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Más de un millón de colombianos se exiliaron huyendo de la guerra



Más de un millón de colombianos abandonaron el país y se exiliaron en otras naciones como respuesta a las amenazas, los desplazamientos forzados o los asesinatos de sus familiares. A esa conclusión llegó la Comisión de la Verdad tras escuchar a 2.080 personas que ahora viven en 23 países como consecuencia del conflicto armado.


Con su capítulo “La Colombia fuera de Colombia”, la entidad describe la inoperancia del Estado para ayudar los connacionales que tuvieron que huir y la falta de condiciones para que regresen.



“Una cosa es clara: ninguna de las personas entrevistadas por la Comisión en otros países huyó porque quiso. El exilio fue casi siempre el último recurso después de otros hechos sucesivos de violencia sufridos, como desplazamientos forzados internos, amenazas, pérdida de seres queridos o atentados contra la vida”, aseveró la Comisión.


La cifra del millón de exiliados está respaldada por estimaciones de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Acnur, y define un período de tiempo entre 1982 y 2020. Durante esos 38 años, la cantidad de personas que se refugió en otras naciones tuvo picos que coincidieron con las épocas más álgidas y violentas del conflicto armado.


Otro dato relevante es que, según las conclusiones del Informe Final, unos 516.000 colombianos retornaron al país junto con el éxodo venezolano de los últimos años.


Ese medio millón de habitantes –según dijo la Comisión– “incluye una parte de víctimas del conflicto armado interno colombiano”. Sin embargo, no hay cómo verificar “cuántas de ellas se vieron obligadas a huir a Venezuela para proteger sus vidas y las de sus familias, grupos o comunidades como consecuencia del conflicto armado interno, y cuántas lo hicieron por razones económicas”, se lee en el Informe.


Este capítulo, de 428 páginas, es el sexto en conocerse del gran Informe Final que preparó la Comisión durante casi 4 años de trabajo y estuvo a cargo del comisionado Carlos Berinstain, el único ciudadano extranjero (de España) que hizo parte del pleno de los comisionados.


El tema de los exiliados por el conflicto había sido poco abordado por el Estado y la academia. De hecho, esta es la primera Comisión de la Verdad en el mundo en dedicarle un basto volumen a detallar por qué se fueron, cómo ocurrió y qué consecuencias tuvo eso para el desarrollo del país y de esos connacionales.



Fruto de ese desconocimiento del problema, el Registro Único de Víctimas no reconoce como víctimas a quienes se fueron por culpa del conflicto. “Tampoco se reconocen las afectaciones diferenciales que conllevan rupturas, pérdidas económicas y de vínculos, pérdida de ciudadanía y el desarraigo que supone cruzar de forma forzada las fronteras para buscar protección internacional, ni los fenómenos de segregación, marginalidad, aculturación y discriminación que viven los exiliados”, describió la entidad.


Fruto de las entrevistas de la Comisión, también fue evidente que la mayoría de exiliados huyó del país por dos motivos principales: ser líderes sociales o políticos o familiares de ellos, o ser víctimas de extorsiones por parte de grupos paramilitares y guerrilleros.


Algunos testimonios


Dentro de las voces, primó el desespero por ser declarados como refugiados en otros países. Los colombianos describieron el dolor de llegar a otras naciones sin si quiera saber cómo surtir esos procesos. “Las personas manifestaron a la Comisión haber tenido sentimientos de desorientación, miedo, estrés e impotencia ante las dificultades para conocer y/o solicitar información cuando salieron del país, muchas veces en un idioma y una cultura distintas”, detalla el Informe.


Así lo describe un exiliado: “yo tenía un negocio en Cali –porque a mí me echaron de la empresa por mi actividad sindical, y yo con esa plata monté un negocio–. En el año 94, 95, estaba otra vez metido en la situación popular, y le dije a mi esposa que me quería ir otra vez. Le dije: ‘Mirá esta situación, están mate y mate líderes y líderes’. Yo ya tenía todo: tenía toda mi documentación de lo que me había pasado, las pruebas, y le dije: ‘¡Vámonos!’. Pero en esa época, a pesar de que era un líder, no sabía cómo eran las circunstancias para pedir asilo político. Yo tenía en mente que asilo político les daban era a los presidentes, a senadores o toda esa cuestión, pero ignoraba que a un líder le daban asilo político”.


El documento también muestra la exclusión sistemática a los líderes que defendían la educación, los activistas por los derechos de las mujeres y los sindicalistas, entre otros.


Sin duda, los jueces y magistrados que investigaron el poder también se vieron afectados.



Este es el testimonio de un juez de instrucción penal militar en 2007 en Urabá, quien denunció la estigmatización contra ellos: “A lo largo de los años me fui empapando de la realidad [...]. Pude evidenciar la connivencia entre miembros de la fuerza pública y paramilitares para presentar a personas como muertos en combate. Evidentemente, no fue fácil, yo vivía en esa misma brigada y de hecho recuerdo que uno de los oficiales investigados vivía en frente de la cabaña en que yo vivía, y yo siempre dormía con un temor enorme. [...] Había mucha inquietud porque con la diligencia de indagatoria que yo les hacía a los soldados, ellos iban y le contaban al comandante de la brigada, entonces se tenía la estigmatización de que el juez estaba en contra de la fuerza pública. Yo estaba cumpliendo mi deber tratando de esclarecer qué era lo que pasaba. Incluso los oficiales que antes me hablaban ya no me hablaban. Esa solidaridad que yo recibí al comienzo se fue perdiendo con el tiempo, porque comencé a hacer mi trabajo y eso no gustó. Nunca me imaginé que eso me fuera a pasar, y mucho menos que tuviera que salir exiliado por ese tipo de cosas jamás pensé salir del país, y menos de esa manera. [...] Es decir, es muy complicado, muy difícil, porque me metí con el mando, con el poder, con el Estado”, concluyó la víctima. COLPRENSA

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