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¿En qué negocio está…?



Por una rara coincidencia el mismo día que anunciaba su retiro el poderoso banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, a los 91 años y luego de estar trabajando durante 70 de ellos hasta consolidarse como el propietario del Grupo Aval que reúne 4 de los más importantes bancos de Colombia –Bogotá, Occidente, AV Villas y Popular– entre muchos otros negocios financieros, la revista Forbes registraba el ascenso de David Vélez, quien a sus 42 años pasa a ser el hombre más rico del país (desbancando precisamente a Sarmiento Angulo) y es cofundador y CEO de Nubank, un banco digital con sede en Sao Paulo, Brasil, que ofrece tarjetas de crédito, cuentas corrientes y seguros de vida, fundado en 2013, entró a la Bolsa de Valores de Nueva York en diciembre de 2021 y cuenta con 90 millones de clientes en Brasil, México y Colombia.



Es muy curioso entonces que el conglomerado bancario más grande del país, ni tampoco los de Brasil, no haya visto la gran oportunidad de implementar un banco digital y así anticiparse a lo de Vélez. Seguramente el capital del Grupo Aval era inmensamente mayor en el momento que arrancó el antioqueño. ¿No pudieron anticiparse a las necesidades de los usuarios para poder diseñar este nuevo formato…? ¿Tampoco pudieron advertir el vertiginoso crecimiento de las Fintech…? ¿Y en su momento, no pudieron ofrecer comprar el negocio apenas incipiente al señor Vélez…? ¿O montarle una competencia fuerte…?


A veces los empresarios – por muy avezados o experimentados que sean – no saben realmente en qué negocio están.


Un famoso artículo titulado “Miopía en el Marketing” de Theodore Levitt en la prestigiosa Revista de Negocios de Harvard, describía como a mediados del siglo pasado los ferrocarriles tenían un gran auge en los EEUU. Sin embargo, apareció el avión y pensaron los directivos de los ferrocarriles: “Nadie que esté cuerdo se va a montar en un cilindro metálico a 10 mil pies de altura para ir de un lugar a otro”. Pues la gente lo hizo. Ellos pensaban que estaban en el negocio de los ferrocarriles. Se olvidaron que estaban realmente en el negocio del transporte y por eso fueron reemplazados mayormente por los aviones, los camiones, los buses y los carros, entre otros.


Aquí sucedió cuando existían las electrificadoras que suministraban el servicio de luz a la región. Imagínense lo que fue para el incipiente negocio del gas tratar de convencer a nuestras abuelas de que reemplazaran la estufa eléctrica tan segura, por un sistema que, a través de unos tubos interiores en la casa llenos de gas, conectaban con toda la cuadra, con todo el barrio e incluso con todos los demás barrios y que con solo encender un fosforo podría prender fuego durante las 24 horas. Hoy, por lo menos el 95% de las casas poseen gas que alimenta estufas, secadoras y calentadores. ¡¡También los automóviles y hasta las plantas térmicas que producen electricidad…!!


Mientras tanto las electrificadoras de la costa terminaron privatizadas.



¿No se dieron cuenta que su negocio no era el de vender kilovatios sino el de la energía…? ¿No supieron ver las necesidades de sus clientes que incluso se sometieron a un mecanismo aparentemente riesgoso con el fin de obtener más rapidez, eficiencia y economía utilizando el gas…? ¿No pudieron comprar en su momento el incipiente negocio del gas o crear su competencia cuando apenas nacía …?


No es fácil para muchos empresarios saber en qué negocio están, orientarse al mercado, conocer sus necesidades y, entonces, diseñar el producto o servicio que este requiere.


@vherreram

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