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La desilusión política en Colombia

Por: Nerio Luis Mejía



Cada cuatro años los colombianos acudimos a las urnas en la llamada "cita con la democracia", un acto que, más que un ejercicio de participación consciente, muchas personas realizan con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, a quienes realmente se les transforma la vida es a los candidatos electos, pues aseguran de inmediato un bienestar económico para ellos y sus familias. Mientras tanto, los electores siguen atrapados en la enfermedad del "mañana": si este año no se pudo, el próximo sí. Así nos han mantenido siempre, en una misma situación que, con el pasar del tiempo, solo empeora.



Hablar de este tema tan polémico y controversial genera, desde luego, un gran debate. Algunos disentirán mientras otros respaldarán estas palabras; al fin y al cabo, lo importante es abordar con opiniones sanas y constructivas el futuro de nuestro país, el cual deja ver un desgaste profundo que conduce a las mayorías hacia el desencanto con el sistema actual.


La reciente elección de Abelardo De la Espriella es una muestra clara de ello. La clásica aristocracia del interior del país agotó sus fichas en el ajedrez político y no le quedó más alternativa que jugársela con un hombre del Caribe. Él afirmó no ser político, un discurso que caló muy bien en el electorado y lo llevó a convertirse en Presidente de la República. Esto refleja el cansancio y la apatía de una sociedad frente a la construcción activa de propuestas que de verdad representen los intereses colectivos.


Si nos trasladamos a los municipios de sexta categoría, el panorama es similar: regiones que no recaudan por impuestos ni para financiar la mitad de un contrato de menor cuantía, pero que sí dependen de un presupuesto astronómico para su funcionamiento interno. En estos lugares, los problemas de los pobladores siguen igual o peor, mientras sus alcaldes y el séquito cercano van adquiriendo lujosas propiedades a costa de los recursos de los contribuyentes. Todo esto acentúa el desánimo de la ciudadanía a la hora de participar en política y nos lleva a cuestionar qué tan efectivo es realmente el modelo del Estado y si cumple o no con sus fines constitucionales.


Para rematar el panorama, los representantes de la ciudadanía en las diferentes corporaciones públicas y esferas del poder agravan la crisis con acciones que contravienen la ley. Revelaciones del medio periodístico Caracol dieron a conocer que, a lo largo de ocho años, los magistrados de la Sala de Primera Instancia de la Corte Suprema de Justicia recibieron 522 procesos contra congresistas y otros aforados. En este último periodo se han emitido 161 sentencias, lo que equivale al 33% de los procesos.



Asimismo, los datos revelan que el delito más cometido por los congresistas investigados entre 2018 y 2026 es el de concierto para delinquir (con diez sentencias condenatorias), seguido por el interés indebido en la celebración de contratos y el peculado. Esta realidad evidencia la ambición desmedida por apoderarse de los recursos económicos de la nación, alimentando una desilusión política en los electores que termina viéndose reflejada, tarde o temprano, en los altos índices de abstencionismo en las urnas.

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