9 de septiembre: la noche del terror

Por: Julián Parra De Moya



Hace un año la policía actuó como una organización armada para aplacar las protestas por la muerte de Javier Ordóñez en un CAI. Hoy no hay respuestas.


"No más, por favor no más, por favor ya, en serio por favor ya no más". Estas palabras todavía retumban en la memoria de todos aquellos que fueron testigos de la brutalidad contra Javier Ordóñez, asesinado por la policía en la madrugada del 9 de septiembre de 2020. Ordóñez, un joven abogado, recibió varias descargas eléctricas con una pistola taser y luego fue golpeado hasta la muerte en el CAI del barrio Villa Luz, al occidente de Bogotá.


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Ese mismo día decenas de personas comenzaron a protestar frente al CAI exigiendo justicia. Los plantones fueron convocados a las 7:00 p.m. sin saber que una masacre se desataría apenas unas horas después. Aquel 9 de septiembre fue el día en que nunca amaneció.


La rabia de la gente por el asesinato de Javier Ordóñez rápidamente se desbordó. Los CAI de Suba Rincón, Gaitana, Molinos, Castilla, Park Way y Bosa fueron atacados a piedra, a palo y a fuego. La Policía actuó.


En videos quedó registrado cómo los agentes policiales abrieron fuego contra las mujeres y hombres que salieron a protestar contra el abuso de la fuerza pública. En videos también quedó registrada la sangre, el dolor y las lágrimas de aquellos que vieron a sus amigos, a sus familiares o a sus vecinos morir en el asfalto. En videos también quedó registrado cómo los policías prefirieron dejar morir a los heridos en las calles.


Ha pasado un año desde aquella masacre a manos de la policía. El 9 de septiembre de 2020 fallecieron: Jaider Alexánder Fonseca Castillo, Lorwan Estiwen Mendoza Aya, Anthony Gabriel Estrada Espinoza, Marcela Zúñiga, Freddy Alexánder Mahecha, Angie Paola Baquero, German Smyth Puentes Valero, Julieth Ramírez Meza, Christian Andrés Hurtado Meneses, Cristian Camilo Hernández Yara, Andrés Felipe Rodríguez Ávila, Julián Mauricio González y Javier Humberto Ordóñez Bermúdez.


Ese día la policía no actuó como policía, actuó como un una organización armada. Hoy ninguno de los casos ha sido esclarecido.


Como lo han asegurado los familiares de las personas asesinadas, varias de ellas no participaban en las protestas. Es el caso de Julieth Ramírez, una joven de 18 años que esa noche había salido de su casa para ir a una pijamada con sus amigas. Pasó primero por la casa de su novio y luego paró en una tienda. Una bala en el corazón acabó con su vida.


Anthony Estrada, nacido en Valencia, Venezuela, había salido de su país huyéndole al hambre provocada por el régimen. Se instaló en Soacha y se puso a vender vidrios para celular, cargadores y audífonos. Dos balas acabaron con sus intenciones de regresar a su país.


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Hoy solo hay cuatro patrulleros detenidos e imputados por los hechos del 9 de septiembre, pero no hay claridad sobre las responsabilidades y mucho menos un reconocimiento por parte del gobierno y de la Policía. En Bogotá hubo 248 heridos, 58 por arma de fuego.


Las historias como la de Anthony y Julieth se repiten con las otras víctimas de aquella noche, en la que 43 CAI fueron incendiados y destruidos, una ofensa para la Policía que cobró la cuenta con la vida de 13 personas.