¿Dónde están los periodistas?



Mediante un polémico contrato RTVC (entidad del gobierno que se encarga del sistema de medios públicos de radio y tv) acaba de ´graduar´ de ´periodista´ –para presentar y conducir una serie periódica de programas de entrevistas a personalidades el próximo año en la televisión nacional– al propio presidente de la república, Iván Duque, quien ha tenido en este año, y a propósito de la pandemia, un buen entrenamiento presentando una especie de noticiero o magazín gubernamental diario en el horario Prime Time de las principales cadenas de televisión nacional, privadas y públicas.


Allí, en “Prevención y Acción”, el mandatario ha tenido la oportunidad de ensayar sus cualidades como presentador, conductor, entrevistador de ministros, funcionarios y otras personalidades y, además, originando desde diversos lugares del país. Es mucho más de lo que han venido haciendo hace años –como pioneros en ese campo– los presidentes Chávez y Maduro de Venezuela en su famoso ´Aló? Presidente´.


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De otra parte, ya hace algo más de un mes el Canal RCN había también ´graduado´ de ´periodista´ –presentador de la sección deportiva ´Sin filtro´ de su noticiero nacional– al conocido y controvertido exfutbolista Faustino ´Tino´ Asprilla.


Al margen de si lo hacen bien o mal o si corresponde a sus esferas, la esencia de la discusión es si cualquiera puede ejercer realmente el oficio de periodista (con todo lo que eso entraña) como hemos venido observando en diversos escenarios de los medios con reinas de belleza, modelos, actores o actrices de Tv, académicos, políticos, candidatos, exfuncionarios, profesionales de diversas ramas, etc.


Por ejemplo, desde hace algunos años vemos en los foros nacionales y regionales de cualquier índole como se han venido desplazando a periodistas en la moderación de los paneles de invitados especiales, las entrevistas a los personajes y hasta en la presentación de los eventos, para dar cabida a directores de gremios económicos, especialistas de diversas profesiones, docentes universitarios y hasta políticos y congresistas en ejercicio.


Debemos ser claros: todos los ciudadanos tienen el derecho fundamental y constitucional de ejercer su libertad de expresión e incluso fundar medios masivos de comunicación (Art. 20 CN). Otra cosa es desempeñar la responsabilidad que compromete la delicada labor de periodista.


También es cierto que la credibilidad –principal patrimonio de los verdaderos periodistas– se ha venido mermando por la trampa en que muchos han caído al entrar en el vertiginoso mundo de las redes sociales –en donde prima la especulación, la inmediatez, el entretenimiento y el espectáculo por encima de la exigencia, la investigación, la calidad y la responsabilidad– para competir con blogueros, twitteros, influenciadores, youtubers, etc. Otros simplemente se han convertido en muñecos de ventrílocuo de poderosos intereses particulares. En el mejor de los casos, parte de las nuevas generaciones de periodistas, incluso profesionales universitarios, terminan siendo comunicadores corporativos, realizadores de contenidos o anónimos “trabajadores de los medios” (media worker) como les llama el maestro Kapuscinski


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De tal suerte que a lo que en los sistemas democráticos tradicionalmente se le denominó el “Cuatro Poder”, al que los ciudadanos recurrían contra los abusos de los otros tres poderos (ejecutivo, legislativo y judicial), ahora hay que sumarle el de los propios medios y las redes sociales que han venido siendo acaparados por poderosos grupos económicos, financieros y multinacionales para manipular la opinión pública en un mundo cada vez más virtual.


Con razón el prestigioso editor Ignacio Ramonet hace rato viene hablando de la necesidad de conformar un “Quinto poder” como espacio para los verdaderos Periodistas, mucho más cerca del ciudadano.


@vherreram