1828: La Conspiración Septembrina y el nacimiento de la polarización
- Acta Diurna
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SERIE HISTORIA DE COLOMBIA. TEMPORADA 1: Gritos, Sangre y RepĆŗblica (1810 - 1831)

Si existe un momento exacto en la cronologĆa nacional donde nació el fantasma de la división polĆtica que nos persigue hasta hoy, ese fue la noche del 25 de septiembre de 1.828. Aquella fecha no solo se tiñó de sangre por un intento de magnicidio; representó la fractura definitiva entre los dos hombres mĆ”s poderosos de la emancipación y dividió al paĆs en dos bandos ideológicos irreconciliables.
La amistad y el trabajo en equipo que habĆan funcionado para ganar la guerra se evaporaron ante la pregunta mĆ”s difĆcil de la posguerra: ĀæCómo se debe gobernar la nueva nación? Las respuestas de Simón BolĆvar y Francisco de Paula Santander abrieron una grieta histórica tan profunda que, bajo diferentes nombres, sigue definiendo el debate polĆtico actual.
El Contexto: La dictadura para frenar la anarquĆa
Para 1.828, la Gran Colombia se estaba desmoronando. Las tensiones regionales eran insoportables: Venezuela no querĆa obedecer a BogotĆ”, Quito se sentĆa ignorada y la economĆa estaba quebrada por las deudas de la guerra.
Ante el caos inminente, las visiones de los dos lĆderes chocaron de frente:
Simón BolĆvar creĆa que el paĆs no estaba listo para una democracia plena. TemĆa que el exceso de leyes y libertades locales hundiera a la repĆŗblica en la anarquĆa. Su solución fue drĆ”stica: un gobierno central ultra fuerte. Tras el fracaso de la Convención de OcaƱa ādonde no se logró reformar la constituciónā, BolĆvar dio un golpe de mano y se proclamó Dictador-Presidente, suspendiendo la Constitución de CĆŗcuta.
Francisco de Paula Santander, por el contrario, defendĆa que la legalidad y las instituciones debĆan respetarse por encima de cualquier hombre, incluso del Libertador. Para Santander, la dictadura de BolĆvar era una traición a los principios republicanos por los que se habĆa derramado tanta sangre, abriendo la puerta a una nueva monarquĆa disfrazada.
La oposición a la dictadura bolivariana comenzó a radicalizarse en las universidades, los cafĆ©s de BogotĆ” y las guarniciones militares. Un grupo de jóvenes intelectuales, abogados y militares (influenciados por el pensamiento liberal radical y liderados por figuras como Luis Vargas Tejada, Florentino GonzĆ”lez y el francĆ©s Mariano de OudĆ”n) llegó a una conclusión desesperada: la Ćŗnica forma de salvar la RepĆŗblica era eliminando fĆsicamente al dictador.
La noche de San Carlos: Crónica de un magnicidio frustrado
A la medianoche del 25 de septiembre de 1.828, bajo una lluvia frĆa y persistente en BogotĆ”, un comando de aproximadamente doce conjurados civiles y soldados asaltó el Palacio de San Carlos (hoy CancillerĆa de Colombia), la residencia oficial de BolĆvar.
Tras someter y asesinar a los guardias de la entrada y herir gravemente al heróico coronel William Ferguson, los conspiradores forzaron la entrada de la habitación del Libertador. La asonada despertó a BolĆvar, quien se encontraba convaleciente por una enfermedad pulmonar.
Fue en ese instante crĆtico cuando emergió la figura de Manuela SĆ”enz. Con una frialdad asombrosa, Manuela interceptó a los atacantes, les mintió sobre el paradero de BolĆvar y ganó unos minutos de oro cruciales. Mientras ella confrontaba y distraĆa a los conjurados, convenció a BolĆvar de que no se enfrentara a ellos con la espada, sino que salvara su vida saltando por la ventana hacia la calle oscura.
Tras saltar desde el balcón, BolĆvar corrió por las calles de BogotĆ” y se refugió durante horas bajo la estructura de madera del puente del Carmen (sobre el rĆo San AgustĆn). AllĆ, tiritando de frĆo y con los pies empapados, escuchó los gritos de los conspiradores que recorrĆan la ciudad creyendo que el dictador habĆa muerto. Esa noche, Manuela SĆ”enz se ganó el tĆtulo que la inmortalizó: "La Libertadora del Libertador".
La purga y la ejecución de un héroe
La conspiración fracasó porque el ejĆ©rcito permaneció leal al gobierno. Al amanecer, los conspiradores fueron capturados y la reacción de BolĆvar fue implacable. El trauma de haber sido traicionado por sus propios compatriotas borró cualquier rastro de clemencia en el Libertador.
Se instauraron juicios sumarios y tribunales de excepción. Catorce conspiradores fueron fusilados en la plaza pública como el héroe de la independencia, el almirante José Prudencio Padilla, y otros como el intelectual Luis Vargas Tejada (quien logró huir pero murió ahogado meses después en los llanos).
El fusilamiento de Padilla es una de las pĆ”ginas mĆ”s oscuras de este episodio. El gran hĆ©roe afrodescendiente de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo estaba preso en BogotĆ” por disputas polĆticas previas y no participó en el complot de esa noche. Sin embargo, fue condenado a muerte y ejecutado por la espalda para enviar un mensaje contundente a la oposición.
A Francisco de Paula Santander se le acusó de ser el cerebro intelectual de la conspiración. Aunque nunca se presentaron pruebas contundentes de que supiera del plan de asesinato, el tribunal lo condenó a muerte. BolĆvar, midiendo el costo polĆtico de ejecutar al "Hombre de las Leyes", decidió conmutarle la pena por el destierro perpetuo, enviĆ”ndolo al exilio en Europa.
Importancia histórica: La matriz de la polarización
La Conspiración Septembrina no fue un simple drama de palacio; configuró la cultura polĆtica de la nación para los siguientes dos siglos. Sus consecuencias estratĆ©gicas marcaron el destino del territorio:
La muerte del sueƱo unificado: El atentado radicalizó la dictadura de BolĆvar y aceleró el desprecio de las provincias hacia su mandato. La Gran Colombia quedó herida de muerte; la confianza pĆŗblica se destruyó y la separación de Venezuela y Ecuador se volvió inevitable.
El molde de los partidos tradicionales: El choque ideológico de 1828 sentó las bases doctrinarias de lo que dos dĆ©cadas mĆ”s tarde serĆan los partidos Liberal y Conservador. Los "santanderistas" se convirtieron en defensores del civilismo, las leyes, el federalismo y el libre mercado; los "bolivarianos" se transformaron en el ala defensora del orden tradicional, el centralismo absoluto, la autoridad fuerte y la cercanĆa con la Iglesia Católica.
La legitimación de la violencia polĆtica: Al intentar resolver un debate constitucional mediante el asesinato, y al responder el Estado con ejecuciones sumarias de hĆ©roes nacionales, 1828 inauguró la trĆ”gica costumbre colombiana de eliminar fĆsicamente al adversario polĆtico en lugar de derrotarlo en las urnas, el debate parlamentario o ante los tribunales.
BolĆvar sobrevivió a los puƱales de septiembre, pero su proyecto polĆtico murió esa noche. El hombre que habĆa desafiado e inundado de libertad al continente americano descubrió, en el barro bajo un puente bogotano, que el enemigo mĆ”s temible no vestĆa el uniforme del Rey de EspaƱa, sino que compartĆa su misma nacionalidad.