¿Crecimiento o Equidad? el falso dilema que asfixia la economía
- Acta Diurna

- 28 jul
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Durante décadas, la discusión de política pública en Colombia ha estado atrapada en una falsa disyuntiva ideológica: elegir entre impulsar el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) o concentrar los esfuerzos estatales en la redistribución social para combatir la desigualdad. Sin embargo, la evidencia empírica acumulada en el último cuarto de siglo muestra una realidad contundente: en Colombia, crecimiento económico y equidad no son metas contrapuestas, sino profundamente codependientes. Ningún programa de transferencias ni reforma tributaria logrará reducir la pobreza de forma duradera si el país no transforma su infraestructura productiva para crear empleos asalariados formalizados y de alta productividad. Así lo plantea un informe de la Universidad de los Andes y Fedesarrollo.
Crecimiento y equidad como caras de la misma moneda
A diferencia de las economías desarrolladas —donde el crecimiento acelerado por la tecnología puede llegar a concentrar los ingresos en capas reducidas altamente calificadas—, en economías de ingresos medios como la colombiana, las manifestaciones más dolorosas de la desigualdad derivan de la incapacidad del sistema para vincular a la mayoría de los ciudadanos a actividades productivas de alto valor agregado.
En Colombia, la desigualdad y la pobreza aumentan o se estancan drásticamente cuando la economía se desacelera. Tras más de una década de avances notables en la reducción de la pobreza entre 2000 y 2014, el proceso se ralentizó casi en seco al frenarse la expansión del PIB per cápita.
Esta codependencia responde a una restricción fiscal y productiva de fondo:
Límite del recaudo tributario: El Estado colombiano no cuenta con el margen fiscal de los países ricos para compensar mediante gasto social masivo las deficiencias en los ingresos que las personas generan en el mercado.
Generación primaria de ingresos: La equidad real y sostenible se construye en el lugar donde la gente trabaja y produce. Si la estructura laboral genera remuneraciones miserables debido a la baja productividad, las transferencias estatales actúan apenas como un paliativo de subsistencia, pero no como un motor de movilidad social.
Una fractura social en el mercado laboral
El análisis del mercado de trabajo colombiano, segmentado por cuartiles de ingreso (con base en la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE), revela la abismal grieta productiva que divide a la sociedad:

