Conflicto en Ucrania altera el comportamiento de la fauna en Chernóbil
- Acta Diurna

- 11 jul
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Los conflictos armados dejan cicatrices profundas e inmediatas en las sociedades humanas, pero sus ondas de choque también sacuden de forma invisible a la naturaleza. Un reciente estudio internacional publicado en la prestigiosa revista Science ha revelado que la invasión y ocupación militar rusa de la Zona de Exclusión de Chernóbil (CEZ), ocurrida entre febrero y abril de 2022, modificó de forma drástica y casi inmediata las pautas de comportamiento de los mamíferos que habitan este emblemático ecosistema.
Hasta antes de la invasión, Chernóbil operaba como un vasto laboratorio natural de 2.600 kilómetros cuadrados. Tras el accidente nuclear de 1986 y la consecuente evacuación humana, el área se había convertido en un santuario biológico donde la fauna prosperaba gracias a un proceso de passive rewilding (restauración natural pasiva). Sin embargo, el estallido de la guerra sustituyó la calma por una intensa presión humana caracterizada por bombardeos, fuego de artillería, incendios forestales y el incesante movimiento de tropas.
Un experimento inesperado bajo las bombas
Investigar los impactos ambientales en tiempo real dentro de una zona de guerra activa es una tarea casi imposible debido al peligro extremo y las restricciones de acceso. No obstante, el equipo científico internacional logró sortear estos obstáculos aprovechando una red preexistente de cámaras trampa que ya vigilaban la zona antes del conflicto.
«Al estar ya instaladas las cámaras trampa cuando ocurrió la invasión, usamos esta oportunidad única de un experimento no planeado», explica Nuria Selva, investigadora de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y coautora del estudio. La recuperación de los dispositivos meses después, en noviembre de 2022, requirió la asistencia del ejército ucraniano debido a que el terreno se encontraba fuertemente minado. A pesar del peligro radiológico inherente a Chernóbil y los riesgos bélicos, el equipo logró rescatar la mayor parte del material audiovisual, aunque ocho cámaras permanecen aún perdidas en la zona.
Alteraciones conductuales: el día sustituye a la noche
Al comparar los registros captados antes, durante y después de la ocupación militar con los datos del mismo periodo en 2021, los científicos observaron una respuesta inmediata en la vida silvestre. En términos generales, la fauna redujo drásticamente su actividad durante la noche y en las jornadas donde los combates fueron más cruentos.
Esta reacción sorprendió a los propios investigadores, quienes inicialmente hipotetizaban que los animales incrementarían sus hábitos nocturnos para esquivar a los soldados o que se alejarían de los asentamientos humanos. En lugar de eso, la respuesta varió marcadamente según la especie:
Zorros rojos (Vulpes vulpes): Mostraron una reducción drástica de su actividad nocturna en comparación con los patrones habituales registrados en 2021.
Ciervos rojos (Cervus elaphus): Pasaron a ser sumamente activos durante el día. Los expertos señalan que estos herbívoros optaron por desplazarse por los paisajes abiertos del centro de la CEZ —zonas más alteradas por el tránsito militar— en lugar de refugiarse en la cobertura forestal. Sin embargo, durante las noches marcadas por anomalías térmicas (incendios provocados por artillería o bombardeos detectados satelitalmente), su actividad nocturna se disparó, sugiriendo huidas de emergencia provocadas por el pánico.
Liebre europea (Lepus europaeus): Optó por una estrategia de inmovilización absoluta o freeze response. En contraste con el año previo, sus movimientos nocturnos disminuyeron notablemente con el fin de pasar desapercibida ante el estruendo de la guerra.
Por otro lado, especies amenazadas como el caballo de Przewalski, reintroducido a finales de los noventa, no reflejaron cambios conductuales anómalos significativos en las grabaciones. No obstante, los científicos advierten que esto podría deberse a la baja densidad de registros de esta especie y aclaran que su supervivencia está en grave riesgo: ya se han reportado al menos tres muertes confirmadas de estos caballos debido a la detonación de minas antipersona.
El fin del santuario y la urgencia de la "ecología de la guerra"
Svitlana Kudrenko, investigadora de la Frankfurt Zoological Society y líder del estudio, advierte que las alteraciones observadas durante la ocupación de 2022 son solo el inicio. Hoy en día, la Zona de Exclusión —tanto en su franja ucraniana como bielorrusa— se ha convertido en un entorno rígidamente militarizado. «Es necesario investigar cómo las poblaciones de mamíferos están afrontando este aumento de la presencia militar», apunta Kudrenko.
El estudio subraya la enorme falta de conocimiento que existe sobre el impacto de la guerra en la biodiversidad global y expone la desprotección institucional que sufren los científicos que asumen riesgos para estudiarla. Kudrenko, por ejemplo, no obtuvo financiación tras solicitar una beca europea SAFE destinada a investigadores en situaciones de riesgo para continuar con esta línea de trabajo.
A pesar de los vacíos de información —el equipo no pudo desglosar el efecto individual de cada perturbación debido a la complejidad del terreno—, este trabajo establece un precedente metodológico clave. Al combinar los datos de cámaras trampa con la teledetección satelital y encuestas realizadas a los 25 trabajadores de la Reserva que sobrevivieron a la invasión, la investigación demuestra que las nuevas tecnologías permiten auditar el coste ecológico de una guerra en tiempo real, un paso fundamental para la conservación en un orden geopolítico cada vez más inestable.



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