Logran abrir la "caja negra" del átomo usando antimateria
- Acta Diurna

- hace 1 día
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Los núcleos de los átomos han sido, durante décadas, uno de los territorios más enigmáticos de la física moderna. Aunque la ciencia conoce con precisión cuántas partículas componen cada elemento, la forma exacta en que se distribuyen en su interior seguía siendo una incógnita inaccesible. Hasta ahora.
En un avance técnico sin precedentes desarrollado en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), la prestigiosa Colaboración AEGIS ha diseñado y probado con éxito una metodología revolucionaria que promete desvelar los secretos mejor guardados de la materia a nivel subatómico. Mediante el uso de antiprotones —el homólogo de antimateria del protón—, los investigadores han hallado una nueva vía para explorar el interior de los núcleos atómicos, abriendo una ventana directa hacia el microcosmos.
La elusiva "piel de neutrones" y el misterio cósmico
Experimentos previos ya habían revelado un fenómeno fascinante en la estructura de los núcleos: la tendencia de los neutrones a acumularse en la periferia exterior, formando una especie de capa externa conocida formalmente como "piel de neutrones". Sin embargo, medir el espesor de esta piel representa un desafío de magnitudes casi inimaginables, dado que sus dimensiones se calculan en fracciones de un femtómetro (la billonésima parte de un milímetro).
La urgencia de buscar nuevas alternativas de medición se intensificó recientemente tras una serie de experimentos cuyos resultados resultaron tan dispares que las teorías físicas aceptadas hasta la fecha se mostraron incapaces de explicarlos adecuadamente.
Conocer esta distribución con precisión no es un simple capricho de laboratorio. Es fundamental para comprender en profundidad la fuerza nuclear fuerte —la interacción fundamental que mantiene unido al núcleo— y para esclarecer la composición interna de las estrellas de neutrones, aquellos cadáveres cósmicos ultradensos que se originan tras las violentas explosiones de supernovas y cuyo interior sigue siendo un misterio para la astrofísica.
Aniquilación fría: la sonda de antimateria
El núcleo de este nuevo enfoque radica en el comportamiento de los antiprotones. Al ser inyectados hacia un átomo de materia convencional, el antiprotón viaja hacia el núcleo y se aniquila al entrar en contacto con un protón o un neutrón de la capa externa. Aunque este violento encuentro suele liberar energía suficiente para destruir por completo el núcleo atómico, existe un margen de entre el 10% y el 20% de los casos donde esto no ocurre, dando lugar a lo que los físicos denominan un "evento de aniquilación fría".
En estos raros eventos, el núcleo sobrevive pero pierde una sola partícula (un protón o un neutrón). Al identificar meticulosamente cuál de las dos partículas se desintegró, los científicos pueden calcular la proporción exacta de neutrones y protones en la periferia del núcleo. Combinando este dato con mediciones de rayos X que determinan la distancia a la que se encontraba el antiprotón justo antes de la colisión, se puede deducir el espesor exacto de la piel de neutrones.
El salto tecnológico de AEGIS
Hasta la fecha, los métodos tradicionales se ponían en práctica midiendo la desintegración radiactiva de los restos. Sin embargo, esta estrategia dejaba fuera de los registros a todos aquellos núcleos estables o no radiactivos, perdiendo valiosa información científica.
Para superar este obstáculo, la Colaboración AEGIS (experimento enfocado en el Desacelerador de Antiprotones del CERN) ha introducido una ingeniosa técnica basada en la espectrometría de tiempo de vuelo.
El proceso aprovecha un fenómeno secundario: en su trayectoria de colisión, el antiprotón arranca una enorme cantidad de electrones de la órbita del átomo. El resultado final es la creación de un ion altamente cargado que alberga en su centro el núcleo exacto que se desea estudiar. Estos iones son inmediatamente capturados y preservados mediante campos electromagnéticos en sofisticadas trampas magnéticas del experimento.
Para demostrar la viabilidad del sistema, la colaboración utilizó átomos de helio y argón como entornos de prueba. Los resultados fueron un éxito rotundo: se logró capturar los iones altamente cargados generados tras las aniquilaciones e identificar con precisión matemática las clases de iones mediante su tiempo de vuelo.
Este logro científico e industrial solo ha sido posible gracias a la infraestructura de vanguardia de la Fábrica de Antimateria del CERN, una instalación única en el mundo capaz de producir millones de antiprotones a gran velocidad y sostenerlos en el tiempo. Con esta base metodológica firmemente establecida, los futuros experimentos prometen reescribir los libros de texto sobre la estructura íntima de la materia y el universo profundo.



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