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Migraña: Más que un dolor de cabeza, un desafío neurológico



Dolor pulsátil, sensibilidad extrema a los estímulos y náuseas incapacitantes. Para quienes la padecen, la migraña no es una simple cefalea, sino un trastorno neurológico complejo que condiciona profundamente la calidad de vida. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se sitúa entre las enfermedades más incapacitantes a nivel global.


A diferencia del dolor de cabeza común, la migraña es una afección crónica. Aunque su origen exacto sigue bajo investigación, la ciencia apunta a una alteración en la actividad cerebral y en la regulación de neurotransmisores como la serotonina. Factores genéticos, hormonales y ambientales juegan un papel determinante, lo que explica por qué afecta predominantemente a mujeres y suele manifestarse desde edades tempranas.



Anatomía de una crisis: síntomas y fases


La migraña se manifiesta de forma polifacética. El síntoma principal es un dolor pulsátil de intensidad moderada a severa, generalmente localizado en un solo lado de la cabeza y que empeora con el movimiento. Sin embargo, suele venir acompañado de un séquito de síntomas secundarios:


  • Trastornos sensoriales: Fotofobia (luz), fonofobia (sonido) y osmofobia (olores).


  • Alteraciones digestivas: Náuseas y vómitos que, a menudo, impiden la correcta medicación.


  • El fenómeno del Aura: Entre el 20% y 30% de los pacientes experimentan destellos visuales, hormigueo en las extremidades o dificultad para hablar antes de que aparezca el dolor.


Es crucial entender que un episodio no es un evento aislado, sino un proceso que puede atravesar cuatro etapas: el pródromo (cambios de humor o cansancio previo), el aura, la fase de dolor y el postdromo, conocido como "resaca migrañosa", que deja al paciente agotado durante horas o días.



Estrategias para el control y alivio


Aunque no existe una cura definitiva, el abordaje actual permite reducir drásticamente la frecuencia y la intensidad de las crisis mediante tres pilares:


  • Abordaje Farmacológico: Desde analgésicos comunes para casos leves hasta triptanes específicos para la migraña. En casos crónicos, el uso de anticuerpos monoclonales y otros tratamientos preventivos ha transformado el pronóstico de los pacientes.


  • Higiene de vida y prevención: Mantener horarios de sueño regulares, una hidratación constante y evitar el ayuno son medidas básicas pero potentes. Asimismo, el manejo del estrés mediante ejercicio moderado o meditación es clave.


  • Identificación de "disparadores": Llevar un diario de migrañas ayuda a detectar patrones vinculados a alimentos (como quesos curados o alcohol), cambios hormonales o exposición excesiva a pantallas.



¿Cuándo buscar ayuda profesional?


El autodiagnóstico puede ser peligroso. Es fundamental acudir a un neurólogo si las crisis aumentan en frecuencia, si el dolor aparece de forma "explosiva" y repentina, o si se acompaña de fiebre, rigidez cervical o confusión. Un diagnóstico preciso es el primer paso para recuperar el control sobre una enfermedad que, aunque invisible para los demás, es profundamente real para quien la sufre.

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