La inflación del 600% asedia la recuperación venezolana
- Acta Diurna

- hace 10 horas
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La administración Trump prometió una recuperación económica casi inmediata tras el cambio de mando en Venezuela. Sin embargo, la realidad sobre el terreno en estos primeros 60 días es una compleja red de estancamiento y carestía.
El motor del país, la industria petrolera, sufrió un revés en enero con una caída del 21% en la producción, situándose en apenas 780.000 barriles diarios. El desplome de las exportaciones ha estrangulado el flujo de dólares, moneda que se ha vuelto indispensable ante un bolívar que se pulveriza día a día.
Aunque el gobierno respaldado por EE. UU. implementó un sistema de subastas de divisas, el mecanismo enfrenta duras críticas por su opacidad y lentitud. Esta sequía de dólares empujó la inflación anualizada al 600% en febrero, un salto alarmante frente al 475% de diciembre.
"En términos de avances tangibles para el ciudadano de a pie, hay muy poco que mostrar", señala Phil Gunson, analista del International Crisis Group. "La desconexión es total: el bolívar cae, los precios suben y los salarios siguen en niveles de miseria".
Optimismo vs. Realidad
La estrategia de Washington —basada en la flexibilización de sanciones y el control de activos— enfrenta su primera prueba de fuego. Según una encuesta de Meganálisis, el 80% de los residentes no percibe mejoría respecto a 2025. Aunque el 75% mantiene la esperanza de un cambio a mediano plazo, solo un 7% afirma haber recibido algún beneficio concreto hasta ahora.
No obstante, algunos expertos piden cautela. Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, sugiere que los ingresos petroleros podrían duplicarse en el segundo semestre, inyectando un crecimiento del 17% en el consumo privado. "La mejora está ocurriendo primero en la mente de la gente y después llegará al bolsillo", afirma.
Reformas y presión social
Para intentar atraer el capital privado que Donald Trump considera vital, el gobierno interino de Delcy Rodríguez ha movido fichas clave:
Ley de Hidrocarburos: Reformada para dar mayor discrecionalidad en impuestos y regalías a inversores.
Sector Minero: Nueva legislación para reactivar áreas antes controladas por el crimen organizado.
Diplomacia Energética: Visitas recientes de los secretarios estadounidenses Chris Wright (Energía) y Doug Burgum (Interior) para restaurar la confianza.
A pesar de estos movimientos macro, la urgencia social es eléctrica. El salario mínimo sigue anclado en 130 bolívares (unos US$0,30), una cifra meramente simbólica frente a una canasta alimentaria de US$677. Esta brecha disparó las protestas en un 53% durante enero, poniendo a prueba la tolerancia de la nueva administración ante el conflicto laboral.
El laberinto cambiario
El sistema de subastas, lejos de estabilizar el mercado, ha creado una distorsión peligrosa. Mientras el tipo de cambio oficial ronda los 500 bolívares, el mercado paralelo ya toca los 600. Las empresas, ante la falta de transparencia en la asignación oficial, terminan operando con la tasa más alta pero obligadas a marcar precios con la más baja, reduciendo sus márgenes al mínimo.
Para Alejandro Grisanti, director de Ecoanalítica, el tiempo es el peor enemigo: "Venezuela avanza más rápido en lo político que en lo económico. Las subastas han sido un alivio, pero no son la solución definitiva".
La apuesta de la transición es que el aumento de la oferta de crudo logre, como ocurrió a mediados de 2024, hacer converger los tipos de cambio y estabilizar los precios. Por ahora, entre la esperanza y la frustración, los venezolanos esperan que las promesas de Washington dejen de ser proyecciones para convertirse en pan sobre la mesa.



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