El telescopio James Webb: cada vez más cerca del Big Bang
- Acta Diurna

- hace 17 horas
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El telescopio espacial James Webb se ha convertido en nuestra máquina del tiempo más precisa. Gracias a su capacidad para escrutar las profundidades del cosmos, está batiendo récords de distancia que hasta hace poco parecían inalcanzables. Dado que la luz tarda años en viajar por el vacío, observar el universo es, literalmente, mirar hacia el pasado: vemos los objetos tal como eran cuando emitieron su brillo hace eones. Recientemente, un equipo de astrónomos ha confirmado un hito asombroso: la observación de MoM-z14, una galaxia captada tal como existía hace más de 13.500 millones de años.
Estar ante MoM-z14 es situarse apenas a 280 millones de años del Big Bang, el estallido que dio origen a todo. Sin embargo, lo que los científicos han encontrado en ese rincón remoto no es lo que esperaban. Según los modelos teóricos previos a la era del Webb, las galaxias de aquella infancia cósmica deberían ser tenues y pequeñas; MoM-z14, por el contrario, brilla con una intensidad cien veces superior a lo predicho, desafiando nuestra comprensión sobre qué tan rápido pudo organizarse la materia en el inicio de los tiempos.
Un rompecabezas de química y luz
El misterio se profundiza al analizar la "huella digital" química de esta galaxia. Mediante análisis espectrográficos, los investigadores —entre ellos Rohan Naidu, del Instituto Kavli del MIT— detectaron una presencia notable de nitrógeno. Aquí reside la paradoja: el universo nació siendo casi exclusivamente hidrógeno y una pizca de helio. Todos los demás elementos, como el nitrógeno, el carbono o el oxígeno, deben "cocinarse" dentro de los hornos nucleares de las estrellas a lo largo de generaciones.
En términos astronómicos, 280 millones de años es un suspiro. No parece haber tiempo suficiente para que varias generaciones de estrellas nacieran, murieran y enriquecieran el cosmos con nitrógeno. Esto ha llevado a los científicos a plantear una hipótesis fascinante: quizás las primeras estrellas no eran como las actuales. Es posible que las condiciones extremas del universo primitivo permitieran el nacimiento de astros hipermasivos, auténticos gigantes hoy inexistentes, capaces de procesar elementos químicos a una velocidad vertiginosa.
Disipando la niebla del origen
Además de su extraña composición, MoM-z14 muestra una madurez sorprendente en su entorno. En aquella época temprana, el universo estaba envuelto en una densa "niebla" primigenia de hidrógeno. Sin embargo, esta galaxia ya había logrado despejar gran parte de ese gas a su alrededor, una señal de que su actividad energética era lo suficientemente potente como para transformar el espacio circundante.
Este descubrimiento es fruto de una ambiciosa alianza internacional entre la NASA, la ESA (Europa) y la CSA (Canadá). Con cada nuevo dato que el James Webb envía a la Tierra, la historia de nuestros orígenes se reescribe. MoM-z14 no es solo un punto de luz lejano; es una invitación a cuestionar todo lo que creíamos saber sobre cómo el caos del Big Bang se convirtió en el universo estructurado que habitamos hoy.







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