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Café amargo entre Paloma Valencia y Sergio Fajardo



En un último intento por sacudir el tablero político a pocos días de las elecciones presidenciales de 2026, la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, y el aspirante de centro, Sergio Fajardo, se citaron a las 8:00 de la mañana de este sábado en la mítica cafetería del Hotel El Prado de Barranquilla. Lo que inicialmente se planteó en redes sociales como una invitación abierta a "pensar en el país" y "construir unidad" se tradujo rápidamente en una confirmación de la profunda e insalvable brecha ideológica que separa sus proyectos políticos.


La reunión, que captó de inmediato la atención de la opinión pública tras los recientes resultados de las encuestas nacionales, concluyó sin humo blanco. A la salida del encuentro, la propia Paloma Valencia atendió a los medios de comunicación y admitió con serenidad que las posturas compartidas eran fundamentalmente incompatibles: “Tenemos ideas muy diferentes, pero esta es una historia que continuará”, aseguró la líder de la derecha tradicional, dejando entrever que mantendrá sus esfuerzos por consolidar alianzas en la recta final antes del 31 de mayo.



La tensión se hizo evidente no solo en los discursos posteriores, sino en el trasfondo de las deliberaciones. Fuentes cercanas a las campañas confirmaron que uno de los puntos de mayor fricción provino de la agenda inmediata de Valencia, quien la noche anterior lideró un masivo evento de cierre en la capital del Atlántico acompañado de banderas de su colectividad.


El reclamo por las alianzas y la radicalización


Sergio Fajardo, fiel a su discurso de rechazo a la política tradicional y a la polarización, no tardó en reprocharle a Valencia la naturaleza de sus recientes apoyos públicos y el avance de figuras radicales en el espectro de la derecha colombiana, mencionando de forma implícita el vertiginoso ascenso de Abelardo de la Espriella y el histórico liderazgo del expresidente Álvaro Uribe Vélez.


Fajardo fue tajante al cuestionar el pragmatismo electoral de Valencia, señalando que la coherencia ideológica imposibilita cualquier convergencia formal: “Ayer tú estabas cerrando la campaña en Barranquilla en una tarima con unas personas con las que yo jamás me pararía en un lugar”, enfatizó el candidato de centro durante el intercambio, dinamitando de entrada cualquier posibilidad de un pacto de adhesión o de coalición programática entre el centro y la derecha establecida.



Presión en las encuestas y un panorama polarizado


El trasfondo de este inédito "café fallido" responde a la fuerte presión que registran las últimas mediciones electorales (como la encuesta de la firma Invamer), las cuales evidencian un complejo panorama de dispersión del voto y un notable repunte de sectores de la derecha alternativa e independiente. Ante este escenario, la búsqueda de los votos del centro político se había convertido para el Centro Democrático en una estrategia de supervivencia numérica, aunque la resistencia doctrinaria de Fajardo terminó por imponerse como el obstáculo definitivo.


Por su parte, los sectores de izquierda y las coaliciones alternativas mantuvieron su propia agenda de cara al cierre de campañas en Bogotá. Mientras en Barranquilla se escenificaba el desencuentro de la moderación y la derecha, en la capital el senador Iván Cepeda arremetía duramente en su discurso de plaza pública contra el uribismo, tildando su propuesta de "fascista" y ahondando aún más la marcada polarización de la contienda.



Futuro incierto


Pese al fracaso del diálogo, Paloma Valencia insistió en mantener abiertas las líneas de comunicación con sectores moderados, argumentando que la prioridad debe ser la estabilidad institucional de la nación frente a las propuestas de continuidad oficialista o giros radicales.


Sin embargo, tras la jornada de hoy en el Hotel El Prado, el centro político ratifica su intención de acudir a las urnas con una propuesta independiente, distanciada por igual de los herederos del uribismo tradicional y de las fuerzas extremas. El escenario electoral queda más fragmentado que nunca a una semana de abrirse las urnas.

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