Cifras clave del desequilibrio:
La barrera del Salario Mínimo: En Colombia, el 49% de la fuerza laboral devenga menos de un Salario Mínimo Legal Vigente (SMMLV), y un 29% ni siquiera alcanza a percibir la mitad de este monto. Esto demuestra que el piso regulatorio no es un mínimo efectivo, sino una barrera inaccesible para la mitad de los trabajadores.
Anomalía del autoempleo masivo: El 44% de los ocupados en Colombia son trabajadores por cuenta propia (unipersonales). Esta cifra es drásticamente superior al promedio de América Latina (29%) y cuadruplica la proporción observada en economías de altos ingresos (10%).
Escasez de empresas medianas y grandes: Mientras que en países avanzados más de las dos terceras partes del empleo privado se concentran en empresas de más de 10 empleados, en Colombia solo una tercera parte de los trabajadores accede a empresas de este tamaño.
La producción se organiza en mini unidades de baja productividad
La prevalencia del "enanismo empresarial" en Colombia no es un accidente de la suerte; se explica por cuatro descalibres regulatorios e institucionales que desincentivan la inversión, el crecimiento y la contratación formal:
Costos extrasalariales desmedidos
Colombia encabeza la lista de América Latina con los costos extrasalariales más elevados para el trabajo formal. Para un trabajador que devenga el salario mínimo, las cargas adicionales (primas, cesantías, intereses, pensiones, salud, riesgos laborales y aportes parafiscales) representan cerca del 60% del salario base.
Comparativa regional: En Chile estos costos representan el 28%, en Brasil el 49%, en México el 36% y en Estados Unidos el 19%.
Efecto adverso: Aunque la regulación busca proteger derechos, en la práctica actúa como un peaje de entrada inalcanzable para negocios con baja productividad esperada, impulsándolos a la informalidad.
Asfixia tributaria y la "Trampa de crecimiento"
Colombia posee la tasa nominal de impuesto corporativo de renta más alta de la región, fijada en el 35%. Para compensar esta pesada carga, los gobiernos han creado regímenes tributarios simplificados e incentivos especiales para microempresas. El resultado es una trampa perversa: muchas pequeñas empresas prefieren mantenerse artificialmente pequeñas para no perder los beneficios fiscales ni saltar a un régimen impositivo draconiano que asfixiaría su margen operativo.
Deficiencias en capital humano y educación
A pesar de la expansión en la cobertura educativa, existen brechas críticas en la calidad y en el desarrollo de competencias fundamentales (lectura crítica, razonamiento matemático y aprendizaje adaptativo), reflejadas en pruebas internacionales como PISA. Sin estas habilidades transversales básicas, la mano de obra no puede insertarse en procesos productivos sofisticados de alto rendimiento.
La "Mítica del emprendimiento" vs. la subsistencia informal
La profesora Marcela Eslava (coadutoa del informe), enfatiza que la sociedad no se debe dejar llevar por la "grandilocuencia de la palabra emprendedor". El masivo 44% de autoempleo en el país no corresponde a un ejército de creadores de tecnología o innovación, sino a personas forzadas al emprendimiento de subsistencia por falta de alternativas de empleo asalariado formal.
Innovación fragmentada y fallas en la competencia
El impulso a la productividad requiere la adopción de nuevas tecnologías y la consolidación de procesos eficientes. No obstante, Colombia padece dos cuellos de botella adicionales en este ecosistema:
Gasto bajo y atomizado en CTI: Colombia invierte apenas el 0.3% de su PIB en actividades de ciencia, tecnología e innovación (frente al 0.6% promedio en América Latina, 2.1% en la Unión Europea y 3.4% en Estados Unidos). Para empeorar las cosas, este modesto presupuesto se diluye en decenas de programas desarticulados a cargo de múltiples agencias con funciones duplicadas.
Defensa débil de la competencia: La falta de efectividad en la política antimonopolio permite la concentración del poder económico. Esto desacelera la innovación, pues las empresas dominantes no enfrentan el estímulo de la competencia para hacerse más productivas, mientras que las pymes emergentes encuentran barreras de entrada imposibles de superar.
Seis ejes de transformación
Para romper el círculo vicioso de bajo crecimiento y alta desigualdad, las autoras del informe plantean una agenda de reformas integrales y articuladas:
Sincronización Regulatoria: Armonizar las normativas laboral, tributaria y de seguridad social para eliminar las distorsiones que castigan el escalamiento empresarial y el empleo formal.
Educación orientada a la empleabilidad: Priorizar el aprendizaje de competencias básicas transversales desde la primera infancia y fortalecer esquemas de reentrenamiento laboral continuo articulados con las demandas reales del sector productivo.
Consolidación de la política de innovación: Unificar el gasto público en dos o tres instrumentos robustos, evaluados rigurosamente, que transfieran tecnología directamente a las empresas pequeñas y medianas con potencial de crecimiento.
Defensa de la libre competencia: Fortalecer la institucionalidad antimonopolio para evitar la captura de rentas por grupos de poder y garantizar mercados abiertos e innovadores.
Protección social inteligente: Diseñar mecanismos de transferencia social que protejan a los más vulnerables sin crear desincentivos o penalizaciones para su vinculación formal asalariada.
Liderazgo institucional renovado: Otorgar mayor capacidad técnica y política a entidades transversales como el Departamento Nacional de Planeación (DNP) para garantizar coherencia en la ejecución de la política pública productiva.
El reto económico de Colombia en los próximos años no consiste en elegir entre aumentar impuestos para repartir o desregular los mercados a costa del bienestar social. El verdadero desafío reside en transformar la organización de la producción nacional, permitiendo que las pequeñas unidades se conviertan en medianas y grandes empresas prósperas capaces de generar empleos de calidad. Solo creando un entorno donde la productividad, la innovación y la formalidad sean rentables y viables, Colombia logrará saldar su deuda histórica de equidad y avanzar hacia la prosperidad compartida.



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