El peligroso retorno de Vicky Dávila al periodismo
- Acta Diurna

- 14 abr.
- 2 Min. de lectura
Por: Juan C. Pérez Polo

El periodismo, en su concepción más pura, debe ser el contrapoder por excelencia. Su función es fiscalizar a quienes ostentan el mando, sin importar el color de sus banderas. Sin embargo, lo ocurrido con Vicky Dávila y su reciente regreso a la Revista Semana, tras su fracasada aventura electoral hacia la presidencia, marca un precedente nefasto para la salud democrática de Colombia y para la integridad de un oficio que ya arrastra una profunda crisis de credibilidad precisamente porque en vez de periodistas de verdad se ha llenado activistas.
El regreso de Dávila a la silla editorial no es simplemente el retorno de una periodista a su casa; es la institucionalización de la "puerta giratoria" entre el activismo político y la información. Cuando una figura pública decide abandonar las redacciones para pedir votos, está cruzando un Rubicón ético. Al hacerlo, admite que sus preguntas ya no buscan la verdad, sino el poder. ¿Cómo puede alguien que hace apenas semanas buscaba el favor del electorado pretender ahora vestir de nuevo el ropaje de la imparcialidad?
El peligro de este vaivén es múltiple. La independencia de un medio se basa en la distancia crítica. Una periodista que fue candidata ya no informa, sino que hace campaña desde el medio. Cada titular contra sus antiguos rivales o a favor de sus exaliados estará irremediablemente contaminado por su agenda personal.
Si se permite que los periodistas usen sus espacios para construir plataformas electorales y luego regresen a ellos cuando fracasan, el oficio se convierte en un simple mecanismo de relaciones públicas y marketing político. Simplemente se pervierte, se corrompe.
Casos como el chat filtrado con Paloma Valencia demuestran que las fronteras entre la labor informativa y la estrategia partidista se han borrado. Cuando la "primicia" es pactada en círculos de poder, el ciudadano deja de ser el cliente del medio para convertirse en el objetivo de una manipulación.
Y es ahí donde Dávila se vuelve ahora más peligrosa de lo que ya era. No se puede ser juez y parte, ni se puede ser candidato hoy y "perro guardián" de la democracia mañana. El regreso de Vicky al periodismo es una bofetada a quienes creen en la ética profesional de esta profesión. Representa el triunfo del espectáculo sobre la sustancia y deja una pregunta inquietante en el aire: ¿estamos leyendo noticias o simplemente los resentimientos de una campaña que no pudo ser?
La independencia no es un traje que se quita y se pone según la conveniencia del calendario electoral; es una convicción que, una vez empeñada, difícilmente se recupera.



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