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Adiós al "sueño americano": la migración mira ahora hacia el sur

hace 8 horas
4 min de lectura


Las dinámicas de la movilidad humana en América Latina están experimentando un giro estructural sin precedentes. Durante años, la narrativa dominante situó la mirada de cientos de miles de personas hacia el norte del continente, teniendo como epicentro y cuello de botella la impenetrable selva del tapón del Darién, en la frontera entre Colombia y Panamá.


Sin embargo, aquel corredor que simbolizó la desesperación y la búsqueda infatigable del denominado "sueño americano" hoy luce prácticamente desierto. En su lugar, un nuevo mapa migratorio emerge con fuerza: las rutas se reconfiguran hacia el sur de la región, posicionando a Guyana como el principal portal de acceso y a naciones como Brasil y Uruguay como los nuevos polos de atracción para miles de personas, principalmente procedentes de Cuba y Haití.



El declive del tránsito por el Darién no es fortuito; responde a un entramado de cambios políticos, medidas de contención e hitos de trascendencia geopolítica. El endurecimiento de los controles fronterizos y la instalación de barreras de alambre de púas en puntos estratégicos por parte de las autoridades panameñas iniciaron el freno, pero la transformación decisiva se consolidó tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025.


Las rigurosas políticas de deportación e inhabilitación de vías de asilo desincentivaron el recorrido transcontinental. Los datos de los organismos oficiales dan cuenta de esta drástica caída: mientras que entre enero y junio de 2024 cruzaron esa frontera selvática más de 201.000 personas —en su gran mayoría de nacionalidad venezolana—, en el mismo periodo de 2026 la cifra se redujo a tan solo 280 personas, según los registros del Servicio Nacional de Migración de Panamá.


Paralelamente, el flujo de la migración venezolana registra un movimiento inverso. Tras la salida de Nicolás Maduro del poder en enero de 2026 luego de una intervención militar de Estados Unidos, un porcentaje sustancial de esta población ha emprendido el retorno a su país de origen. Monitoreos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) revelan que aproximadamente tres de cada cuatro personas venezolanas encuestadas en las rutas de tránsito señalaron a Venezuela como su destino final.


Este retorno masivo se produce en un marco combinado de decisiones voluntarias y procesos coercitivos, pues se calcula que las autoridades estadounidenses ejecutaron cerca de 2.400 deportaciones en coordinación con las instancias gubernamentales venezolanas, al tiempo que naciones vecinas como Ecuador y Perú gestionan el restablecimiento de canales consulares para concretar procesos de repatriación.


En contraste con el repliegue venezolano, la aguda degradación de las condiciones de vida en Cuba y Haití ha detonado una nueva ola de desplazamientos hacia el Cono Sur. La isla caribeña atraviesa una severa crisis caracterizada por el colapso del sistema eléctrico, desabastecimiento de alimentos y la parálisis del turismo, panorama agravado por la intensificación de las sanciones energéticas y comerciales estadounidenses.



Por su parte, Haití continúa inmerso en una profunda espiral de violencia e ingobernabilidad controlada por bandas criminales en Puerto Príncipe, situación que las fuerzas multinacionales avaladas por la ONU no han logrado mitigar. Ante el cierre de la ruta norte, ambas poblaciones han encontrado en el sur una alternativa viable de supervivencia y desarrollo.


En este nuevo entramado geográfico, Guyana ha emergido como el pivote estratégico de la ruta. Al no exigir visado a los ciudadanos cubanos y contar con un marco regulatorio de baja restricción de tránsito, el país sudamericano —que vive un auge económico inédito— funciona como el puerto de entrada aéreo. Desde allí, los flujos se despliegan hacia el norte de Brasil mediante cruces fluviales por el río Tacutú o por vía terrestre sobre el puente fronterizo, frecuentemente articulados por redes de tráfico de personas cuyos costos oscilan entre los 1.200 y los 10.000 dólares. En el caso de la población haitiana, la movilidad ha comenzado a estructurarse mediante vuelos chárter destinados a procesos de reunificación familiar.


Brasil opera en este esquema como un nodo de redistribución regional que canaliza a miles de solicitantes de protección internacional. Solo en los primeros cinco meses de 2026, las autoridades brasileñas contabilizaron cerca de 17.000 solicitudes de asilo por parte de ciudadanos cubanos, registrando un ingreso mensual promedio de 3.000 personas que acceden desde la frontera guyanesa.


El viaje concluye para muchos en el Cono Sur, siendo Uruguay uno de los destinos más codiciados. Entre enero y mayo de 2026, la OIM registró el ingreso y permanencia de cerca de 6.000 cubanos en territorio uruguayo. De acuerdo con especialistas en demografía y migración de la Universidad de la República, la atracción hacia la nación uruguaya obedece a un marco legislativo vanguardista instaurado desde 2008, el cual garantiza el principio de igualdad entre nacionales y extranjeros.

En Uruguay, los inmigrantes acceden sin distinción a los sistemas públicos de salud y educación gratuita, así como a programas de asistencia social en casos de vulnerabilidad, convirtiendo al país en un refugio institucional frente al endurecimiento de las normas migratorias en el resto del planeta.



Este fenómeno de reordenamiento no es aislado dentro del panorama hemisférico. El informe sobre Tendencias Regionales de Movilidad de la OIM identificó otros comportamientos particulares, como el incremento puntual de flujos extracontinentales procedentes de China y Vietnam en tránsito por Centroamérica durante los años previos, así como el agudizamiento del desplazamiento interno en Ecuador, donde la escalada de violencia y los conflictos del crimen organizado pasaron de explicar el 32% de los desplazamientos internos antes de 2021 al 64% en los años recientes.


La transformación de las rutas migratorias evidencia que las restricciones en las fronteras tradicionales no erradican la necesidad de desplazamiento, sino que la reorientan. El mapa de la movilidad humana en América Latina se ha reescrito: las miradas han dejado de fijarse en la frontera norte para proyectarse sobre la geografía del sur, donde los marcos normativos, las redes de tráfico y las oportunidades de asentamiento configuran un nuevo capítulo en la historia demográfica de la región.

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