intento fallido y costoso.


La prueba de fuego: el costo del incumplimiento


El marco legal es implacable: cualquier reincidencia en extorsiones u homicidios —especialmente en eventos críticos como los Carnavales— significaría la pérdida total de beneficios y el retorno a penas de hasta 60 años de cárcel.


En última instancia, el éxito de este proceso no se medirá en comunicados, sino en la capacidad del Estado para transformar el sometimiento jurídico en tranquilidad ciudadana. El reloj hacia 2026 ya está corriendo.

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