Invías confirma cierre de la vía Santa Marta - Palomino
- Acta Diurna
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La furia de la naturaleza, manifestada en un régimen de lluvias que no da tregua, ha asestado un golpe crítico a la conectividad del norte de Colombia. La estratégica vía que comunica a Santa Marta con Palomino, arteria vital para el turismo y el comercio entre los departamentos de Magdalena y La Guajira, se encuentra hoy interrumpida tras la fractura estructural del puente sobre el río Mendihuaca.
El Instituto Nacional de Vías (Invías) fue el encargado de oficializar la noticia a través de sus canales digitales, advirtiendo que el daño en la infraestructura es de tal magnitud que ha obligado a un cierre total de la calzada. La entidad ha instado a transportadores y viajeros a buscar rutas alternas, aunque en una geografía tan encajonada entre la Sierra Nevada y el mar, las opciones resultan escasas y tortuosas.
Este colapso no es un evento aislado, sino el síntoma de un territorio saturado por el agua. La región Caribe, tradicionalmente castigada por la sequía, hoy sucumbe ante precipitaciones que parecen no tener fin. La fractura en Mendihuaca es el eco de una crisis climática que ya tiene a departamentos vecinos en vilo; en Córdoba, por ejemplo, la gobernación se ha visto obligada a declarar la calamidad pública, con un censo que supera los 13.000 damnificados por inundaciones que han borrado cultivos y hogares del mapa.
Santa Marta, la capital del Magdalena, tampoco ha salido indemne. La ciudad ha visto cómo sus calles se transforman en canales improvisados, afectando desde los barrios periféricos hasta el corazón del mercado público, donde comerciantes intentan rescatar sus mercancías del lodo.
La emergencia vial parece extenderse como una mancha de aceite por el país. Mientras los ingenieros evalúan los daños en el puente Mendihuaca, el Invías también ha encendido las alarmas en el Urabá antioqueño, reportando afectaciones similares en la vía que conecta a Necoclí con Arboletes. Colombia se encuentra, literalmente, bajo el agua, y sus puentes —esos hilos de cemento que cosen la geografía nacional— están empezando a ceder ante el peso de un invierno implacable.



