Miedos, intrigas y 'jugaditas': síntomas de la víspera al cambio

Por: Felipe Rincon



Colombia ha entrado en lo que en la Venezuela del 1998 se denominó 'vísperas de Chávez', un ambiente político y económico que reconoció desde antes del 6 de diciembre de ese mismo año la victoria inevitable del candidato del Movimiento V República, Hugo Chávez.


Un expresidente venezolano de ese entonces, Carlos Andrés Pérez, le decía al país a través de una entrevista a Marcel Granier que el triunfo de Chávez sería una realidad.


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La entrevista del pasado fin de semana que Gustavo Petro le concedió a Vicky Dávila solo confirma esa realidad. El establecimiento, a la luz del ambiente político y económico, y por supuesto de las encuestas, ya reconoció de facto el triunfo del candidato del Pacto Histórico.


Entrar en la víspera genera miedos, desesperos e intrigas. Es como ese cumpleaños que nos avisa que cada vez somos más viejos y que después de unos años deseamos se demore más en llegar.


Álvaro Uribe, en su sagacidad política, sabe de antemano esta realidad. Le apunta a matizar un triunfo para lograr una negociación -o tregua- con el próximo gobierno. Un trino suyo, de forma sarcástica, confirma dicho interés: 'Estaba tan querido Petro anoche en Semana que casi me convence de votar por él. Estaba reencarnado'


El compromiso de no extraditar a un expresidente, de hablar francamente con el empresariado que tiene miedos, de proponerle una tregua al Centro Democrático en el Senado pensando en su eventual gobernabilidad y de anunciarle a Vicky Dávila que 'gobernará para todos' empiezan a transformar al Petro candidato en el Petro presidente.


Esa transformación es natural en todos los mandatarios, una cosa es la campaña y, otra, el gobierno. Generalmente, esas transformaciones matizan al mandatario, como fue en el Brasil de Lula Da Silva en 2003, pero también lo fue en la Venezuela de Hugo Chávez en 1998, donde más que matizarlo lo radicalizó y ya sabemos las consecuencias.


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El enfrentamiento entre el candidato Gustavo Petro con el Comandante del Ejército Eduardo Zapateiro, el atornillaje de la Junta Directiva de Ecopetrol ampliando su periodo hasta 2025, el recambio temprano en la Junta Directiva del Banco de la República para blindar al máximo sus periodos y la pelea con algunos empresarios como Mario Hernández, el Grupo Ardila Lulle, Colanta, Aviatur, etc, refleja los miedos que aún se resienten en cierta parte del establecimiento.


En 1998, Hugo Chávez se vendió como matizado frente a periodistas como Jaime Bayly y Jorge Ramos. A los tres años ya había convocado una Asamblea Nacional Constituyente, le hicieron un golpe de Estado y un paro petrolero en PDVSA.


Ya no se referían a él como 'señor presidente' sino como 'el comandante', todo un monarca electo. A los 14 años falleció sin vivir en carne propia el descalabro en que se convertiría la potencia petrolera del hemisferio.


Pero no seamos apocalípticos, Lula Da Silva también generó grandes miedos en el Brasil del 2002, y ocho años después había sacado de la pobreza a 28 millones de personas, transformó a su país en la segunda potencia del hemisferio -después de EE.UU.-, aumentó el salario mínimo un 62% en cinco años a punta de productividad -es decir, sin inflación- y logró tasas de escolarización, alfabetización y desnutrición que hoy día son ejemplo en todo el globo.


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Le entregó el poder a su sucesora Dilma Rouseff con un 80% de aprobación, no buscó cambiar 'articulitos' para reelegirse por segunda vez y tuvo una oposición dura que reconoció sus triunfos de gobierno, todo un caso de éxito para la izquierda latinoamericana.


¿Será Gustavo Petro el Lula matizado o el Chavez radicalizado de nuestro tiempo? La víspera termina en dos semanas.