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Irán se convierte en el nuevo Vietnam

Por: Nerio Luis Mejía



La resistencia del pueblo iraní frente a las agresiones de Estados Unidos e Israel, iniciadas el 28 de febrero de 2026 con un ataque que asesinó a la cúpula militar, política y religiosa mientras se adelantaban conversaciones con Teherán, desencadenó una respuesta inesperada y contundente. Lejos de doblegarse, Irán golpeó con precisión los activos militares estadounidenses en toda la región de Oriente Medio y alcanzó incluso el suelo israelí.



Donald Trump aseguró en los primeros días de la ofensiva que los iraníes se rendirían en cuestión de semanas, convencido de que los bombardeos sobre miles de objetivos estratégicos forzarían su capitulación. Las fábricas de misiles habían sido arrasadas y la economía persa se encontraba asfixiada por sanciones internacionales. Sin embargo, ocurrió lo contrario: Irán demostró cómo se defiende la soberanía de un pueblo ante la embestida de dos potencias militares ampliamente cuestionadas por sus crímenes de guerra.


El factor decisivo fue la combinación de conocimiento del territorio y capacidad tecnológica. Las universidades iraníes han formado profesionales que sostienen un programa de defensa nacional capaz de producir drones y misiles de alta precisión. La osadía de pilotos persas al incursionar en territorios vecinos y bombardear radares críticos evidenció que Irán no es un país cualquiera, sino una potencia militar que enfrentó a sus enemigos sin contemplación. Trump erró en su cálculo: pensó que eliminando a la cúpula militar y al líder espiritual, el ayatolá Ali Jamenei, forzaría la rendición. Ninguno de sus objetivos se cumplió: ni el fin del programa nuclear, ni la eliminación del arsenal de misiles, ni el derrocamiento del régimen de los ayatolás.


Por el contrario, los bombardeos indiscriminados que borraron escuelas y mataron a niñas estudiantes, junto con los misiles que impactaron sobre población civil, despertaron un sentimiento nacionalista que reforzó la defensa de la soberanía. El cierre del estrecho de Ormuz, arteria por donde circula más del 20% del crudo mundial, se convirtió en la carta más contundente de Teherán. Este bloqueo asfixió lentamente la economía de varias naciones poderosas, incluyendo a los propios Estados Unidos, y demostró que la presencia norteamericana en la región no garantiza seguridad: ni siquiera pudieron proteger sus activos críticos.



La resistencia iraní obligó a las partes a buscar acercamientos mediante los buenos oficios de Pakistán, lo que derivó en un memorando de entendimiento. Previsto inicialmente para firmarse en Zúrich el 19 de junio de 2026, terminó suscribiéndose de manera virtual el 17 de junio desde el Palacio de Versalles en París, reflejando el desespero de Trump por poner fin al conflicto. El acuerdo, con un plazo de 60 días para su implementación, demostró la capacidad de negociación de Irán y su poder de resistencia.


Hoy, el mundo observa cómo Estados Unidos sufrió su peor derrota militar en décadas. La conclusión es inevitable: Irán se convirtió en el nuevo Vietnam de nuestros tiempos.

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